Juan Martín Eztala es un conocido ginecoobstetra de San Rafael. Su pasión por la medicina comenzó hace mucho tiempo en Las Malvinas, un pequeño distrito ubicado al Sur de ese departamento. Nieto de españoles e hijo del primer ginecólogo de esa localidad, Juan Martín supo desde chico que quería seguir los pasos de su padre.

“Mi hermano y yo somos médicos y mi hermana más chica es bioquímica, como mi madre”, contó Eztala a Diario Los Andes y esbozó así, un cuadro familiar donde casi todos los integrantes visten o vistieron ambos blancos.

Cuando terminó sus estudios secundarios partió a Córdoba para estudiar en la Universidad Nacional. Se recibió y tras trabajar en hospitales de Santa Fe y Buenos Aires regresó a Mendoza, a la policlínica de San Rafael.

Además, Juan Martín formó su propia familia y se emociona al hablar de ella. “Tengo tres hijos. Uno es profesor de gimnasia, otro abogado y mi hija estudia odontología en Mendoza. Si bien estoy separado de la madre de mis hijos, creo que si volviera a nacer la elegiría otra vez para formar esta familia”, reconoció.

A lo largo de su carrera Eztala acumuló un sinnúmero de historias y muchas de ellas han quedado inmortalizadas en su primer libro, “Anécdotas de un ginecólogo” escrito durante los últimos 5 años y que fue presentado ayer en el Centro de Congresos y Exposiciones Alfredo Bufano de San Rafael.

-¿Cómo surgió la idea de un libro? 

-Fue en noviembre del 2012; decidí escribir un libro  porque en el consultorio pasan cosas divertidísimas. Un día hablando con una amiga justamente de estas cosas me dijo ´Martín si vos escribís un libro y ponés nombres y apellidos, yo lo compro´. Ella pensó que yo me iba a convertir en un Jorge Rial de San Rafael y que iba a contar infidencias de las pacientes, pero no.

Fui hasta una librería compré uno de esos cuadernos de con tapa dura y dibujos de arañas y empecé a escribir. Llené 19 cuadernos y con el contenido de dos armamos el libro.

-¿Tenía experiencia previa como escritor? 

-La verdad es que siempre fui malo para literatura y bueno para las matemáticas y la ciencia. Si mi madre me viera con un libro diría que se trató de un plagio. Busque un chico que me ayudó en la redacción y que desbarató mis jeroglíficos.

La clásica letra de médico

-Sí, pero lo digo como un gran defecto a veces ni yo sé que quise poner. También me ayudó un profesor de literatura del colegio Maristas. Por otro lado, Armando Rodríguez, que para mí es el Messi del dibujo, hizo las ilustraciones.

Adriana Juan también me ayudó a corregirlo y Ailín Rodríguez hizo su aporte para que el contenido se adecue al contexto  histórico por el que están pasando las mujeres.

– ¿Cuenta anécdotas a partir de 2012 o incluye anteriores?

-La mayoría son actuales salvo unas pocas que son muy marcadas de cuando hice mi especialidad. Son relativamente cortas dejan un final abierto y tienen como una reflexión.

Es muy liviano para leerlo y está bueno para tenerlo en la mesita de luz. No lleva un hilo conductor así que lo podés empezar en cualquier lugar.  Lo abrís y te encontrás con una historia.

-¿Son historias anónimas?

-La mayoría sí. Pero hay lagunas que tienen nombre y apellido. Esos son relatos más personales y tienen que ver con personas cercanas.

Por ejemplo, cuando fue el parto de la esposa de mi mejor amigo. Tuvo mellizas, una nació por parto normal pero la otra bebé nació por una cesárea de emergencia. La tuve que hacer antes de que llegara el anestesista.

– ¿Cómo lo describiría? ¿Con que se va encontrar el lector?

-Cuando me preguntan lo primero que pienso es que es gracioso. Pero una de las personas que me ayudó a corregirlo me dijo que también tienen cosas muy profundas.

Por otro lado, una de las mujeres que también participó me dijo ´tiene armonía´”.

Cada vez que lo miro, ahora que ya está terminado, me dan ganas de cambiarlo.

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