Boris Johnson asumió el 24 de julio con un plan inconfesable. Entendía que la única manera de consolidar su poder era mostrarse inflexible con el Brexit, asegurándose de que el Reino Unido se vaya de la Unión Europea (UE) el 31 de octubre y evitando a toda costa pedir una nueva prórroga. Pero como sabía que era imposible una verdadera renegociación del pacto de salida diseñado por Theresa May, que había sido rechazado tres veces en el Parlamento, la única vía que le quedaba era irse sin acuerdo. Algo que no podía decir abiertamente.

Johnson se convenció de ese curso de acción el 23 de mayo, cuando el Partido Conservador hizo la peor elección de su historia en los comicios legislativos europeos. El Partido del Brexit, de Nigel Farage, salió primero con el 30,5% de los votos. Los tories, en cambio, quedaron quintos, con un bochornoso 8,8 por ciento.

El primer ministro Boris Johnson habla antes de la votación sobre la celebración de elecciones anticipadas en el Parlamento, el 9 de septiembre (Parliament TV via REUTERS)

El primer ministro Boris Johnson habla antes de la votación sobre la celebración de elecciones anticipadas en el Parlamento, el 9 de septiembre (Parliament TV via REUTERS)

Los resultados evidenciaron que casi todos los votantes conservadores estaban dispuestos a abandonar el partido y a irse con Farage ante la frustración que sentían por su imposibilidad de resolver el Brexit. May no había podido concretar la salida el 29 de marzo, que era la fecha original, ni el 12 de abril, la alternativa ofrecida por Bruselas tras otorgar una primera prórroga. Desprovista de apoyos internos y externos, tampoco iba a poder el 31 de octubre, el deadline actual.

Pero la estrategia de Johnson para recuperar a los votantes euroescépticos debe superar un enorme obstáculo: un Parlamento indomable, que ya hizo caer a May y que ahora amenaza con derrotarlo a él. Consciente de que la mayoría de los legisladores rechaza una ruptura caótica con la UE y prefiere prolongar las negociaciones, el Primer Ministro tomó una decisión drástica. El 28 de agosto anunció la suspensión de las cámaras legislativas entre el 10 de septiembre y el 14 de octubre.

El líder del Partido Brexit, Nigel Farage, hace un gesto al abandonar un colegio electoral después de votar en las elecciones europeas, en Biggin Hill, el 23 de mayo de 2019 (REUTERS/Hannah McKay)

El líder del Partido Brexit, Nigel Farage, hace un gesto al abandonar un colegio electoral después de votar en las elecciones europeas, en Biggin Hill, el 23 de mayo de 2019 (REUTERS/Hannah McKay)

El procedimiento, que se denomina prorogation en inglés, no es en sí mismo extraordinario, porque casi todos los años hay una breve suspensión para marcar el fin de un período de sesiones y el comienzo del siguiente. Pero es algo administrativo, que dura pocos días y que jamás se hace en medio de un debate trascendental para el país. Desde 1945 no hay registros de uno con cinco semanas de extensión.

“El juego en este momento no es el Brexit, que es apenas el tema que Boris Johnson está usando como medio para ganar poder tanto dentro de su partido como a nivel país en los próximos cinco años. Está tratando de mostrarse como un ‘hombre del pueblo’ en una batalla contra las elites, dentro de las cuales incluye a los parlamentarios. Es un libreto muy parecido al de Trump, empujando los límites de la ley y aprovechando al máximo las zonas grises de la Constitución no escrita del Reino Unido para conseguir la salida de la UE antes de que el Parlamento o el pueblo puedan escudriñar sus objetivos”, sostuvo Mark Shanahan, jefe del Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Reading, en diálogo con Infobae.

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