El ex ministro chileno de Relaciones Exteriores en el gobierno de Ricardo Lagos, Ignacio Walker, se convirtió este fin de semana en el nuevo presidente del Partido Demócrata Cristiano de su país, al triunfar en las elecciones internas de la agrupación…y es por lejos lo mejor que le podría haber pasado a la DC
Esto, porque de haber ganado su principal contendiente, el también ex canciller chileno durante la gestión de Bachelet, Mariano Fernández, la democracia cristiana hubiera continuado con su viaje sin retorno hacia el despeñadero.
Justamente por la existencia de militantes como Fernández es que se llegó a lo impresentable de un pacto con el Partido Comunista, hecho que a muchos de los demócratas cristianos de mente y espíritu les resultó inaceptable y, con el dolor de su corazón partieron en busca de nuevos aleros políticos, que no traicionaran su esencia y su verdadera ideología..
Ambos candidatos tenían una plataforma de trabajo que apunta a recuperar la fuerza del partido, que a lo largo de los últimos 20 años ha perdido un millón de votos y actualmente ronda el 15 por ciento del respaldo popular.
Pero, solamente Walker está en condiciones de hacerlo. Entre otras cosas, porque si bien él es hombre de la Concertación, representa los paños fríos que hacen posible que la Concertación no se transforme en una versión 2 de la Unidad Popular.
Aparte, con Walker en la testera, la DC puede optar a tener en el futuro un candidato a presidente salido de las esferas de su partido y no otro postulante de la izquierda o ultraizquierda. Partiendo por la impresentable alternativa de volver a dejar este país en las manos inoperantes de Michelle Bachelet, a quien Mariano Fernández poco menos que ha querido proponerla para santuario nacional.
Eso fue en definitiva lo que decidió las elecciones con un amplio margen a favor de Ignacio Walker.
La cuestión de las identidades y de cómo la DC se estaba "desperfilando" al interior de la Concertación; la percepción de que la DC estaría quedando cada vez más "sola" al interior de la misma, enfrentada al bloque PS-PPD-PRSD, cada vez más hegemónico4; la constatación de que la elección consecutiva de dos Presidentes socialistas contribuye a desplazar y marginar aún más a la DC; la falta de alternativas para un partido como la DC, en el contexto de un sistema binominal que fuerza a dos grandes coaliciones.
Ese, es en definitiva, el desafío que tiene Ignacio Walker de aquí en adelante.
Volver a posicionar al Partido Demócrata Cristiano como líder de la Concertación
Volver a reencantar a los demócratas cristianos que se han sentido humillados por sus socios que sólo tiran hacia la izquierda y en cada oportunidad le muestran los dientes a quienes no están de acuerdo con Fidel Castro, Hugo Chávez o todos aquellos pseudo líderes del progresismo y que no son otra cosa que disfrazadas dictaduras de izquierda
Es este nuevo escenario, en la era de la Concertación el que plantea nuevos desafíos y obstáculos para un partido como el demócrata cristiano. Por un lado, el fin de la Guerra Fría y el advenimiento de la globalización, junto con hacerle perder esa suerte de dramatismo que caracterizaba a la política chilena y mundial en el período de la postguerra, acaba con la "amenaza comunista" y consolida en la izquierda un nuevo socialismo democrático, típicamente representativo de la nueva izquierda chilena. Por otro lado, le plantea a la DC una seria competencia en ese mismo espacio que ha ocupado históricamente con alguna comodidad, en el sentido que, la existencia de una derecha representativa del liberalismo y, por otro, de una izquierda marxista, dejaba todo un campo disponible para un partido como la DC. Eso ha cambiado radicalmente, lo que impone a este partido un desafío que es ineludible: cómo, a partir de su propia identidad, hacerse cargo de los nuevos desafíos de la globalización y la post-Guerra Fría, con una izquierda más "socialdemócrata" que le disputa el terreno de la centro-izquierda y del propio centro, y una derecha en busca de una nueva legitimidad que intenta acercarse al espacio del centro político, donde se fue insertando precisamente por la decadencia de la Democracia Cristiana.

















