Seguro ¡hic!, que ¡hic!, has tenido hipo ¡hic!, más de una vez en tu vida. Estás más que acostumbrado a estas contracciones involuntarias y sincrónicas del diafragma y los músculos intercostales. Es incómodo, a veces brusco y la mayoría del tiempo aparece de forma inesperada.

Estos espasmos provocan una repentina inspiración de aire, que va seguida del cierre de la glotis, que es la abertura entre las cuerdas vocales que se encarga de detener el flujo de aire a los pulmones, motivo por el cual el hipo suele ir acompañado de un sonido muy característico y peculiar.

Normalmente, solemos enfrentarnos a un trastorno pasajero y benigno que apenas dura unos minutos y que, a veces, desaparece por sí solo. Y es que el hipo no puede ser considerado una dolencia médica, sino más bien un síntoma que también puede provocar tensión en el abdomen, el pecho o la garganta. La mayoría lo sufren más durante la infancia y al igual que los estornudos, cada persona tiene una particular manera de hipar (puede variar de cuatro a 60 por minuto).

¿Problemas de alimentación?

¿Sabías que empiezas a tenerlo mientras estás en el útero? Los expertos creen que cuando los bebés lo padecen antes de nacer es porque están haciendo ejercicios de calistenia pulmonar para prepararse para respirar una vez que salgan del vientre de su madre. Otra teoría es que estas contracciones son un remanente de nuestros antepasados ​​anfibios, ya que el patrón motor del hipo es similar al de las ranas, que necesitan cerrar rápidamente las diferentes vías respiratorias dependiendo de si están respirando aire o agua.

La Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) lo clasifica en tres tipos según su duración. Agudo, es el más común y dura menos de 48 horas; persistente, con posibilidad de que se prolongue hasta un mes e intratable, puede superar los dos meses sin solución aparente (el récord Guinness lo tiene el estadounidense Charles Osborne de Anthon, quien lo padeció durante 68 años seguidos). ¿Qué lo causa? Lo cierto es que la mayoría de los problemas que tiene nuestro organismo suele venir casi siempre por lo mismo: la alimentación.

Si tienes un hipo prolongado, los especialistas recomiendan identificar la causa subyacente. Acude a tu médico y hazte una revisión

Aunque puede comenzar sin causa aparente, lo normal es que exista algún factor que irrite o altere el funcionamiento normal del diafragma como, por ejemplo, comer alimentos demasiado calientes o picantes, abusar de las bebidas con gas, el alcohol o los refrescos, comer muy rápido o en exceso, o la presencia continuada en la dieta de alimentos o sustancias que pueden perjudicar el estómago y el tracto respiratorio.

Los expertos tienden a estar de acuerdo en que hay un arco reflejo o circuito, que incluye los nervios vago y frénico. Juntos, estos se extienden desde el tronco encefálico hasta el abdomen, con ramas que alcanzan el diafragma y muchos órganos internos, incluidos el estómago, los intestinos, el bazo, el hígado, los pulmones y los riñones. “Si tienes irritada cualquiera de estas zonas es posible que tengas hipo”, asegura Mark Fox, profesor de gastroenterología de la Universidad de Zúrich, en ‘The New York Times’.

¿Cómo quitarlo?

Los médicos afirman que puede aparecer por tantos motivos como remedios extraños existen. La cultura popular de cada región tiene un truco ‘infalible’ para deshacerse de él, pero ¿funcionan?

Lo primero que recomiendan los especialistas (si es persistente) es identificar la causa subyacente. Acude a tu médico y hazte una revisión para saber de dónde viene: trastornos del sistema nervioso, diabetes, desequilibrio de electrolitos, problemas renales y en algunos casos, afecciones mentales o emocionales. Para empezar, evita las comidas picantes, las bebidas carbonatadas, no masques chicle y come a un ritmo normal (las prisas nunca son buenas).

No puede ser considerada una dolencia médica, sino más bien un síntoma que puede provocar tensión en el abdomen, el pecho o la garganta

Muchas personas contienen la respiración al exhalar o respiran dentro de una bolsa de papel, ambas basadas en la idea de que aumentar la cantidad de dióxido de carbono en la sangre lo detendrá. Los científicos afirman que podrían funcionar, al igual que otros remedios que están destinados esencialmente a relajar los nervios vagos o frénicos: que alguien te asuste o tragar pan seco, hielo picado o mantequilla de cacahuete. También puedes tirar de la lengua, chupar una rodaja de limón, provocarte arcadas o presionar suavemente tus ojos.

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