Desde 1997 que el periodista británico Charles Moore ha intentado introducirse en la mente de la exprimer ministra británica Margaret Thatcher: su personalidad, lo que le gustaba, lo que detestaba. Su trabajo se ha visto plasmado en una contuntende biografía, cuyo tercer volumen salió publicado hoy y que lleva por nombre Margaret Thatcher, herself alone. Fue ese año en el que política conservadora designó a Moore como su biógrafo autorizado, dándole acceso ilimitado a todos y todo sobre su vida, bajo la condición de que no publicaría nada hasta después de su muerte, ocurrida en 2013.

En este tercer volumen, Moore explora sus años finales como jefa de gobierno (1979-1990), en los que se convirtió en una brexista convencida de que Londres debía tomar un camino paralelo al de la Unión Europea. También da cuenta su opinión de Ronald Reagan y entrega detalles de su salida del 10 de Downing Street. El libro también dedica algunas páginas a su estrecha relación con Augusto Pinochet durante el tiempo que estuvo arrestado en Londres en 1998.

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Moore cuenta que el arresto provocó la alegría de la izquierda, aunque el entonces primer ministro laborista, Tony Blair, decidió mantenerse al margen y dejar el asunto a las cortes. “El arresto fue extremadamente controvertido, porque a Pinochet se le negó la inmunidad que se le entrega a los exjefes de Estado y a las personas que viajan con pasaporte diplomático”, escribió.

“El caso despertó las pasiones de Lady Thatcher. Aunque ella nunca conoció a Pinochet antes de visitar Chile en 1994, momento en el que ambos ya estaban fuera del poder. Ella sintió fuertemente que Gran Bretaña le debía una gran deuda por sus acciones secretas durante la Guerra de las Malvinas (Falklands) en 1982”, señaló Moore. Desde entonces Pinochet y Thatcher se mantuvieron en contacto de manera amigable. De hecho, días antes de su arresto Pinochet fue a tomar té con los Thatchers en Chester Square, en Londres.

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Un radar en Punta Arenas

A Thatcher le “impresionaba cómo Pinochet había usado a los Chicago Boys, como Milton Friedman, con la ayuda de su exasesor Alan Walters, lo que había permitido que la economía chilena se recuperara de la era de (Salvador) Allende”. También le gustaba el “éxito” que tuvo Pinochet en “contrarrestar el comunismo en América Latina y que finalmente haya renunciado para permitir la restauración de la democracia”.

“Maggie” estaba en Estados Unidos cuando supo del arresto de Pinochet. Dos amigos chilenos le pidieron que interviniera y fue su asesor Julian Seymour quien le dijo que lo hiciera, apunta Moore. “Dejando de lado los temas de principio en relación a Chile, hay un principio que es directamente relevante para ti. He escuchado de dos familias (de nacionalidad española) cuyos hijos murieron en el Belgrano (el crucero argentino que fue hundido por los británicos en la Guerra de las Malvinas). He escuchado conversaciones en el pasado de su intención de entablar acciones judiciales en tu contra en España, conversaciones que hasta ahora han sido ignoradas”, le dijo Seymour según consta en la biografía.

Fue así como la primera ministra escribió una carta al diario The Times el 22 de octubre de 1998 para protestar por el arresto de Pinochet.

Moore dice que la contribución de Pinochet hizo una diferencia en la guerra, ya que a petición de los británicos, Pinochet instaló un radar militar en Punta Arenas lo suficientemente cerca para poder captar lo que estaba ocurriendo en la base aérea argentina Comodoro Rivadavia.

En marzo de 1999, Thatcher visitó a Pinochet en Virginia Waters y lo hizo de manera pública. A medida que el proceso continuó, la expremier le envió una botellla de whisky single malt con la siguiente dedicatoria: “Scotch (whisky escocés) es una de las instituciones británicas, que nunca te decepcionarán”.

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