Recreación artística del Oumuamua

La llegada del primer objeto interestelar captado por la tecnología humana significó un antes y un después para los investigadores. El famoso Oumuamua trajo consigo la certeza de que algunos viajeros de más allá de nuestra estrella visitan nuestros dominios. Pero también abrió la puerta a otras preguntas: ¿estos «turistas» espaciales son algo usual o un tan solo un raro encuentro? ¿Qué son exactamente? Y, sobre todo, ¿de dónde vienen?

El hecho de que Oumuamua haya suscitado muchas dudas acerca de su naturaleza -en el debate se afirmó que era un asteroide, un cometa e incluso una antigua nave espacial varada- y de que un segundo objeto interestelar bautizado como 2I / Borisov haya ingresado en nuestros dominios cósmicos ha propiciado que astrónomos de la Universidad de Yale intenten dar respuestas a estos nuevos interrogantes.

Y su conclusión es clara: los visitantes de otros extraños y helados planetas seguirán llegando en decenas, incluso cientos, y la tecnología humana captará varios al año si son lo suficientemente grandes. La investigación aún no ha sido revisada por pares, pero ya ha sido aceptada en «The Astrophysical Journal Letter», explican en un comunicado.

«Debería haber una gran cantidad de este material flotando», afirma Malena Rice, que junto con Gregory Laughlin firman el nuevo estudio. «Pronto saldrán muchos más datos, gracias a los nuevos telescopios disponibles y no tendremos que especular».

¿De dónde vienen?

Una respuesta fácil sería que estos objetos son bloques de construcción planetarios -llamados planetesimales- expulsados de otros sistemas solares. Pero existe un problema con esta teoría: un estudio minucioso de los aproximadamente 4.000 exoplanetas confirmados muestra que la mayoría de ellos están ubicados demasiado cerca de sus estrellas madre y no podrían expulsar fácilmente un planetesimal. Estos objetos quedarían atrapados en las órbitas en torno a su estrella, sin posibilidad de escapar por la gravedad que ésta ejerce sobre ellos. Entonces, ¿de dónde vienen?

El trabajo de Rice y Laughlin propone que los objetos interestelares podrían ser material expulsado de grandes planetas recién nacidos, orbitando más lejos de su estrella. Éstos habrían creado «huecos» pronunciados en los platos cósmicos de gas y polvo que los astrónomos llaman discos protoplanetarios.

Según la teoría reinante de la formación de sistemas planetarios – si bien existen otras-, cuando una nueva estrella surge, acaba rodeada de un disco «protoplanetario» delgado y giratorio de gas y polvo denso. El disco es un entorno volátil en el que el astro joven, junto con su gravedad, calienta dicho material. Esto provoca movimientos, colisiones y, finalmente, la formación de los planetas.

Aunque la mayoría de los planetas conocidos se forman cerca de su estrella, hay algunos que se desarrollan mucho más lejos y crean grandes brechas en el disco protoplanetario -normalmente suelen ser los gigantes gaseosos-. Según Rice y Laughlin, esos planetas más distantes pueden arrojar material que podría salir de sus sistemas solares. Sin embargo, también son mucho más difíciles de observar directamente, por lo que no muchos de estos planetas han sido confirmados, dijeron los investigadores.

Una imagen de un disco protoplanetario, tomada desde el Observatorio ALMA en Chile. Los anillos interiores negros son huecos en el disco
Una imagen de un disco protoplanetario, tomada desde el Observatorio ALMA en Chile. Los anillos interiores negros son huecos en el disco

Buscando en los huecos

Para probar su teoría, los investigadores observaron tres discos protoplanetarios a través del Proyecto de Subestructuras de Disco en Alta Resolución Angular (DSHARP). «Estábamos buscando discos en los que estaba bastante claro que existía un planeta allí. Si un disco tiene huecos claros, como lo hacen varios de los discos DSHARP, es posible extrapolar qué tipo de planeta podríamos encontrar en ese lugar. Después podemos simular los sistemas para ver cuánto material podrían expulsar con el tiempo», explica Rice.

«Esta idea explica muy bien la alta densidad de estos objetos a la deriva en el espacio interestelar, y muestra que deberíamos encontrar hasta cientos de estos cuerpos en el próximo año», afirma Laughlin. Los investigadores además señalan que estudiar a estos viajeros interestelares supone una oportunidad «completamente inédita de analizar de cerca los sistemas extrasolares, por lo que este campo comenzará a dar multitud de resultados muy pronto».

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