Cada vez que se renueva un dispositivo electrónico volvemos a la misma cuestión: ¿vale o no vale la pena cambiar? La tasa de actualización de los teléfonos móviles se ha alargado hasta los dos años. Pocos se lo cambian al año siguiente. Los elevados precios de los modelos más avanzados del mercado como Samsung, Huawei o Apple lleva a pensárselo dos veces. Y más cuando el mercado hay propuestas, generalmente de procedencia china, que ofrecen mucho por poco dinero como OnePlus o Xiaomi.

Ante esa disyuntiva, el gigante de la tecnología Apple se ha agarrado fuerte al rango premium en sus nuevos terminales iPhone 11 Pro y iPhone 11 Pro Max. Potentes terminales, pero excesivamente caros. Con cámaras avanzadas, pero que muchos podrán criticar que ya han visto algo parecido en otros móviles con Android. Es una eterna lucha. Pero ante los propietarios de un terminal iPhone XS, adquirido en el último año, seguramente le entre la curiosidad de si vale o no la pena hacer el esfuerzo (económico) por pasarse a la siguiente generación.

El modelo del pasado año, que llegó en dos versiones diferenciadas por tamaño (5.8 y 6.5 pulgadas), heredó el diseño y la estética del iPhone X, el modelo lanzado en 2017 que conmemoraba los diez años de la llegada del producto y daba el salto a la era de los móviles «todo pantalla». Un cuidadoso trabajo de fabricación a partir de materiales nobles y un característico «notch» se ha mantenido en las dos últimas generaciones. El iPhone 11 Pro, visto de frente, podría llegar incluso a confundir. Tienen el mismo tamaño, tienen la misma pestaña superior y tampoco tiene la clavija para los auriculares.

En cambio, su secreto reside en dos aspectos; su interior -mejorado técnicamente con más capacidades- y su apartado fotográfico -compuesto por un módulo de tres cámaras-. A grandes rasgos son los principales distintivos de la nueva generación. Que no es poco, la verdad. Porque los nuevos iPhone 11 Pro, que por primera vez reciben el apelativo «pro», reúne de primeras -y a falta de probarlo concienzudamente- muchos de los ingredientes para situarlo entre las mejores cámaras móviles del mercado.

Para ello, se ha dejado atrás los dos sensores de 12 megapíxeles cada uno (un telefoto y un gran angular) del actual iPhone XS para añadir un tercer «ojo», que se trata de un ultra gran angular también de 12 megapíxeles pero que va a dar mucho juego. Ofrece un rango de visión de 120 grados. De manera combinada ofrece buenas sensaciones y va a dar, buen seguro, buenos momentos. Gracias a esto se ha podido introducir un nuevo atributo llamado «fusión profunda», que va a permitir captar muchos más detalles.

En los vídeos se pueden capturar ahora imágenes más angulares, con lo que se pueden realizar efectos interesantes. La cámara frontal, generalmente destinada a hacerse «selfies», también ha dado un paso de gigante, dejando atrás los 7 megapíxeles del pasado año a los 12 megapíxeles actuales. Y con grabación en cámara lenta, que seguro que a los «youtubers» le va a encantar.

En comparación, el nuevo terminal promete mejoras en situaciones de baja luminosidad, uno de las asignaturas pendientes de Apple y donde cojeaba el iPhone XS. Ahora, a tenor de lo mostrado por la compañía estadounidense, se podrá recibir más luz de manera automática gracias a un modo noche. La pantalla de ambos modelos sigue fiándose de las capacidades de los paneles de tipo OLED. Esto es, negros profundos y colores intensos.

Los paneles montados el pasado año estaban a la altura de lo esperado, calibrados muy bien y ofreciendo buenos resultados. Para corregir algunos de los puntos negativos, el iPhone 11 Pro ha llevado el nivel de brillo hasta los 1.200 nits, que es la unidad de medida estandarizada en la industria para analizar estas prestaciones. La promesa es que se va a ver mejor cualquier contenido. Si eres de lo que ven muchos vídeos igual te puede interesar pasarte al nuevo modelo, aun a sabiendas que el iPhone XS ya ha logrado buenos resultados. La tecnología de imagen Super Retina XDR incorporada en los nuevos iPhone 11 Pro prometen notarse.

Técnicamente, el nuevo modelo es (o debe) más potente que el anterior. De una generación a otra se trabaja mucho este apartado. Los iPhones que salen este año montan procesadores A13 Bionic que mejora ostensiblemente el rendimiento del dispositivo y que, según los datos anunciados, incluye 8.500 millones de transistores y capaz de realizar un billón de operaciones por segundo. La marca estadounidense asegura que el nuevo «cerebro» es hasta un 20 por ciento más rápido que el A12 Bionic del pasado año. Así que este puede ser otro argumento para dar el salto. También se ha mejorado la duración de la batería, que se ganan algunas horas respecto a sus predecesores: unas cuatro o cinco más según sus estimaciones. Y esto es una cualidad que a buen seguro va a interesar a mucha gente.

Por contra, el sistema de carga presenta dudas, aunque eso afecta tanto al iPhone 11 Pro como al iPhone XS. El cargador que trae de serie es un gran inconveniente por su lentitud al cargarlo. La inesperada ausencia de la carga inversa, que sí la traen otros modelos Android, puede desincentivar ligeramente al personal. En definitiva, si se tiene un iPhone XS tal vez no se encuentren razones de peso para saltar a la siguiente generación, no así se tiene otro modelo anterior.

El iPhone 11 también es un producto muy interesante. Este modelo «básico» ha reducido su precio en comparación con otros años, siguiendo así una nueva política de venta de la compañía que le ha llevado a reducir incluso el iPhone XR, que también es una buena opción. Un aspecto positivo del que hacen gala los productos de la compañía es su depreciación, menor en comparación con otras marcas, con lo que es posible vender el terminal actual a un precio muy interesante.

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