Hoy tiene 30 años y el domingo 8 de septiembre pasado escuchó de su abuela que alguien había denunciado por abuso sexual al Premio Nacional de Ciencias, Pedro Labarca. Quedó impactada. Pidió que le leyeran el relato. Su abuela también sabía por qué era tan importante esa noticia.

Se enteró así que, Ileana Elordi, a quien conoció cuando ambas eran niñas, acusaba que Labarca la había masturbado cuando tenía solo nueve años. La historia, pese a no ser idéntica a la suya, tenía similitudes que la dejaron sin aire.

C.O. prefiere compartir su vivencia con el científico en forma anónima. Estampó sí su firma, su rut y todos sus datos en la acción penal que ingresó hoy martes ante el 13er Juzgado de Garantía de Santiago.

“Sucedió en Santiago antes de que Pedro se mudara a vivir a Valdivia”, dice la querellante quien además respondió preguntas de este medio por correo electrónico. “Fue una noche en que su hija estaba de visita en casa de él y yo me quedé a dormir con ella. Sucedió en el segundo piso, yo estaba jugando en un computador que había en el pasillo. Él se sentó detrás mío y empezó a hacerme tocaciones durante largo rato”, dice.

Tenía diez años cuando ocurrió ese episodio, pero en ese mismo instante supo que Labarca le había hecho algo malo. Vivía a pocas casas de distancia del biólogo quien entonces tenía su residencia en la Comunidad Ecológica de Peñalolén. Sus padres eran amigos de él, incluso su mamá llegó a tener llaves de la casa de Labarca en caso de que ocurriera cualquier emergencia mientras científico estuviera fuera de Santiago.

A los 15 años, C.O. le contó a su madre lo que sus recuerdos arrojaban de esa noche en la casa del vecino. La furia materna la dejó paralizada. Cuenta que tuvo que rogarle a su mamá para que no partiera a tomar represalias contra Labarca. La asustó además la sola posibilidad de que alguien no fuera a creerle.

“Hasta hace un mes atrás, nunca quise llevar adelante acciones legales. Siempre tuve miedo de que no me creyeran y lo sigo teniendo. A eso se le sumaba el hecho de que el crimen ya estaba prescrito y él era un científico reconocido”, dice. Relata que nunca fue a terapia ni vio sicólogos por esto. Y que fue solo en 2017, momento en que tuvo que lidiar con problemas sexuales que, a su juicio, derivan del abuso, que se decidió a enfrentar a Labarca, llegando a pensar en viajar hasta Valdivia -ciudad donde el científico se desempeñaba como investigador del Centro de Estudios CECs hasta el día de su muerte en julio de este año- para encararlo.

“Empecé a enfrentarme por primera vez a las secuelas que me había dejado el abuso. Influyeron muchas cosas”, dice, “el destape nacional e internacional que estaba habiendo, víctimas que empezaron a romper el silencio, y a su vez, el cambio de paradigma que empezó a hacerse palpable: las mujeres ya no estábamos dispuestas a seguir normalizando situaciones que atentaban contra nuestro amor propio, dignidad y seguridad”, explica. “Esa mezcla de factores me hizo empezar a revivir el trauma, a darme cuenta que no estaba bien lo que me había sucedido y que, aún si no me hubiese violado, el hecho de que me hubiese tocado a tan temprana edad había marcado para siempre mi sexualidad y la manera en la que me relacionaba con mi propio cuerpo. Ese año empecé a tener dificultades en el plano sexual con mi pareja de ese entonces, no por él, sino por lo que me hacía sentir el acto sexual en sí mismo: tensión, miedo, asco”.

La querella interpuesta hoy se suma a la que Elordi ingresó al Juzgado de Garantía de Valdivia en septiembre pasado. Ambas denunciantes tomaron contacto, lamentan que Labarca no esté para dar explicaciones y las dos están de acuerdo en que la reputación del destacado investigador y docente de la Universidad de Chile y universidades de habla hispana, deba ser revisada. Al igual que Ileana, la segunda querellante espera que a Labarca le quiten el estatus de Premio Nacional de Ciencias 2004.

A través de Ileana, C.O. llegó a la Fundación para la Confianza, corporación que junto a las víctimas de Fernando Karadima penalizaron los abusos de párroco del El Bosque y otras causas. Así fue como el abogado Juan Pablo Hermosilla patrocina hoy ambas querellas por abuso sexual de menores que pesan sobre todos quienes resulten responsables. Mientras la denuncia de Elordi ya tuvo admisibilidad por el tribunal –y se despachó una orden de investigar por parte de Fiscalía-, el abogado espera que ambas investigaciones se agrupen y explica a este medio que fue solicitado ante el tribunal su acumulación. Según Hermosilla, los hechos revisten características coincidentes.

Finalmente la segunda querellante explica por qué quiere mantener su nombre en reserva. “No quiero que se sepa mi nombre porque es una manera de protegerme a mí misma. Aún siento miedo cuando tengo que hablar de este tema con desconocidos. De hecho, muchas veces me siento dividida: está la mujer hoy de 30 años que está tranquila sabiendo que esto es lo que hay que hacer; y por otro lado, está la niña de 10 años que aún está paralizada y aterrada”.

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