El 1-1 con que terminó el primer tiempo entre Universidad de Chile y Cobresal era sencillamente inexplicable.
Mejor dicho, sólo podía explicarse por la tremenda “chambonada” de José Contreras, que displicentemente jugó una pelota contra su propio arco, sin percatarse que venía atropellando Jean Paul Pineda, que aprovechó el regalo y puso en el tablero marcador una paridad que no guardaba relación alguna con la tremenda superioridad exhibida desde el comienzo por Universidad de Chile.
Y no es que la “U” haya hecho un gran partido en Coquimbo, sino simplemente que se encontró con un rival que – consciente de sus limitaciones- le entregó todo el terreno y el control de la pelota, basando todo su accionar en una pobladísima defensa que buscaba como único objetivo mantener el 0-0.
Hasta cerca de la media hora, la fórmula le daba resultado, porque a la “U” le costaba llegar hasta el arco de Rogel y sólo podía acercarse con algún remate de distancia o un par de tiros libres de Montillo y Estrada que encontraron bien ubicado al arquero minero.
Pero, esa resistencia no podía ser eterna y a los 27´ una pelota que metió Montillo al área encontró la sorpresiva aparición en ataque de Victorino, y el uruguayo, a pesar de no saltar bien, empalmó de cabeza y abrió la cuenta.
Era la llave que permitía abrir el cerrojo y así quedó de manifiesto cuando un doble remate de Montillo y Gabriel Vargas estremecieron el travesaño, en lo que perfectamente pudo ser el 2-0.
Sin embargo, cuando ya se iba el primer tiempo, llegó el mencionado error de Contreras y el empate que ni siquiera los propios jugadores de Cobresal se lo podían creer.
DE ALTO, ES TEMIBLE
En todo caso, hay que reconocer que más allá de la molestia propia por un resultado a todas luces injusto, la “U” no se inmutó para nada y salió a jugar el segundo tiempo con el convencimiento que, apurando un poquito, el partido debía resolverse sin mayores problemas.
Y así fue, por la vía de una fórmula ya conocida y que no ha variado con la incorporación del uruguayo Fernández, que busca generalmente jugar por abajo para asociarse con Montillo.
Es que la “U” sabe que cuando le cuesta entrar tocando, el problema se soluciona levantando centros, porque siempre habrá alguien que llegue al cabezazo.
Y ese alguien, habitualmente se llama Juan Manuel Olivera, que a los 51´conectó un centro de Montillo y a los 64´hizo lo propio ante una pelota que levantó Contreras.
Entre ambos goles, reivindicando también el juego a ras de piso, Montillo culminó con su calidad habitual una maniobra que había iniciado Gabriel Vargas.
Y el otro Vargas, Sergio, el loíno, completó la goleada en el último minuto, con una jugada individual notable, dejando de manifiesto que la “U” se trajó del norte a un gran proyecto de crack.
ASÍ SE HACE
Que Cobresal fue poco rival, que el 5-1 tal vez fue exagerado y todo lo que quieran, pero así es como debe jugar un equipo que pretende ganar un campeonato corto y sin play – off: pasándole por encima a sus adversarios desde un comienzo.
Porque en este Apertura no hay espacio para las distracciones y menos para las excusas: que no tenemos estadio, que aún no llegan los pases de algunos jugadores, que el técnico se equivoca al dejar partir a su mejor arquero y poner como titular a un tipo que regala un par de goles por partido, que la cancha era chica y mala, etc, etc.
Todo eso que dijeron en la vereda del “archirrival” tras hacer el loco en San Felipe, seguramente sirvió de lección a Universidad de Chile.
Que puso a su mejor gente, que ante la ausencia de Miguel Pinto optó por un arquero que también es de primera línea, que incorporó a Fernández para que Montillo tenga compañía y que arriba sigue teniendo ese tremendo referente que es el “Palote” Olivera.
Por eso, ganó, goleó, gustó…y de paso sacó la cara por los favoritos al título.




















