Existe una frase muy conocida que señala que, “el remedio es peor que la enfermedad”, hoy se está discutiendo como obtener que las pensiones sean mejores, sin embargo, la discusión se ha centrado en un caso particular que da paso a un proceso muy complejo, por decir lo menos.

Hay errores que cometen algunas personas que producen efectos tan negativos con fines electorales, sin medir las consecuencias nefastas que ello implicaría, y eso se llama populismo barato y que tiene costos muy caros. Hoy vemos lo que está sucediendo en Perú, donde desde el año 2016, se implementó el hecho de que los afiliados pudieran retirar hasta el 95% de sus ahorros obligatorios, que siempre fueron destinados a la pensión, la mayoría de las personas que optaron por ese retiro, se encuentran en que se gastaron esos fondos que ahorraron toda la vida, en compra de diversos productos, pago de deudas etc. y eso se traduce en que  no tienen como solventar su vida, la de su familia y se quedaron sin pensión.

En nuestro país, la mayoría de las personas quisieran poder retirar esos fondos ahorrados obligatoriamente cuyo único destino es que tengamos un ingreso para los próximos 30 años y ello se llama una pensión, que es el fruto del ahorro de toda una vida. Sin embargo, hay que analizar con detalle los pro y contra de una medida tan compleja con los siguientes aspectos, desde mi punto de vista.

  • Si un afiliado tiene un fondo de $ 30.000.000 en una AFP, y estuviese autorizado a retirar, por ejemplo $ 10.000.000 eso significa que con los $ 20.000.000 restantes, no puede acceder a una renta vitalicia (pensión de por vida) y su dinero se terminará con el paso del tiempo y no podrá asegurar a su familia, ni tampoco postular a beneficios estatales, porque decidió quedarse sin pensión.
  • Al retirar todo su dinero ahorrado cuyo destino era tener un ingreso para la vejez, ese dinero se gastará en pagar deudas, dividendo, enfermedades, etc. y también se repartirá en necesidades propias de cada persona, es decir, su pensión se diluyó como el agua entre los dedos.
  • Cuando ya somos mayores, la vejez que es cara, solitaria, y triste, nos indica que nuestros hijos van creciendo, luego dejarán nuestra casa, formarán su propia familia, pero como decidimos retirar nuestros fondos, no tendremos como solventarnos, ni siquiera nos recibirán en una casa de reposo, porque decidimos no tener pensión. Por otra parte, al no contar con esa mensualidad, si fallecemos nuestro (a) cónyuge, no tendrá ni un porcentaje de esa pensión, porque ya no existe y será otro matrimonio más en pobreza y sin recursos propios.
  • Si ya se gastó esos fondos, de que viviremos, sin trabajo, solos, sin tener acceso a préstamos, no tendremos ingresos, y lo peor es que desprotegimos a nuestra familia, y ni siquiera tendremos derecho a bonificaciones o aportes estatales, seremos una carga para nuestros hijos o nietos.
  • Si se ha decidido retirar ese 95% de su ahorro obligatorio, no podremos pedirle al Estado que nos apoye ni con el pilar solidario, ni otro aporte, porque fue una decisión propia y no podemos exigir ni siquiera bonos porque tomamos una opción sin pensar en las desastrosas consecuencias para nuestra familia y nuestro futuro.
  • No hipotequemos el esfuerzo de años, por unos pocos pesos de hoy que se transformarán en un empobrecimiento mañana, que no podremos revertir, porque sólo pensamos en disfrutar esos ahorros sin pensar que la vejez llega más pronto de lo deseado y sin ese único sueldo seguro que habría sido nuestra pensión de por vida, no tendremos ningún ingreso, no pensamos en la familia, seremos más pobres, sin ingresos y lo peor sin pensión.

Margot Guerrero Bruner

Asesora Previsional

Corredor de Seguros

www.margotpensiones.com