Si bien el Informe de Política Monetaria (IPoM) que entregó el miércoles el Banco Central (BC) ya venía suficientemente noticioso, con una importante rebaja de las estimaciones de crecimiento para 2019 y 2020 a rangos de 2,25%-2,75% y 2,75%-3,75%, cada uno, lo que se robó la atención fueron los dichos de su presidente, Mario Marcel, al entrar en el debate de la reducción de la jornada laboral. Su llamado a profundizar la discusión del tema en el Congreso y a considerar sus efectos le valió las críticas del exministro de Hacienda Nicolás Eyzaguirre -su exjefe en Teatinos 120 cuando Marcel fue director de Presupuestos- y de la diputada PC Camila Vallejo, una de las autoras del proyecto de ley de la jornada de 40 horas. Ambos cuestionaron la pertinencia de que el instituto emisor opinara sobre esta materia. En medio de un viaje que lo tiene desde ayer en Europa, participando primero en la Reunión Bimestral de Gobernadores del Banco de Pagos Internacionales en Basilea, y luego en Londres, en el Chile Day, Marcel explica el sentido de su intervención y responde a sus detractores. También aborda el realismo que impuso el IPoM, cómo le impacta eso al gobierno y cuánto es el espacio que tiene el BC para seguir bajando las tasas si el escenario macroeconómico se deteriora aún más.

Por primera vez, en bastante tiempo, hubo consenso en el mercado sobre el realismo que impuso el BC con sus estimaciones de crecimiento en el IPoM. ¿Buscaron ponerse delante de la curva?

-Nuestras proyecciones tienen como propósito fundamental enmarcar las decisiones de política monetaria. Este es un trabajo distinto del que hace un analista o un operador financiero. Desde hace algo más de un año que veníamos incluyendo un balance de riesgos a la baja para la economía internacional y el IPoM de septiembre reconoce que parte de ese riesgo se ha manifestado. En los últimos meses el entorno externo cambió de manera muy significativa, especialmente en ciertas dimensiones que son importantes para nosotros como economía abierta. Los volúmenes de comercio internacional han tenido un deterioro muy fuerte, incluso con cifras negativas, de la mano de ajustes en la inversión y la producción industrial en las mayores economías. No obs- tante, aunque se ha ajustado a la baja el crecimiento de varios países, con un deterioro de las condiciones financieras y las perspectivas comerciales, el escenario no es de recesión mundial.

¿Lo que cambió el escenario fue la agudización de la guerra comercial entre EE.UU. y China?

-En los últimos tres meses se produjo una escalada del conflicto comercial, pero también un cambio importante en las perspectivas del Brexit y han surgido conflictos geopolíticos que no estaban. Por otro lado, los mercados financieros hasta hace unos tres meses apostaban a que todos estos conflictos se iban a resolver positivamente. Ahora cambiaron a una actitud de escepticismo y aversión al riesgo, que se refleja en caída de las bolsas, salidas de capitales de países emergentes y aumento de la demanda por activos refugio. Y, tercero, hemos visto que la transmisión de estas situaciones a las economías que no están directamente involucradas ha sido mayor. Hay países emergentes de Asia que están sufriendo tanto o más que China, porque están insertas en la cadena de valor de su comercio exterior.

¿Pero hubo un esfuerzo mayor del BC por estar más fino en sus proyecciones?

-Un cambio que se ha ido notando es la vinculación entre la agenda de investigación del BC y sus políticas monetaria y financiera.

¿En qué sentido?

-Estamos tratando de mejorar la sintonía entre la investigación del BC y sus tareas de control de la inflación y estabilidad financiera. Eso nos permite responder más rápido. Doy un ejemplo anterior y uno actual. Cuando a comienzos de año vimos una inflación medida por el nuevo IPC, de medio punto menor, pudimos entender rápido sus causas, porque habíamos venido trabajando en estimar el efecto de la migración sobre el mercado del trabajo y el potencial de crecimiento, así como el traspaso de variaciones cambiarias a precios. El ejemplo más reciente tiene que ver con la creación de la gerencia de análisis internacional, que ha venido estudiando las interrelaciones en la economía mundial, incluyendo las cadenas de valor en el comercio y el traspaso de la situación externa a las expectativas de los agentes locales. Ambos temas están reflejados en recuadros del IPoM que ayudan a entender la dinámica de los cambios externos. Esto marca una diferencia al momento de interpretar la evolución de la economía.

Al ajustar su proyección de PIB 2019 a 2,25%-2,75%, ¿consideraron que dejarían fuera de rango al gobierno y su esfuerzo por apuntar todavía al 3%?

-Hacemos nuestro mejor esfuerzo por volcar en las proyecciones el análisis de los datos que realizamos. No coordinamos nuestras estimaciones con el gobierno, pero sí tratamos de compartir toda la información de que disponemos. Al momento de hacer proyecciones cada uno va incorporando distintos criterios y supuestos. En nuestro caso hay limitaciones metodológicas que no tiene el gobierno, por ejemplo, no incluir en las proyecciones el efecto de proyectos de ley que están en discusión. De esta manera, las diferencias en las proyecciones pueden responder a diferencias metodológicas, así como al rango de incerteza que siempre tienen. El rango de crecimiento que estima el BC no es un límite absoluto, sino una cuestión de probabilidades.

¿Y qué le parece que tras conocer el IPoM el Presidente Piñera haya dicho: “Yo pretendo que la realidad supere al Banco Central”?

-Me parece que es positivo, porque revela un interés muy profundo del Presidente por elevar el dinamismo de la economía, en lo cual hay cuestiones que están dentro del margen de acción del Ejecutivo. El que haya un actor tan importante como el gobierno tratando de que la economía crezca más es positivo y ojalá que otros actores tuvieran un propósito similar.

¿Pero no hay algo de voluntarismo en el gobierno al insistir en el 3%, cuando ustedes ya lo desestimaron?

-Voluntad es distinto de voluntarismo. El rango de crecimiento que proporciona el BC es su mejor estimación, pero no es una camisa de fuerza para las proyecciones que puedan hacer el gobierno y otros agentes económicos, ni tampoco para la realidad.

¿Cuánto del peor crecimiento que el BC está viendo para Chile corresponde al factor externo y cuánto al interno?

-En esto hay mucha discusión y es un tema que ha tenido una carga política importante. Nadie ha producido una cifra taxativa, porque hay diversos nexos entre la economía internacional y la interna. Eso hace muy difícil trazar una línea clara de separación entre una cosa y otra. Lo que a mí me parece claro es que en los últimos meses el deterioro de la situación internacional ha sido importante, y especialmente en término de los volúmenes de comercio internacional y del comportamiento de los mercados financieros. Entonces, eso es más que suficiente para argumentar que hay una parte bastante significativa del menor crecimiento que responde al deterioro del escenario externo.

Y si el escenario externo no mejora en 2020, ¿qué le permitirá a Chile crecer más que este año? ¿Es seguro que así sea?

-Hay factores que ayudan a que la economía vaya recuperando dinamismo, dentro de los límites que nos dan los escenarios más probables. Primero, estamos proyectando un deterioro externo que no es recesión. Segundo, el tipo de cambio es un amortiguador importante de los shocks externos para la economía chilena. Tercero, la inversión está creciendo. Y cuarto, estamos respondiendo más rápido con decisiones de política que en otras oportunidades y más rápido que otros países. Los 100 puntos base de recorte de la tasa que ya llevamos tendrán su mayor efecto en la primera mitad de 2020, dándole más fuerza a la economía. Si se mantiene la dinámica de la inversión, también ayudará a que siga creciendo el PIB y que lo haga un poco más que este año.

¿Cuánto aportarán las medidas del gobierno?

-Eso tiene un impacto positivo por tres lados. El Ejecutivo ha dejado claro que sus anuncios se enmarcan dentro de la regla estructural, lo que ayuda a mantener un perfil de riesgo bajo. También está el hecho de asignar más recursos a la inversión, que tiene un multiplicador sobre la economía mayor que el gasto en salarios del gobierno. Y, por último, hay medidas que buscan estimular la inversión privada, incluyendo la complementariedad con la inversión pública.

¿Ayuda al crecimiento que la reforma tributaria haya pasado al Senado y con la reintegración aprobada?

-Más allá del contenido de la reforma tributaria, lo relevante es que en este momento, en que hay una alta incertidumbre económica mundial, podamos despejar algunos elementos de incertidumbre interna, como la situación de las propuestas de reforma que están en discusión.

¿Por qué el BC chileno ha sido el segundo más agresivo del mundo en bajar tasas en 2019 si el país no está tan mal?

-Podemos ser agresivos no porque tengamos más problemas, sino porque tenemos el espacio para hacerlo. El que haya otros bancos centrales que han sido más lentos no es porque no les esté afectando la situación internacional, o porque no lo requieran, sino porque tienen limitaciones: tasas ya muy bajas, por lo que no tienen espacio para bajar más; vulnerabilidades en el sistema financiero, por lo que les preocupan los efectos de una política monetaria más agresiva; o porque tratan de contener el tipo de cambio, ya que la volatilidad cambiaria genera efectos reales en la economía; o, finalmente, porque no tienen credibilidad suficiente para que las tasas de mercado sigan a la de política. Nosotros no estamos en ninguna de esas situaciones y eso nos permite responder más activamente.

¿Y no tiene que ver con que el BC venía de subir la tasa en enero? ¿Siguen pensando que eso no fue un error?

-Uno tiene que evaluar las decisiones de política monetaria en base a la información y a los antecedentes que se tenían cuando se tomaron. Ex post uno siempre va a tener una política monetaria perfecta, pero las decisiones de política monetaria se toman ex ante. Un BC que espera a saberlo todo, siempre va a estar muy atrasado. En esa época insistimos en que seríamos cautelosos con la normalización frente a cambios en el escenario, y cuando esos cambios se produjeron reaccionamos muy rápido.

¿El escenario macro que viene, y sobre todo hacer que la inflación suba al 3% hacia 2021, requiere sí o sí de más bajas de tasas?

-Lo que dice el IPoM es que les asignamos un mayor riesgo de ocurrencia a escenarios algo más negativos. Por ello, tenemos que estar preparados para intensificar el impulso monetario. No lo aseguramos ni lo prometemos, pero si se materializa el riesgo de un comportamiento menos dinámico de la demanda, hemos anticipado como reaccionaríamos.

¿Entonces el mercado está en lo correcto cuando prevé que al primer semestre de 2020 la tasa puede caer a 1,5%?

-Al hacer eso, el mercado está haciendo cierto juicio respecto de si se van a dar o no los escenarios alternativos, pero en lo que se refiere a nuestras decisiones, estas se van a tomar en función de la información de los próximos meses.

¿Pero el BC va a actuar con todo lo que sea necesario para asegurar el regreso de la inflación al 3%?

-Por supuesto, eso es de la esencia de cumplir con nuestra misión, que significa no solo tomar buenas decisiones, sino que tomarlas a tiempo y poder reaccionar a cambios en el entorno.

¿Y si la tasa baja hasta 1,5%, no se corre el riesgo de quedar sin municiones en caso de una recesión mundial?

-Tenemos espacio para seguir haciendo política monetaria. En el diseño macroeconómico de Chile, es esencialmente la política monetaria la llamada a responder frente al ciclo. Ahora, es importante no mirar aisladamente cada ajuste de la TPM, sino su efecto acumulativo, si no, no se valoraría actuar con anticipación, que es una de las cosas más efectivas. Las bajas de tasas que ya se han producido no son un gasto, sino una inversión. En cuanto a escenarios como el de una recesión mundial, el IPoM contiene un análisis de escenarios alternativos de riesgo frente a los cuales se puede usar el espacio remanente de política monetaria, de ser necesario.

¿Quedan balas entonces?

-Tenemos instrumental para actuar en el ciclo, lo estamos demostrando, y existe la voluntad del Consejo de seguirlo haciendo en lo que viene.

Después de una tasa en 1,5%, ¿el límite es una TPM en cero? Porque ya es negativa en términos reales…

-En Chile hemos tenido tasas de política monetaria negativas en términos reales en otras oportunidades. Lo importante es que ello se justifique con el cuadro macroeconómico y tengamos un buen monitoreo de riesgos financieros.

¿Cómo evalúa el BC que la inflación vaya a cumplir en 2021 cinco años por debajo de su meta del 3%?

-Debemos tener claro que el marco de política del BC significa tomar decisiones de política monetaria para que, en el horizonte de dos años, la inflación esté en 3%. Ahora, mientras pasan esos dos años, hay otras cosas que van cambiando en la economía, a las que el BC tiene que ser capaz de ir respondiendo. Como la política monetaria actúa con un rezago de entre seis y ocho meses, si las condiciones van cambiando muy rápido y en la misma dirección, la inflación puede mantenerse más tiempo por debajo de la meta. Ha habido otros períodos en que ha ocurrido lo opuesto.

Pero la contracara de esa menor inflación es que se podría haber tenido un mayor crecimiento del PIB.

-Cuando miramos un período largo de la economía chilena, los factores fundamentales detrás de cuánto más o cuánto menos se ha crecido no tienen mucho que ver con la política monetaria, sino con la evolución del potencial de crecimiento, la productividad, la eficiencia de los mercados.

Respuesta a Vallejo y Eyzaguirre por 40 horas: “Nuestro ánimo es alentar el diálogo, no las polémicas”

¿Cuál es la advertencia que está haciendo el BC en el tema de las 40 horas?

-No hacemos una advertencia. Simplemente alentamos a realizar un análisis lo más completo y ponderado posible de estas iniciativas, tomando en cuenta su magnitud, el entorno en el que se producen y otras reformas que se discuten en paralelo. Por eso señalamos que las alternativas de reducción de jornada que se proponen son más significativas que la adoptada en 2005, que tienen lugar en una economía con un potencial de crecimiento de 3% y no el 5% de 2005 y que se discuten en paralelo con otras iniciativas que se financian con cotizaciones de los empleadores, como las de sala cuna universal, la reforma de pensiones y el subsidio de dependencia. Cuando hay una buena discusión en el Congreso, con una visión de conjunto que solo se puede dar ahí, los proyectos mejoran.

¿Cómo llegan al cálculo de que los costos laborales puedan subir entre 15% y 29%?

-Al sumar el costo laboral de la reducción de la jornada (dependiendo de si son 35 o 41 horas), que sería de entre 9% y 22%, con el 4% de incremento de la cotización para pensiones (que en la discusión se ha planteado agregarle otro 2%), el 0,4% por el proyecto de sala cuna y el seguro de dependencia de 0,2%, da un rango que va de 14% a 29%. En el proceso legislativo se deben mirar estas cosas en su conjunto, porque el empleador tendrá que asumir todos esos costos y el trabajador se verá afectado por la forma en que se adapta la empresa. Esta adecuación también incidirá sobre el desempeño de la economía como un todo, incluyendo su potencial de crecimiento.

¿Cuál puede ser la consecuencia de aumentos de costos laborales de esa magnitud?

-Quisiera concentrarme en el procedimiento, porque es ahí donde el Parlamento va reuniendo todos los antecedentes que permiten evaluar el impacto económico que esto tiene. Hay propuestas con componentes de gradualidad, hay propuestas con elementos mitigadores, y pueden surgir otros aspectos de ese tipo en la discusión. A todas estas iniciativas les queda una parte importante del proceso legislativo por delante, por lo tanto, que tengan profundidad es algo deseable para todos los actores involucrados.

Dada la coyuntura global y también interna, con fenómenos nuevos en el mercado del trabajo, ¿es pertinente esta discusión?

-Es muy pertinente entender lo que está ocurriendo en el mercado del trabajo. En Chile se están produciendo cambios importantes en la composición de la fuerza de trabajo que hacen que hoy los hombres de mediana edad, jefes de familia y con contrato indefinido a tiempo completo, sean una minoría. Actualmente las mujeres y trabajadores mayores de 55 años son más de la mitad de los trabajadores; la inmigración ha tenido un profundo impacto; hay industrias que están teniendo cambios tecnológicos muy importantes; hay una reforma reciente sobre la negociación colectiva. Aunque no ha cambiado mucho la tasa de desempleo, sí ha aumentado la proporción de trabajadores por cuenta propia y los contratos de plazo fijo, con una alta rotación laboral. Cuáles de estos fenómenos prevalecerán en el largo plazo es parte del análisis que se debe hacer.

Nicolás Eyzaguirre y Camila Vallejo criticaron el viernes su planteamiento, poniendo en cuestión que se pronunciara sobre el tema de las 40 horas. ¿Se excedió el BC al opinar sobre el tema? ¿Están equivocados el exministro y la diputada PC?

-Nuestro ánimo es alentar el diálogo constructivo, no las polémicas. En cuanto a la pertinencia de una perspectiva macroeconómica en ese diálogo, parece difícil de argumentar que las reformas sobre jornada, junto a otras que inciden sobre el costo de contratación, no tendrían incidencia en ese plano.

Si los convocan, ¿están dispuestos a ir al Congreso a exponer la visión del BC sobre la reducción de la jornada laboral?

-Hay muchos académicos, analistas, autoridades y exautoridades que pueden aportar una visión macroeconómica sobre estas reformas. En nuestro caso, siempre hemos respondido a las invitaciones que nos han hecho de comisiones en el Congreso. En esas ocasiones, más que plantear una posición corporativa, tratamos de aportar antecedentes que puedan ser útiles para el análisis de los parlamentarios.

/Entrevista de Olga Bustamante y Rodrigo Cárdenas para La Tercera

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