El alemán nacionalizado estadounidense John B. Goodenough (97), el británico Stanley Whittingham (78) y el japonés Akira Yoshino (71) son los ganadores del Nobel de Química 2019 por el desarrollo de las baterías de iones de litio.

Ese fue el anunció de la Real Academia de las Ciencias de Suecia y con él, Goodenough se convierte en la persona de mayor edad en recibir este galardón.

El premio se otorgó en razón del trabajo que han realizado en los últimos 40 años, una la labor que “sentó las bases para una sociedad inalámbrica y libre de combustibles fósiles” y que ha hecho que“las baterías de litio revolucionen nuestras vidas”.

Es una “batería ligera, recargable y potente ahora se usa en todo, desde teléfonos móviles hasta computadoras portátiles y vehículos eléctricos. También puede almacenar cantidades significativas de energía de la energía solar y eólica, haciendo posible una sociedad libre de combustibles fósiles”, destaca la Real Academia.

Para Judit Lisoni, directora del Núcleo Milenio de Materiales Multifuncionales para la Ciencia Aplicada en Superficies (NM de Nanotecnología-Multimat), el premio Nobel de esta oportunidad es el mejor ejemplo de un circuito virtuoso entre desarrollo de ciencia básica y transferencia tecnológica.

“Las baterías que hoy están en el mercado, en tu celular, en los vehículos eléctricos, no han cambiado mucho en los últimos 30 años. No hay nada muy distinto al aporte que hicieron los tres premiados. Lo que ha cambiado es la ingeniera, pero la base es la misma”, dice.

La principal características de este tipo de baterías es que pueden almacenar mucha energía en un equipo pequeño y eso hace que los celulares pese a todas las aplicaciones y tecnología que tienen puedan durar tantas horas funcionando y los nuevos vehículos tengan cada vez mayor autonomía.

“Entre los tres investigadores cerraron el ciclo desde la ciencia básica hasta la transferencia tecnología”, desde la creación más rudimentaria de una batería hasta la patente de un prototipo que se espera sea la alternativa a los combustibles fósiles”, dice la investigadora.

Historia

En los años 70, en plena crisis del petróleo, Whittingan pudo desarrollar la primera batería de litio funcional. Para ello, empleó el enorme impulso del litio para liberar su electrón más exterior. El aparato tenía apenas dos voltios. El profesor de las universidades de Oxford y Stanford, utilizó litio metálico, un material que es reactivo por lo que en la práctica la batería recién creada era una verdadera bomba explosiva.

Luego vino la contribución de Goodenough, quien fabricó una batería de litio con el doble de potencia que la anterior gracias a la utilización de óxido metálico de litio en lugar de un sulfuro metálico de litio.

Yoshino, el investigador japonés, logró eliminar el litio puro de la batería para usar iones de litio, que son más seguros que el litio puro. En la práctica, hizo una batería más funcional.

Valor agregado

Chile es el país con mayor cantidad de reservas de litio, pero solo somos exportadores de materia prima, dice Lisoni. “Hoy es necesario dar el paso hacia el valor agregado de las materias primas, no quedarnos solo en la extracción del material, hay otros competidores que están mucho más avanzados”.

A su juicio, hay preguntas clave que se deben responder, desde el mercado que se quiere satisfacer hasta cómo integrar el material. “Corfo está convocando a participar en el Instituto Chileno de Tecnologías Limpias para dar valor agregado. Pero por otro lado, tres empresas extranjeras que estaban en Chile para desarrollar proyectos y darle valor agregado a la extracción del mineral, se retiraron”, explica la investigadora.

Capacidad humana para hacer investigación, personal preparado para darle ese valor agregado al litio, hay en el país, según Lisoni. Falta que la industria se abra y confíe en ellos y que el Estado invierta y desarrolle más en infraestructura.

/gap@EstudioEstadio