La Tierra está felizmente protegida por un escudo magnético de las letales oleadas de radiación que nos llegan continuamente desde el Sol y de otras fuentes mucho más distantes, en las profundidades del espacio. El origen de esa defensa natural se encuentra en el centro mismo de nuestro planeta. De hecho, el gigantesco campo magnético que nos envuelve como un manto protector se genera como consecuencia de la rotación del ardiente hierro líquido que se agita alrededor del núcleo externo de nuestro mundo.

Sin embargo, como los científicos saben muy bien, ese campo magnético parece gozar de vida propia, y un par de veces cada millón de años gira, y al hacerlo sus polos se invierten, de forma que el polo norte magnético se convierte en el polo sur, y viceversa.

Y ahora, un nuevo estudio capitaneado por Yves Gallet, director de investigación del Instituto de Física del Globo de París, en el Centro Nacional Francés de Investigación Científica, sugiere que los polos magnéticos pueden invertirse mucho más deprisa de lo que se creía. Y que eso precisamente fue lo que sucedió hace unos 500 millones de años, durante el periodo Cámbrico, precisamente cuando los seres vivos de la Tierra estaban evolucionando hacia formas de vida más complejas. En aquellos momentos, Gallet y su equipo han llegado a detectar hasta 26 inversiones en un solo millón de años. El trabajo se acaba de publicar en Earth and Planetary Science Letters.

Sedimentos de Siberia

Para comprender qué es lo que sucedió en ese periodo, los investigadores franceses, junto a colegas de la Acadenia de Ciencias de Rusia, recogieron muestras de sedimento de un afloramiento de hace 500 millones de años en el noreste de Siberia.

De vuelta a sus laboratorios, los científicos determinaron la orientación de las partículas magnéticas atrapadas en los sedimentos calentándolos lentamente hasta temperaturas extremas, para desmagnetizarlos. La orientación de las partículas se corresponde con la dirección del campo magnetico en el momento y en el lugar en que se depositó el sedimento. Los investigadores ajustaron la edad de los sedimentos datando fósiles de trilobites encontrados en las mismas capas de terreno. De esta forma pudieron averiguar en qué momentos los polos magnéticos se invirtieron.

Gallet y sus colegas descubrieron que hace unos 500 millones de años, el campo magnético del planeta se invertía aproximadamente 26 veces cada millón de años, que fue la mayor frecuencia encontrada. Gallet califica esta situaciuón de “extrema”, ya que hasta hace poco, cinco inversiones por cada millón de años se consideraba una tasa muy alta.

Además, los investigadores se dieron cuenta de que, pasados unos pocos millones de años, esa extraordinaria frecuencia se redujo rápidamente, de forma que entre hace 495 y 500 millones de años el campo magnético empezó a invertirse a una velocidad de una o dos veces cada millón de años, que es la tasa que se observa en la actualidad.

Según el investigador, “la idea dominante durante muchos años era que la frecuencia de las inversiones del campo magnético solo podía evolucionar de forma gradual a lo largo de decenas de millones de años. Pero aquí mostramos un cambio repentino en la frecuencia de inversión, que ocurre en una escala de tiempo de un solo millón de años”.

El temor de que suceda pronto

Queda claro que hace 500 millones de años tuvo lugar algún proceso desconocido en la actualidad en el núcleo externo de la Tierra. “Pero no está claro qué fue exactamente lo que empujó al campo magnético de la Tierra a girar a esa velocidad”, asegura Gallet. Una posibilidad es que la “culpa” la tuvieran una serie de cambios en la temperatura del hierro líquido que forma el núcleo externo. Aunque también es posible que la causa fuera que el núcleo interno, hoy sólido, hubiera empezado a enfriarse y solidificarse precisamente hace unos 600 ó 700 millones de años, lo que por supuesto habría afectado al comportamiento del campo magnético.

La última inversión del campo magnético ocurrió hace aproximadamente 780.000 años, y aunque existe la preocupación de que vuelva a suceder pronto, lo que podría debilitar temporalmente nuestras defensas y permitir que nos alcance la radiación solar dañina, es probable que ese “pronto” no deba entenderse en términos de años humanos.

“Es importante recordar – explica Gallet- que la escala de tiempo que estamos considerando para la evolución de la frecuencia de inversión magnética es de al menos unos pocos millones de años”. Y a esa escala, las inversiones del campo magnético podrían evolucionar para ser más o menos rápidas. Pero “una inversión de polaridad magnética no es algo que pueda suceder de hoy para mañana”.

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