“La historia, como ciencia, está recién reconstituyendo lo que ocurrió en ese tiempo sobre bases seguras”.

Con estas palabras, el Premio Nacional de Historia 2006 y académico de la Universidad de Chile, Gabriel Salazar , señala que -lejos de terminar los análisis sobre lo sucedido el 11 de septiembre del 73- hay todavía mucho por escribir: “Ahora se dispone de archivos judiciales donde los militares involucrados en la violación de los derechos humanos están haciendo declaraciones ante los jueces, como acusados. Ahí hay testimonios sobre hechos reales y a partir de eso se está estableciendo una verdad más objetiva, que no se puede discutir ni negar”, indica.

“Y también -agrega- ha sido un tremendo aporte para la historiografía la desclasificación de documentos en los EE.UU. desde el año 2000, con material secreto de la CIA, del Pentágono y de la Casa Blanca”.

-Don Gabriel, ¿por qué se produjo el Golpe?

-Es difícil la respuesta, pero hay una cosa absolutamente clara. El Golpe, en la forma que se dio, como un golpe a nivel nacional, ciudad por ciudad, pueblo por pueblo, habría sido imposible sin la actuación norteamericana. El Ejército nunca había dado golpes de ese tipo antes, sólo cuartelazos improvisados y casi ridículos. Para EE.UU. era muy importante que Allende no triunfara, y no porque fuera marxista, sino porque la fórmula de Allende era un gobierno de reformas profundas desde el Estado liberal, y sin cambiar la Constitución. Si esa fórmula contaba con el apoyo del centro político, o sea la DC, el triunfo de Allende era seguro y ese proyecto podía propagarse por toda América Latina. Ese era el peligro: la fórmula de Allende.

-¿Y desde la izquierda hubo responsabilidades por lo que pasó?

-Eso lo tengo muy claro. El programa de la Unidad Popular, que es lo que temía EE.UU., consistía en intentar hacer la revolución a partir de la Constitución de 1925, sin cambiarla. Ese era el problema. ¿Por qué? Porque se quería la reforma agraria, nacionalizar el cobre, estatizar la banca, etcétera… pero desde un Estado liberal, que no está hecho para destruirse a sí mismo.

-¿Una ingenuidad?

-Exacto. Esa es la principal responsabilidad de la izquierda.

-¿Cómo cree que la Historia va a recordar a Salvador Allende?

-No hay duda de que el pueblo chileno lo quiere. El sábado estuve en un congreso internacional organizado por el pueblo mapuche. Yo hablé ahí. Soy crítico de Allende, políticamente hablando, porque el suyo era un proyecto imposible y condujo al pueblo por un callejón sin salida… y dije que el proyecto de Allende fracasó. Al terminar, se me acercó un trabajador mapuche y me dijo: “Yo entiendo lo que dijo, pero no me gusta mucho. Nunca estuvimos mejor que con él”. Por otro lado, es evidente que hay que someter a Allende, y a todo su proyecto político, a una crítica histórica, objetiva y radical. Porque fue un error. El problema es que el cariño por Allende es muy grande, eso no se puede negar.

El archivo secreto de Pinochet

Gabriel Salazar hace una primera recomendación: leer el libro del investigador estadounidense, Peter Kornbluh, «El archivo secreto de Pinochet», “basado en la documentación secreta que hoy está desclasificada”.

De autores chilenos, el historiador menciona sólo crónicas periodísticas: «La historia oculta del Régimen Militar», de Ascanio Cavallo, Oscar Sepúlveda y Manuel Salazar. Además, de este último periodista, los dos tomos de «Las Letras del Horror».

ARANCIBIA: “Sabemos más de los 17 años del gobierno militar que de los tres de la UP”

Como armar un puzzle de infinitas piezas.

De esta forma, asegura la historiadora Patricia Arancibia Clavel se puede encarar la tarea de analizar los acontecimientos del 11 de septiembre de 1973. En su opinión, el Golpe se puede contar de “muchas maneras”, pero siempre debe hacerse “con honestidad” y “tomando en cuenta la diversidad de fuentes existentes”.

En palabras suyas, “el 11 fue la culminación de un proceso político, económico y social complejo, donde intervinieron factores internos y externos, y donde hubo muchos actores y testigos. Todos ellos tienen el legítimo derecho de contar su verdad, que claramente no es coincidente. Lo importante es que todas las piezas del puzzle estén sobre la mesa, para que quien quiera comprender sin prejuicio lo que pasó en Chile pueda hacerlo a partir de esa diversidad de miradas. El historiador debe intentar explicar y contextualizar los hechos, y no convertirse en esclavo de su propia ideología”.

– ¿Se puede escribir la historia más reciente con plena imparcialidad?

-Es muy difícil. El historiador, como cualquier persona, es su yo y su circunstancia, y realiza su análisis e interpretación a partir de sus vivencias y cargas emocionales. Sin embargo, si posee honestidad intelectual, buscará ceñirse a las fuentes, utilizando todas aquellas que le ayuden a comprender los hechos y el contexto en que sucedieron.

-¿Concuerda usted con quienes aseguran que la historia del “11” ha sido escrita por la izquierda?

-Sí, es cierto. Y eso se debe en gran parte a que el otro sector (la derecha), salvo contadas excepciones, se ha mantenido pasivo por años en esta materia, dejando ya por comodidad, indiferencia, ignorancia o acomodo político, que las instituciones de formación y de comunicación social, enseñen, transmitan y masifiquen una verdad histórica tuerta.

Arancibia sostiene incluso que es posible “separar” el Golpe Militar de lo que ocurrió durante los 17 años de gobierno de Pinochet: “El 11 es la culminación de un proceso de 40 años, y lo que viene después es el inicio de algo totalmente nuevo y diferente, con escenario, actores y dinámica propia”.

-¿Cuándo cree usted que el 11 de septiembre dejará de ser una fecha polémica?

-Tendrán que pasar al menos un par de generaciones para que eso suceda.

Según la historiadora, existe una gran cantidad de temas que aún no han sido abordados por las ciencias sociales con respecto al período. “Hay muchas fuentes documentales que no han sido exploradas”, añade. ¿Un ejemplo? “Sería interesante, así como se desentrañaron los archivos de la CIA, hurgar en los de la KGB de la antigua URSS, de Cuba o de la Stasi en Alemania Oriental. Sabemos más de los 17 años del Gobierno Militar que de los tres años de la Unidad Popular”.

«El día en que murió Allende»

Patricia Arancibia hace dos recomendaciones para leer. Por un lado, el del periodista Ignacio González Camus (ex presidente del Colegio de Periodistas), «El día que murió Allende», de 1988, y que fue relanzado hace pocos días.

También, agrega, “los de Gonzalo Vial Correa, en especial la parte correspondiente a este período en su ‘Historia de Chile'”.

GAZMURI: “Pinochet irá perdiendo ese cartel demoníaco que tiene hoy”

Cristián Gazmuri, doctor en Historia, abogado y profesor de la UC , dice que no cualquiera puede escribir sobre el “11 de septiembre” si lo que se busca es objetividad: “Si le pidieras a la madre, hija o hermana de un detenido desaparecido, por supuesto que no te lo va escribir en forma objetiva. O una persona que estuvo exiliada mucho tiempo, que sufrió la dictadura. Por otro lado, si le preguntas a un militar tampoco te va a dar una visión objetiva. Te va a decir que los militares salvaron Chile…”, apunta.

“¿Quién podría escribir una historia relativamente objetiva de todo el proceso, no sólo del Golpe, de lo que pasó antes y de lo que pasó después? Tiene que ser un historiador profesional, y en lo posible que no tenga una posición política muy acentuada”, añade Gazmuri.

¿Le gusta cómo se enseña este tema en los colegios?

-¡Depende del colegio! En los fiscales, por lo general, se pasa una visión muy negativa hacia los militares, porque la mayoría de los profesores son de izquierda. Ahora, en los colegios particulares de la ‘cota mil’ hay otra versión. También depende del libro que le entreguen al cabro para que lea… No hay una sola respuesta.

En ese escenario, Gazmuri cree que -a pesar del paso del tiempo- todavía persisten algunos “mitos” en torno al “11”: “El primer mito que hay que despejar es que esto no fue una guerra civil, como se ha dicho, ni tampoco fue un genocidio. Fue un golpe militar cruento”. Entonces Gazmuri hace notar que en el caso de Argentina, por ejemplo, hubo 30 mil muertos.

“Un segundo mito es decir que la derecha en un principio sólo miró lo que pasaba. No, ellos se metieron desde un primer momento. El tercer mito es que hubo una resistencia armada, y eso no pasó. En algunas poblaciones, controladas por el MIR o por el PS, prestaron un poquito de resistencia. Pero cuando se dieron cuenta de que llegaban los tanques y las ametralladoras pesadas, se rindieron y esas personas fueron las que luego llegaron al Estadio Nacional o al Estadio Chile”.

-¿Cómo cree que irá evolucionando la opinión que tienen los chilenos respecto de la figura de Pinochet?

-Objetivamente, se saben cosas terribles de Pinochet; por ejemplo, que la DINA dependía de él. Lo que sí, se puede suavizar su imagen porque van a sobresalir algunas cosas que realmente hizo bien. No todo lo que hizo fue malo. Diego Portales fue execrado por toda la gente progresista de Chile, pero ahora es visto como el fundador del Estado chileno. Yo te diría que Pinochet irá perdiendo ese cartel demoníaco que tiene hoy. Va a ser considerado un dictador latinoamericano bastante feroz, cruel y ambicioso… pero no peor que otros 25 dictadores latinoamericanos que ha habido.

– Usted ha investigado a fondo las vidas de dos de los principales líderes de la Democracia Cristiana (Eduardo Frei y Jaime Castillo Velasco). ¿Estuvo o no la DC a favor del Golpe?

-El 80% de la DC estuvo favor. Frei sí estuvo a favor, Patricio Aylwin sacó una declaración diciendo que sentía el quiebre de la democracia en Chile, pero claro que estaba a favor. Los únicos dos líderes del partido que no estuvieron con el Golpe fueron Bernardo Leighton y Jaime Castillo. Los demás que estuvieron en contra no eran de mucha importancia.

Escritos extranjeros

Gazmuri es un convencido de que “las buenas” cosas escritas sobre el “11” provienen de autores de otros países o de chilenos que viven en el extranjero: “Escribieron cosas relativamente equilibradas”, dice. Uno de esos libros es «Historia de Chile 1808-1994» de Simon Collier y William Sater. Otro, «Chile de Alessandri a Pinochet. En busca de una utopía», de Alan Angell (inglés). “El de Arturo Valenzuela también podría ser un buen libro, aunque lo hizo demasiado encima del Golpe”. Se trata de «El quiebre de la democracia en Chile» (1975), escrito por el cientista político chileno que fue asesor de Obama.

COUYOUMDJIAN: “Van a quedar términos de la izquierda, por ejemplo ‘dictadura'”

Antes de comenzar a responder pregunta alguna, el historiador Ricardo Couyoumdjian deja en claro que habla a título personal, y no como presidente de la Academia Chilena de Historia.

Y la advertencia no es casual. En tiempos de mea culpa, solicitudes de perdón y opiniones políticamente correctas en el marco de la conmemoración de los 40 años del Golpe, Couyoumdjian se atreve con juicios que bien podrían levantar polémica.

Y es que si bien cree que es posible escribir una historia objetiva del “11” -“si uno lee los trabajos más centrados, se le reconocen a Pinochet los méritos y se le critica el tratamiento de los derechos humanos”, acota-, el historiador asegura que en la actualidad se ha impuesto sólo una mirada de los hechos: “Los jóvenes de hoy, que no habían nacido para cuando gobernaba Pinochet, ni menos Allende, siguen el mito de esta creación histórica de que el gobierno militar es malo (…) En la historia ha ganado el argumento de que el gobierno militar era malo. Los opositores de esos años han logrado convencer de ello”.

Y agrega: “Creo que en el país van a quedar algunos términos de la izquierda, por ejemplo va a quedar el término ‘dictadura’. Ya se impusieron. Otro ejemplo: a la Ley de Defensa de la Democracia (que ilegalizó al PC en 1948) quedó como la Ley Maldita. Y esto es reciente, de los últimos 20 años”.

-¿Insinúa que todos los historiadores son de izquierda?

-Sí. Los intelectuales son de izquierda, en general los cientistas sociales, los historiadores son de sensibilidad de izquierda. Así como los economistas son de sensibilidad de derecha. No es un misterio lo que estoy diciendo.

El gobierno militar, añade Couyoumdjian, generó una “subcultura” que se ve refleja en series de TV como “Los 80”: “Se crea una epopeya. Así como también hay recuerdos heroicos de la Unidad Popular, de la gente que hacía la cola y de la gente que tenía que esperar para conseguir un kilo de azúcar. Pero como el gobierno militar fue mucho más largo que lo otro, hace que esa vivencia sea mucho más fuerte”.

Sobre la ansiada “reconciliación” nacional en estas materias, Couyoumdjian también tiene un juicio categórico: dice que no será posible mientras se siga utilizando políticamente el 11 de septiembre: “Creo que el recuerdo del gobierno militar une a la Concertación, precisamente por esta epopeya que antes explicaba (…) Ese es un elemento que explica la falta de reconciliación. Uno ve cómo parte de la Concertación lo usa para fustigar al otro lado, a la gente que no se sentía incómoda con Pinochet o que derechamente colaboró con su gobierno”.

Según el historiador, “la mantención del recuerdo de las heridas causadas por el golpe militar trae ventajas políticas. Uno suele escuchar a caballeros que, cuando quieren cerrar una discusión y no tienen muchos argumentos, dicen ‘¡Ah, pero usted apoyó el gobierno militar, no tiene ninguna autoridad moral!’. Tienen una arma de denuncia, de descalificación del contrario, que tiene ventajas prácticas. Y si uno suma todo esto, entonces uno entiende por qué el recuerdo del 11 de septiembre trae todo este actual bullicio”.

“¿Para cuánto rato más tendremos con todo esto?”, se pregunta Couyoumdjian: “Esa es la otra pregunta del millón de dólares. Y yo no tengo idea. Aunque es evidente que mientras se pueda sacar ventajas políticas, esto va a seguir”.

Libros para el «11»

Ricardo Couyoumdjian dice que uno de los mejores libros para entender el «11» es el escrito por los historiadores Simon Collier (británico) y William Sater (estadounidense): «Historia de Chile 1808-1994». “En él, lo que más se le critica a Allende y Pinochet fue que rompieron con la tradición chilena de los consensos”, dice.

“Ahora, si la gente quiere vivir el suspenso de lo que fue el 11, tendría que leer otras cosas, como las memorias del vicealmirante Patricio Carvajal”.