En una América acostumbrada a altas y bajas en su política internacional y por muchos años influida por la Guerra Fría, el TIAR no ha estado exento de polémicas.

El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca fue rubricado el 2 de septiembre de 1947 en Río de Janeiro en la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente, después de la II Guerra Mundial (1939-1945). Aunque entró en vigor un año después, es más antiguo incluso que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que data de 1949.

Su objetivo era garantizar la defensa colectiva ante el ataque eventual de una potencia de otra región y decidir acciones conjuntas en caso de un conflicto. En sus casi 75 años de existencia, el TIAR ha sido invocado unas 20 veces, pero en la mayoría de ellas no ha sido utilizado como tal. A continuación, algunas de las ocasiones clave en las que se ha invocado.

Cuba, 1964

En 1961, en plena Guerra Fría, los países firmantes del TIAR fueron convocados por Colombia a una reunión “para considerar las amenazas a la paz y a la independencia política de los Estados americanos, que puedan surgir de la intervención de potencias extracontinentales encaminadas a quebrantar la solidaridad americana”, según consigna la Organización de Estados Americanos (OEA).

En la cita, celebrada en Punta del Este (Uruguay) entre el 22 y el 31 de enero de 1962, se acordó el rechazo a la “ofensiva subversiva” del comunismo en la región y se estableció que la adhesión de Cuba al marxismo-leninismo era “incompatible” con los principios del Sistema Interamericano, por lo que se le excluiría de éste.

Dos años más tarde y luego de la crisis de los misiles de octubre de 1962, Venezuela pidió una reunión del órgano de consulta del TIAR y éste acordó sanciones en contra de Cuba. Entre las sanciones se incluyó que los Estados americanos no mantuvieran relaciones con La Habana e interrumpieran el intercambio comercial y el transporte marítimo, salvo por razones humanitarias.

Sin embargo, casi una década después, a petición de diversos países de la región, el órgano determinó modificar y dejar sin efecto la aplicación de dichas medidas, entregando a cada uno de los Estados firmantes la libertad para establecer las relaciones diplomáticas con la isla que cada uno estimara conveniente.

Argentina, 1982

La Guerra de las Malvinas derivó en uno de los momentos más críticos para el TIAR. El 22 de abril de 1982, el canciller de Argentina, Nicanor Costa, invocó este instrumento en busca de apoyo militar para la defensa ante la embestida del Reino Unido. La decisión de los países integrantes del denominado Pacto de Río fue aprobada con 17 votos a favor, ninguno en contra, y las abstenciones de EE.UU., Colombia, Chile y Trinidad y Tobago.

Finalmente, EE.UU. decidió no atender el llamado de ayuda, optando por su compromiso con la OTAN que lo obliga a apoyar a los británicos. El país norteamericano argumentó, entonces, que el TIAR es un pacto exclusivamente defensivo y a su visión Argentina había sido agresora al intentar recuperar las islas subyugadas a la administración de Londres. Por ello, el pacto militar americano no era aplicable en dicha ocasión.

Colombia y Chile siguieron esa premisa y tampoco se hicieron eco de la petición trasandina.

La negativa no fue bien vista en la región y el tratado terminó profundamente debilitado. De hecho, en 2012, el episodio fue reflotado y utilizado por el entonces Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y sus pares de Bolivia, Evo Morales; de Nicaragua, Daniel Ortega; de Cuba, Raúl Castro, y de Ecuador, Rafael Correa, para dar por muerto el acuerdo y retirarse de él, un año más tarde.

EE.UU., 2001

EE.UU. recurrió al tratado tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, siendo la invocación más reciente del pacto, hasta ahora.

Poco más de una semana después de los atentados, los países se reunieron a petición de Brasil en Washington, para determinar su posición ante el suceso. Allí, decidieron activar el TIAR, al calificar los hechos como “ataques contra todos los estados americanos” y resolvieron “dar apoyo adicional” a la nación norteamericana en la entrega de información sobre los responsables, si es que la hubiere, y al enfrentar la amenaza de ataques similares.

Sin embargo, el objetivo del Presidente estadounidense, George W. Bush, que buscaba obtener el respaldo de sus socios americanos en su ofensiva contra Irak, no tuvo éxito. Según el TIAR, los estados tienen la libertad de negarse a participar de una intervención militar o conflicto, si lo estiman conveniente.

Solo cuatro días antes de los atentados, Vicente Fox, en ese momento Presidente de México, había anunciado ante la OEA que sopesaba la retirada de su país del TIAR, al tildarlo de ser “un grave caso de obsolescencia y de inutilidad”. Cuando EE.UU. invocó el pacto, México no lo respaldó. El país formalizó su retirada del tratado en 2002.

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