“Pocas personas en la historia de nuestro país han enfrentado tiempos más difíciles y desafiantes como los que estamos atravesando hoy”, dijo el nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en su discurso inaugural en las escalinatas del Capitolio. Y razón tiene. No sólo asumió el país en medio de la peor crisis económica desde la Gran Depresión y la peor pandemia en más de un siglo, sino que se hace cargo de un país profundamente dividido, que vivió como una inimaginable tragedia nacional el asalto al Capitolio del 6 de enero pasado y que viene saliendo el periodo más diruptivo de su historia reciente. ¿Será capaz de enfrentar con éxito el desafío que tiene por delante? ¿Cómo se explica la profunda crisis que vive la democracia más antigua del mundo?

No ha faltado tinta para analizar la nueva era que comienza en Estados Unidos –y de paso, también, reflexionar sobre la otra, la que terminó al mediodía del 20 de enero pasado. Lo hizo la jefa de la oficina de Estados Unidos del diario español El País Amanda Mars en una extraordinaria columna publicada por La Tercera el jueves pasado, donde retrata con especial lucidez al nuevo mandatario: “Biden toma las riendas de un país en horas oscuras, con una capacidad muy especial de adaptación al medio (…) y el olfato suficiente para saber que esas cualidades distintivas suyas – la calidez, la moderación, la dulce normalidad- se tornarían el jarabe necesario para este vibrante país”. Aunque reconoce que ante sí, el mandatario tiene un reto “de calibre rooseveltiano”.

“Good luck Mr. President” escribe el analista y profesor de la Universidad Mayor Rodrigo Álvarez y razón tiene para desearle suerte ante el desafío que tiene por delante. Se hace cargo de un país que en los últimos cuatro años ha visto “resurgir la división, latente desde el fin del siglo XIX” y que está marcado hoy por la tensión entre “los grupos nacionalistas” y “los estadounidenses integradores e inclusivos”. Pero, además, apuesta a revertir una política exterior de Trump “que aceleró las ideas sobre el declive de Estados Unidos” y se distanció de sus aliados, sin distinguir entre amigos y enemigos. Un desafío complejo y en el que empezó a trabajar el mismo día de su asunción, con la firma de 17 órdenes ejecutivas que incluyeron el regreso al Acuerdo de País, la reincorporación a la OMS y el fin de la limitación de ingreso desde países musulmanes”.

Sobre los desafíos de Biden también escribió La Tercera en un editorial en el que apunta que si bien el nuevo mandatario deberá sacar a Estados Unidos de la severa crisis económica y sanitaria que enfrenta “el principal desafío que tendrá será “lograr unir a un país profundamente polarizado y cuya amenaza principal hoy es la violencia interna y no las agresiones externas”. Un hecho que quedó de manifiesto el 6 de enero pasado y que llevó al ex presidente George W. Bush a decir que Estados Unidos parecía una “republica bananera”.

Y precisamente Bananero tituló su columna sobre el tema Daniel Matamala el domingo pasado. Como dice el viejo chiste de que en Estados Unidos no hay golpes porque no hay una embajada de ese país, “toma otra acepción” con lo sucedido en el Capitolio. Y deja claro otro punto, que “la verdadera amenaza para ese país siempre estuvo dentro, en esos estadounidenses armados hasta los dientes y dispuestos a matar, pero a los que no se llama terroristas porque son blancos, cristianos y visten tenidas de camuflaje y no turbantes”. Un factor al cual hoy se le agrega otro, que quedó en evidencia en los días pasados, el extaordinario poder de las Big Tech. Y que hoy, en el siglo XXI la clave está en quién maneja los datos. “¿Bananeros? Sí, aunque la embajada ya no tenga mucho que ver. Ahora el poder está en unas oficinas de Sillicon Valley”, escribe.

Y para cerrar, es recomendable leer sobre este tema los análisis de dos de los académicos más destacados de los últimos años en el estudio de las crisis institucionales de los países: Daron Acemoglu, que advierte en una entrevista de Paula Escobar, del incremento de las tendencias autoritarias”; y Steven Levitsky, que analiza el efecto de la censura a Donald Trump en las redes sociales y las claves de la crisis institucional que atraviesa el país: “El uso de la libertad de expresión para promover la violencia debe tener un límite”, asegura en LT Domingo.

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