La crisis social que afecta a Chile y que estalló la semana pasada es vista con atención desde Argentina, donde se ha convertido en un tema de debate pensando en las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo este domingo en el país trasandino, llevándolo incluso a mirar su propia situación y evaluar lo que sucede en toda Latinoamérica.

Eso fue lo que hizo el analista argentino Joaquín Morales Solá, quien en su columna en el diario La Nación titulada “Los estragos de una América Latina violenta”, enumera los últimos conflictos políticos y sociales ocurridos en países como Perú, México, Ecuador y Chile, que evidencian un descontento general con la clase política. En el caso de nuestro país, Morales afirma que la crisis “no ha concluido aún, porque fue una sorpresa que pareció despertar de una larga siesta a la dirigencia del país trasandino”.

“En ese paisaje latinoamericano se realizarán las elecciones argentinas dentro de cuatro días”, afirma el analista, quien sostiene que “la Argentina tiene una situación macroeconómica mucho peor que la de Chile, que la tiene, más bien, muy equilibrada. La pujante economía de Chile, y esto también es cierto, no modificó la desigualdad en el acceso al bienestar”.

“Chile logró casi erradicar la pobreza, pero la distancia es muy larga entre los sectores sociales muy ricos y la clase media baja, categoría en la que se encuentra la mayoría de la clase media chilena. Esa situación no fue modificada por tres mandatos socialistas (uno de Ricardo Lagos y dos de Michelle Bachelet), por dos democristianos (Patricio Aylwin y Eduardo Frei) y un mandato cumplido y otro en curso del actual presidente, Piñera”, recalca.

Y ahí, hace la comparación con Argentina, “que supo tener una inmensa clase media, sigue contando con sectores medios amplios, caracterizados por la ambición de progreso y por la sofisticación política. Sin embargo, en los años de democracia argentina ningún gobierno pudo frenar el deterioro de la situación social. Desde 1983, el promedio de la pobreza es del 30% (porcentaje que nunca antes se había registrado) y el de la inflación es del 60% anual en estos 36 años”.

Es así como, asegura, “la primera lección para los políticos argentinos de las últimas revueltas en Ecuador y Chile consiste en que no es momento de tensar los desacuerdos, aun cuando estamos a muy pocos días de las elecciones presidenciales”.

Así, pone por ejemplo las declaraciones del candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, quien a raíz de la crisis en Chile se preguntó: “¿Somos conscientes los argentinos de lo que toleramos a Macri?”. Para Morales Solá, esa frase podría condenar al abanderado kirchnerista: “¿Propone Fernández que si existieran futuros aumentos de tarifas la gente salga a la calle para repetir las escenas de Chile? Debería tener más cuidado: ese consejo podría afectar una eventual presidencia suya”.

“El candidato peronista no puede, por su historia personal y por su discurso, proponer tales cosas. Lo espolean seguramente las vísperas electorales. Es hora de que los políticos miren lo que sucede en países vecinos y callen o hagan gestos de reconciliación y grandeza”, recalca.

Así, el analista concluye que “la asignatura pendiente de América Latina es la desigualdad social. Desde México hasta el extremo austral de la Argentina y Chile. La riqueza está concentrada en muy pocas manos, y el bienestar, o una vida razonablemente tranquila, no se ha distribuido equitativamente en la sociedad”, dice.

Y agrega: “América Latina está considerada por las Naciones Unidas la zona con mayor desigualdad social del mundo. Ya en 2000 la entonces secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright, que desempeñó el cargo durante la presidencia de Bill Clinton, lanzó ante el Consejo de las Américas una advertencia fulminante: ‘La corrupción y la creciente desigualdad social son amenazas para la democracia en América Latina’. Casi 20 años después, y si bien se mira el paisaje de América Latina, aquella advertencia es mucho más actual y dramática que entonces”.

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