En los comienzos de la década de los ochenta, en una de las tantas labores pioneras que he realizado en nuestro país, le propongo a mi querido amigo Ricardo Calderón, que realicemos en el auditórium de Radio Portales, para nuestro programa, “Portaleando la Tarde” una experiencia de preparar con hipnosis a los estudiantes que darían, en ese entonces, la llamada Prueba de Aptitud Académica, hoy PSU.

  • Llenamos el auditórium de la radio, y los resultados fueron espectaculares. De allí comencé, en forma permanente, hasta el día de hoy, a realizar talleres de preparación para lo que hoy es la PSU y los Exámenes de Grado.

EL DRAMA

Como cada año, nuestros estudiantes y sus familias, enfrentan la proximidad “del drama” de las pruebas finales, sumándose la población que enfrenta los temidos Exámenes de Grado o la PSU.

Todo un maremágnum de angustias, nerviosismos y enfermedades psicosomáticas hace su aparición en nuestros hijos. En las zonas aledañas a los centros educativos; cafeterías; Metro; Transantiago, y donde quiera que los estudiantes existan, la característica guirigay de otras fechas, es ahora sustituida por ese clima de seriedad, preocupación y desabrimiento que acompaña la llegada de “los Exámenes”; de la PSU.

Sin embargo, ante este “drama”, habría que formularse un interrogante del siguiente contexto:

  • ¿Por qué una actividad como ésta, del estudio, se convierte eventualmente en una fuente de pequeños y grandes sufrimientos?

Principalmente, si asumimos que la tensión que se genera, hace sucumbir a millones de estudiantes cada año en todo el mundo, impidiéndoles alcanzar sus metas.  Horas de trabajo, de estudio se ven frustradas por no poder manejar el “nerviosismo”. Sforzini 1980

Inconcusamente, las evaluaciones académicas no son esperadas, ni mucho menos, enfrentadas, con especial júbilo por la gran mayoría de los estudiantes. Por el contrario, el período de exámenes adviene tomado de la mano con toda una constelación de sinsabores, sufrimientos y trastornos psico-emocionales.

No exageraríamos mayor cosa si decimos que con este asunto de los exámenes, de la temida PSU, los escolares se ven abocados a un reiterado “régimen del terror”.  

LA FAMILIA

Tampoco podemos soslayar el hecho de que esta situación nos estará expresando que:

1.- Se pone de manifiesto lo que hemos obrado por ellos como padres y/o como sociedad, para incorporarles la autoestima suficiente para enfrentar con una cierta dosis de confianza en sus propios medios estos primeros avatares de la consecución de metas, objetivos y manejo de situaciones estresantes.

2.-Puede existir una inseguridad muy grande, producida por la incomprensión de los materiales de estudio, que es capaz de originar por sí sola esa angustia, rayana en pánico de nuestros hijos-estudiantes frente al calendario de exámenes.

EL ESCENARIO

  • Basta “darse una vuelta” por los escenarios del drama si alguien quiere comprobar lo dicho. Nos encontraremos con rostros lívidos, quebrantados por el trasnocharse permanente, recitándose unos a otros párrafos, fórmulas, definiciones, fechas o incisos y donde quizás percibiríamos más “lapsus calami” de lo normal.

Y si los observáramos cuando enfrentan las evaluaciones orales, veríamos que, algunos como única respuesta a la pregunta del examinador, caen en un mutismo absoluto, con la mente convertida en mil ideas confusas e inasibles, o en un vacío enorme y aterrador.

  • También los hay, disparando frases compulsivamente, donde a veces parecen “rimar” el apellido de un personaje histórico con una fórmula química.

También podríamos encontrar casos de ambos sexos, desmayándose literalmente durante el juicio supremo: El Examen; La PSU

De otro lado, el espectro del sufrimiento se incrementa:

Actuación del Sistema Simpático-Parasimpático

  • Jaquecas
  • Insomnio
  • Actos Bulímicos
  • Anorexia
  • Alteraciones endocrinas
  • Trastornos digestivos
  • Desórdenes psicosomáticos.

Para colmo, las cosas no van mejor emocionalmente:

  • Irritabilidad
  • Nerviosismo
  • Angustia
  • “Depresión”
  • Antagonismo
  • Miedos y,
  • Obsesiones completan el paisaje.

Con todo lo dramático que pueda resultar lo anterior, hacer unos inventarios de síntomas no conduce, después de todo, a la solución de un problema.

Para empezar a contestar la pregunta formulada al comienzo, es necesario pasar ahora al blanco adonde apuntan los exámenes: Las notas. Las calificaciones. Hemos arribado al punto que resume toda la irracionalidad de la “educación” moderna.

  • Una actividad que envuelve sufrimiento y que no conduce a la felicidad, no puede ser educación.
  • Por otra parte, debemos incluir aquello que es cada vez más un dolor de cabeza para los padres, profesores y alumnos: Los trastornos del aprendizaje
  • El proceso educacional no está preparado aun para lidiar con estos niños que antes no eran detectados por el sistema.

Nuevamente nos encontramos conjugando visceralmente el verbo sufrir.

  • Por experiencia personal o por observación, quien haya sido estudiante ha debido conocer el suplicio doloroso de un 3,9.
  • Definitivamente, se estudia por un alguarismo.
  • Así de simple.
  • Y de absurdo.
  • En este campo entran tantos aspectos de la absurdidad como en el de los exámenes.

Metidos en un “juego” en el que la nota tiene un papel definitivo, muchos estudiantes utilizan las vías más insólitas en la consecución de las esquivas décimas y centésimas.

  • Tal vez cuando las instituciones educativas entreguen a los estudiantes una comprensión efectiva de las ciencias y las artes, empezaría a tomar algún sentido el actual régimen escolar.
  • La realidad es que nuestro sistema educativo está orientado a cuantificar el rendimiento de sus pupilos, y para ello, se fomenta el vomitar sobre pruebas y exámenes.
  • Adquirimos un conocimiento temporal sin mayor valor posterior.

Desde la escuela elemental, el estudiante es matriculado en una actividad atiborrada de formalismos en la que los conceptos de:

  • Ganar-perder y
  • De bueno-regular-malo que habrán de convertirse en los barrotes de una verdadera trampa.
  • Dentro de este orden de ideas, el mismo “compañerismo” estudiantil adquiere formas contradictorias.
  • Muchas veces fomenta ese profundo sentimiento de solidaridad y de cariño, fruto de comunes sinsabores.
  • Otras veces hace nacer celos y rivalidades que perduran más allá de lo prudente, provocando así también las primeras grandes rencillas con y el mundo que nos tornan resentidos, envidiosos, rencorosos.
  • Conocemos estudiantes que denuncian a sus compañeros de obtener calificaciones superiores copiando, sólo porque ellos aspiran a ocupar su lugar o porque se resienten de que sus esfuerzos no tienen el mismo mérito de quién hace trampas plagiando.

Pero basta de romanticismo; un estudiante de un uno a tres es “malo”, el de tres a cuatro es “regular” y el de cuatro a cinco, “bueno” y sucesivamente.

Una última pregunta:

  • ¿A qué obedece el “privilegio” de un estudiante que, por haber “computado” un cuatro en todas sus materias durante el respectivo ciclo académico, puede darse el “lujo” de presentarse a las pruebas con un mínimo esfuerzo, para obtener en ellas la nota que le “garantiza” salvar su año, mientras que otros deben esforzarse en un mar de agonías para alcanzar un mísero tres?

Es indiscutible la existencia de los “buenos estudiantes”. Hay, en efecto, un apreciable número de niñas y muchachos a los que, en principio, no parece razonable incluirlos dentro de la problemática planteada en los párrafos anteriores.

  • No estoy diciendo que haya algo de malo en ser “buen estudiante”, sino señalando de qué manera ello puede resultar, muchas veces, completamente inútil.
  • Además, habría que investigar seriamente el nivel de bienestar físico, mental y emocional de la gente que estudia, explorando, no sólo las aulas, sino el contexto social y familiar y el propio contexto profesional que sigue a las graduaciones académicas.

A través de mi experiencia profesional y la oportunidad multiplicada de conocer muchos más casos que el común de los profesionales del área por mi trabajo en los medios de comunicación, y en las charlas o cursos a través de nuestra “Escuela para Padres” por cerca de cuarenta años, he visto tantos niños-adultos infelices que fueron “obligados” a rendimientos académicos cargados de excelencia, pero castrados en lo humano.

  • Ellos son los trabajólicos de ayer, de hoy y de mañana, que tienen como sentido de la existencia la perfección en cada cosa que hacen, ya sea en lo profesional o laboral, sin embargo, sus vidas afectivas están cargadas de fracasos y decepciones.
  • Sería interesante que las personas involucradas o interesadas en el tema observarán directamente qué tipo de secuencia o relación puede establecerse entre lo que la gente “aprende” y la marcha de la vida cotidiana en nuestra sociedad.

Las soluciones que hayan de intentarse deberán incluir, necesariamente, un cambio radical en la metodología de los estudios formales. Corresponde a las autoridades educativas cristalizar las reformas requeridas.

  • Este artículo lo escribí por primera vez, en la década de los ochenta, hoy finalmente veo que lo que pregoné por radio y televisión en mis distintos programas, esta tomando cuerpo y se piensa en eliminar las notas en los primeros años
  • Como la educación es un todo, no sería justo echarle toda la culpa al régimen de exámenes, notas y títulos. Ellos son el remate de un errático sistema de enseñanza, cumplen, estrictamente hablando los requerimientos legales para ganar y/o perder años académicos y para “doctorarse” en las diferentes ramas del “saber”.
  • Un estudiante puede abandonar el estudio de una materia o de una carrera, literalmente vencido en su esfuerzo por entender y comprender el contenido de la ciencia en cuestión y, si esto sucede es por ausencia de un método que le permita estudiarla, comprenderla y aplicarla.
  • Es decir, lo que el estudiante necesita no es que “le enseñen” álgebra sino la forma de estudiarla, de aprenderla.
  • Este el resultado práctico de la ‘Técnica de Estudio Hubbard”, que logra habilitar al estudiante para una comprensión completa de sus materiales de estudio y ella permite al sujeto pasar a través de las barreras que normalmente le impiden ‘penetrar” al mundo del “concepto”, simbolizado por el lenguaje al cabo de lo cual él es capaz de aplicar exitosamente la información asimilada.

Necesitamos de una vez por todas, un cambio trascendental en la forma de estudiar y con ello, pasaríamos a contar con verdaderos “estudiantes” no ganadores de años, de títulos, de notas-, personas que sabrían qué hacer y qué no hacer con los problemas de la vida, de la sociedad, del universo.

Y EL DRAMA CONTINÚA

  • “Pasar o no pasar” “
  • ¿Lograré el puntaje necesario?” es la shakesperiana disyuntiva en la que se debaten nuestros estudiantes.
  • Muchos de ellos, en la antesala de las pruebas afirman que “no se sienten seguros” de “Saber” realmente la materia a la que le han dedicado tantas horas o meses de estudio.

Dramático epílogo que demanda un cambio radical y urgente. Mientras nuestra sociedad no de las respuestas adecuadas como tal al gran dilema que hemos representado en esta columna.

  • Nuestros talleres enseñan a nuestros estudiantes a resolver los problemas de autoestima; concentración; confianza y tranquilidad, técnicas de estudio y lectura veloz.

COROLARIO

Por último, como un mensaje para los padres, como lo comenté alguna en la “Escuela para Padres” que realizábamos con Gerardo Ayala en la Radio Universidad de Chile, 102.5 FM; con Julio Videla en Radio Gigante y en “La Mañana por Cooperativa” con Cecilia Rovaretti en un ciclo de programas;

 Entender que lo que nuestros hijos nos muestran finalmente en sus distintas etapas como estudiantes, es:

  • El camino que hemos sabido recorrer junto a ellos;
  • Como les hemos estimulado;
  • Criticado
  • Apoyado
  • No ha sido un acto libre y un ejercicio de sus facultades volitivas y cognitivas, ha sido nuestro actuar como familia y, por último
  • En sus éxitos y fracasos estamos absoluta y enteramente reflejados, a la sazón, no actuemos como sus jueces sádicos.

Por Víctor Sforzini

TESTIMONIAL

Les dejo para su reflexión y análisis relato de Norman Agurto, hoy exitoso médico-psiquíatra, quién en su primer intento no logró sus metas , que eran estudiar medicina, pero mejor, dejemos que el nos cuente su experiencia y comprenderemos mejor lo que estamos explicitando:

LA ISLA DE LA TRANQUILIDAD

La primera vez que di la PAA, la noche anterior probé todos los consejos que te dan para poder relajarte:

  • No repasé nada;
  • Hice deporte durante el día;
  • Unos cuantos masajes, etc.;
  • Pero, a las 2. a.m. tuve que levantarme a hacer abdominales para ver si me cansaba y podía dormir;
  • Mi sueño de ninguna manera fue reparador, al día siguiente realmente estaba incómodo con la rigidez de cuello que tenía;
  • Desayuné a medias por las náuseas y,
  • Durante la PAA tenía pensamientos intrusivos sobre lo que iba a hacer si no quedaba en la universidad que me desconcentraban.

¿Resultado? A pesar de un año de buen estudio, asistiendo a dos preuniversitarios y logrado un puntaje de 709 ponderado no logré ingresar a medicina que era el objetivo.

CON HIPNOSIS, SEGUNDA VEZ

Durante el año siguiente asistí nuevamente a preuniversitario, no asistía mucho a clases, me iba temprano y carreteaba harto con mis compañeros, estaba muy consciente de que el conocimiento estaba, solo faltaba más confianza para enfrentar el día decisivo (porque no sirve de nada el entrenamiento si no estás dispuesto a afrontar el gran reto con valentía) es aquí cuando conocí la hipnosis.

Con Víctor hicimos un trabajo de aproximadamente seis meses, con hipnosis semanales dirigidas a:

  • Controlar los procesos mentales a voluntad;
  • A lograr el grado de concentración que requiere;
  • A refrescar la memoria de largo plazo y aumentar el rendimiento de la de corto plazo y,
  • A lograr una relajación corporal total en minutos si yo lo deseaba.

CONSECUENCIA:

La semana previa a la segunda prueba de la PAA, me dediqué a hacer lo que me gusta:

  • No tuve pensamientos sobre lo que pasaría posteriormente;
  • Mis músculos estaban completamente relajados y,
  • Las noches las pasé durmiendo como un bebe sin sueños relacionados a la PAA.

El día D me levante de un salto:

  • Me sentía listo;
  • Con confianza y seguridad;
  • Nada podría perturbar mi concentración ni siquiera la angustia de mi padre ni las manos temblorosas de mi madre que dejaron caer una taza de té.
  • No tuve náuseas;
  • Desayuné con entusiasmo;
  • Mantuve el control mientras cambiaba el neumático que se nos reventó llegando al colegio, faltando 15 minutos para entrar.
  • Estaba muy despierto y me di cuenta, durante el período de la (s) prueba (s), que a mi alrededor había un mar de ansiedad y angustia entre los demás estudiantes;
  • Había enormes dosis de risas nerviosas y simulada indiferencia;
  • Los cigarrillos abundaban en las manos temblorosas de los demás, en cambio yo era una isla de paz y tranquilidad que se notaba, podría decir que brillaba en mi frente el símbolo de la confianza.

MI GRAN LOGRO

  • La verdad es que al salir de la prueba de biología estaba triste (las otras fueron realmente un chiste, me sobró en cada una como media hora y no necesite revisarlas porque sabía que las respuestas eran correctas), triste porque quería contestarlas entera como las otras, pero tuve que dejar dos omitidas.
  • El cuento termina cuando recibo un llamado un día antes de los resultados en el que me decían que fui puntaje nacional de biología con 764 puntos y que me faltaron dos puntos para el nacional de matemáticas y cuatro puntos para el de historia.
  • En mi opinión, el trabajar con Víctor lo que él en el deporte denomina la “angustia pre- competitiva” más la hipnosis para regular y controlar los efectos del estrés, fue la gran ayuda que necesitaba.

No hay que creer que es un proceso mágico lo que hace es:

  • Darte las herramientas para ordenar tu mente y controlar tus emociones;
  • Logras mejorar tu rendimiento y,
  • Logras que tus potencialidades se expresen completamente;
  • De ninguna manera te da poderes extraordinarios, lo que logras es usar todos tus conocimientos y habilidades y,
  • En un momento preciso anular toda la ansiedad anticipatoria que disminuye tu confianza cuando vas a enfrentar un reto importante, te relaja en los momentos más tensos. ( Norman Agurto)

por Victor Sforzini Sepúlveda