Durante mucho tiempo la Asociación de AFP siguió un enfoque tecnocrático, centrado en las tasas de retorno y en el cumplimiento de la normativa existente. Esta actitud se percibió como “alejada de la gente”, de sus aspiraciones y de sus angustias.

Una de las lecciones de los últimos años es que las personas desean y exigen cercanía y comprensión; las familias quieren que las autoridades, las empresas, los empleadores y las AFP entiendan sus miedos y sus temores. El miedo a enfermarse, a una vejez de pobreza y privaciones, a calamidades no atendidas. Estas lecciones se hicieron especialmente patentes —incluso para quienes por años las habían ignorado— con la pandemia. Por todo lo anterior es necesario —esencial, en realidad— aumentar la empatía. La Asociación de AFP debe ser capaz de ponerse en el lugar de otros, en el lugar de los trabajadores y trabajadoras chilenas. Eso es, justamente, lo que nos proponemos hacer en el futuro.

Pero el problema no ha estado restringido a la Asociación de AFP. El tono del debate ha sido áspero y muchas veces innecesariamente violento y descalificador. Esto va minando las confianzas en las autoridades, en los expertos, en los que han tomado responsabilidades por los demás —el capital social más importante de una sociedad—. No se trata de que nuestras instituciones sean infalibles; se trata de que nos respetemos en nuestros roles, sepamos pedir disculpas y también sepamos aceptarlas.

Al revisar las columnas, entrevistas y opiniones de los últimos años —incluyendo las aparecidas durante los últimos días— es inescapable concluir que, hasta ahora, la discusión ha sido extraordinariamente “masculina”. Una discusión agresiva, del tipo “yo lo dije primero”, “fue idea mía”, “lo tuyo es una tontería”. Estas estrategias combativas no llevan a buen puerto. No son prácticas, y no mejorarán el sistema de pensiones. Es necesario respirar hondo, sentarse alrededor de la mesa y hablar con seriedad, con la verdad y en forma sincera.

Tenemos algunas sugerencias: Para aumentar las pensiones en el corto plazo proponemos una Pensión Básica Universal (PBU), generosa y financiada, en reemplazo del actual sistema de PBS y APS. Desde luego que esta no es una idea original. Ya la han propuesto otros y otras.

¿Qué importancia tiene que no sea una propuesta completamente “novedosa”? La verdad es que no tiene ninguna importancia. Lo que sí es importante es que aún no se implementa. Lo recientemente sugerido por el Gobierno sobre el Pilar Solidario es un paso en la dirección correcta, pero insuficiente.

¿Qué queremos decir por “universal”? Muy simple: lo que dice el diccionario: “Común a todos en su especie, sin excepción de ninguno”. Un aspecto controversial de la “universalidad” es que personas de altos ingresos recibirían la PBU. La manera equitativa y eficiente de enfrentar este problema es cobrando un impuesto suplementario a los pensionados en el 10% o 20% superior de la distribución del ingreso. El monto de este suplemento sería el de la PBU. Desde un punto de vista logístico esto reemplaza el proceso actual, en el que se identifica a las personas de menores ingresos por medio de un proceso complejo, por un sistema que identificaría a quienes reciben mayores ingresos, lo que es más eficiente y práctico.

¿Qué significa que la pensión propuesta sea “básica”? Que es el mismo monto para todas las personas mayores de cierta edad. Una cantidad pagada sin distinción de si estuvo empleada o no, o cuántas son sus contribuciones. Esto beneficiaría especialmente a las mujeres que han pasado una vida en sus hogares, cuidando a otros, trabajando sin remuneración monetaria. Esta característica del plan hace que sea extraordinariamente redistributivo.

¿Qué significa que la PBU sea “generosa”? Lo adecuado es que su monto cubra la línea de la pobreza, algo que recientemente ya ha propuesto el Gobierno para la PBS.

¿Cómo se financiaría? Lo primero es reconocer que el financiamiento de este proyecto requerirá nuevos ingresos (netos) del sector público. Se deberá aumentar la recaudación, por medio de una mayor base tributaria, la eliminación de exenciones, y aumentos de algunas de las tasas de impuestos. En el corto plazo, y como transición a un nuevo sistema tributario, se puede recurrir a las “holguras” mencionadas por el ministro Rodrigo Cerda y a un aumento temporal y acotado de la deuda.

Escrito para El Mercurio por Alejandra Cox
Presidenta Asociación de AFP
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