Agrupación Defensores del Regimiento de Infantería de Monte 29, buen día”, dijo Mauricio Macri para abrir la ceremonia. “Buen día, señor Presideeeen-TE”, contestaron los soldados. Y se dispusieron a cantar el Himno Nacional Argentino con esa energía distintiva con que lo hacen las formaciones militares.

Gran expectativa causó en la familia militar la presencia de Mauricio Macri en el Regimiento Patricios para realizar el primer homenaje de un presidente a los soldados caídos en el ataque montonero al cuartel de Infantería de Monte 29, perpetrado el 5 de octubre de 1975.

En su discurso, el presidente Mauricio Macri indicó que su presencia era para “rendir homenaje a los trece héroes asesinados” en el operativo montonero durante el “gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón”, y reconoció a los fallecidos como “vidas entregadas en cumplimiento del deber”.

“Nos lo debíamos como sociedad. Durante mucho tiempo el Estado guardó silencio frente a las víctimas, silencio que duele. El terror y la violencia de los setenta debe ser recordado como un capítulo de nuestra historia y como un país al que nunca más queremos volver”, afirmó el jefe de Estado.

Mauricio Macri hizo un rápido repaso sobre lo que ocurrió en el ataque al cuartel formoseño. La operación incluyó el secuestro de un avión Boeing 737 en Aeroparque, el cual llevaba 102 pasajeros y 6 tripulantes a bordo; el copamiento del Aeropuerto El Pucú para facilitar la huida del lugar; y la fuga también en un Cessna 182.

Tomaron de rehenes a cientos de personas. Asesinaron a Neli Argentino Alegre, que prestaba servicio a la comunidad desde la Policía Provincial, y después atacaron al Regimiento. Doce vidas más se cobró la defensa del cuartel; trece víctimas entregadas al cumplimiento del deber”, afirmó el Presidente, quien anunció que la próxima semana oficializará con un decreto un subsidio extraordinario en concepto de beneficio indemnizatorio.

Definitivamente, era una deuda pendiente de la democracia, ya que 44 años después de ese copamiento ejecutado durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, no solo se privó a los oficiales y conscriptos del reconocimiento simbólico, sino que colocó a los familiares de las víctimas en desventaja económica frente a las pensiones que recibieron los familiares de los atacantes.

El acto se transformó -además- en un reconocimiento a los oficiales y conscriptos del Ejército que fueron asesinados por organizaciones guerrilleras entre 1973 y 1976. Las circunstancias de su muerte fueron explicadas en cada caso y todos sus familiares fueron especialmente reconocidos.

Luego, cada familiar de los 12 soldados caídos en el copamiento de Formosa recibió del Presidente un cuadro con la foto del homenajeado.

Mauricio Macri abraza a familiares de las víctimas del ataque (Fotos: Adrián Escandar)

Mauricio Macri abraza a familiares de las víctimas del ataque (Fotos: Adrián Escandar)

El Presidente ingresó al gran salón del Regimiento Patricios, en Palermo, donde se tuvo que realizar el acto por la persistente lluvia que cayó sobre la ciudad de Buenos Aires desde muy temprano, acompañado por el ministro de Defensa Oscar Aguad y el titular del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Bari del Valle Sosa y del Ejército Claudio Pasqualini.

Antes de que Macri diera su discurso, el jefe del Ejército fue el primero en hablar: “Recordamos a jóvenes hombres que entregaron su vida por la Patria a través de sus familiares que hace tantos años vienen cargando con esta pérdida”.

“Las instituciones republicanas funcionaban normalmente, pero fue un tiempo donde la violencia reemplazó el diálogo”, puntualizó Pasqualini y destacó que se trataba de “jóvenes sencillos, que creían en el respeto por la Patria y cayeron en defensa de un gobierno constitucional y democrático, que permanecen anónimos para muchos argentinos”.

Finalmente, precisó que eran “hijos de trabajadores argentinos de vida sacrificada y dura que dejaban atrás la adolescencia y se estaban haciendo hombres”. Y sobre Hermindo Luna, el conscripto que fue ametrallado por negarse a entregar su arma (“¡Acá no se rinde nadie, mierda!”), recordó que era “hijo de un albañil, con 11 hermanos, un gran corazón y un profundo patriotismo”.

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