U. DE CHILE  4 – COBRESAL 1

U. de Chile: J. Herrera; M. Rodríguez, O. González, L. Aveldaño, J. Beausejour; G. Espinoza, C. Moya, N. Oroz; L. Fernández; Á. Henríquez, L. Benegas. DT: H. Caputto.

Cobresal: M. Vargas; M. Filla, R. Cabrera, R. González, M. Jorquera; J. Gutiérrez, C. Mesías, R. Ureña, I. Poblete; C. Muñoz, C. Escobar. DT: G. Huerta.

Goles: 1-0, 9’, Benegas; 2-0, 36′, Henríquez; 2-1, 70′ Cañete; 3-1, 83′, Rodríguez, cabezazo; 4-1, 89′, Riquelme.

Árbitro: Juan Lara. Amonestó a Henríquez, Oroz (U); Ureña, Cañete (C).

Estadio Nacional. Asistieron 26.349 personas.

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Cuando le preguntaron durante la semana a Hernán Caputto porqué una imagen de la Virgen en el CDA, su respuesta fue contundente: “¿Y por qué no?…no es cábala…es fe…¡Y la fe mueve a montañas!

Lo recordamos al ver ese grito que brotó de miles de gargantas azules y ese abrazo que nació del alma universitaria de todos los que estaban en el Estadio Nacional cuando Marcos Riquelme empalmó ese centro – remate de Matías Rodríguez para desviar la pelota hacia la red y derrotar a Manotas Vargas.

Era el desahogo para un año completo de sufrimientos, por fin una alegría, por fin un partido que se ganaba de la misma manera como tantos que se habían perdido en inexplicables jornadas negras.

La U necesitaba ganar por 3 goles para dar vuelta el 1-3 de la ida jugada en El Salvador.

Y parecía que no iba a tener problemas para lograrlo. Primero, porque Gustavo Huerta decidió privilegiar absolutamente el Campeonato Nacional y dejó en el  banco a seis titulares (incluso, algunos tan importantes como Reynero ni siquiera viajaron a Santiago) y segundo, porque Universidad de Chile esta vez supo imponer su jerarquía desde el inicio.

Por eso, no extrañó el 2-0 con el que finalizó la primera etapa en favor de los azules.

Abriendo la cuenta tempranamente con un gol de Benegas, tras una serie de toques y un pase final de Fernández que dejó solo al goleador para que este finiquitara con un toque bajo.

Y a eso de la media hora pasadita, la primera intervención decisiva de Matías Rodríguez para sacar un centro preciso para que empalmara como sabe hacerlo el delantero chileno que mejor resuelve de primera. Nos referimos a Ángelo Henríquez que fue quien mandó a la pelota a la red y dejó rápidamente emparejado el marcador global con Cobresal.

A propósito del equipo minero: se le vio obviamente muy disminuido por las ausencias y sólo tuvo un par de llegadas en los pies de Carlos Muñoz (especialmente, una definición de chilenita que pasó muy cerca del travesaño hizo traspirar al reaparecido Johnny Herrera).

Hasta que Huerta recapacitó y en el segundo tiempo hizo tres cambios de golpe y porrazo: Sebastián Céspedes por Israel Poblete, Marcelo Cañete por Christopher Mesías y César Villagra reemplaza a Carlos Muñoz.

La respuesta llegó muy pronto:minuto 70´ y el paraguayo Cañete, a poco de estar en la cancha, recibió un balón a la entrada del área y sacó un tiro alto, violento y bien colocado, pero que además contó con la complicidad del débil manotazo de Johnny Herrera para que la pelota terminara metiéndose arriba, en el arco azul.

El pensamiento en el Estadio Nacional fue uno solo: otra vez lo mismo.

La U había jugado un muy buen primer tiempo, se había ido con una ventaja amplia y justificada, pero llegaba el segundo tiempo y  zas el balde de agua fría que silenciaba a todo un estadio.

Era el 1-2 y bastaba y sobraba para eliminar a Universidad de Chile y por ende para clasificar a Cobresal.

Había ocurrido tantas veces en lo que va del año y estaba pasando de nuevo.

Pero, había una diferencia, ahora había una imagen en el CDA y una frase que daba vueltas por el entorno azul: la Fe mueve montañas.

Y en la cancha aparecieron esas figuras que están llamadas a establecer las diferencias. Como el Morterito Fernández, ese uruguayo que llegó para echarse el equipo al hombro a pesar de su juventud.

De su zurda salió el centro preciso en un tiro libre para el cabezazo impecable de Matías Rodríguez. ERa el 3-1, era por lo menos la opción de ir a los penales.

Pero faltaba la guinda para la torta.

Con los mismos protagonistas: la zurda de Fernández para provocar el manotazo a un costado de Vargas, el oportunismo de Rodríguez para volver a meter esa pelota al área y la aparición de uno que ha aparecido tan poco, Marcos Riquelme, para convertir un gol que borra su impericia de tantas fechas anteriores.

Así ganó la U y clasificó para semifinales de Copa Chile. Aprovechando la decisión de Gustavo Huerta de tirar por la borda un torneo que da pase a Copa Libertadores, demostrando esa vez que el equipo azul puede sufrir una caída clave dentro de un partido, pero que hay fuerzas anímicas para levantarse.

Fuerzas que pueden venir desde el cuerpo técnico, de los jugadores, los hinchas o por una razón que la razón no entiende.

Mejor dicho, que los que no tienen fe no entienden.

por Gerardo Ayala Pizarro