El Estadio Nacional de Santiago será la sede de la primera final única de la historia de la Copa Libertadores. Los brasileños de Flamengo y los argentinos de River Plate darán vida al encuentro que coronará, el próximo 23 de noviembre, al nuevo monarca de América.

No será, sin embargo, la primera vez de ambos elencos en definiciones continentales disputadas en el recinto emplazado en la comuna de Ñuñoa. De hecho, las dos instituciones guardan amargos recuerdos de sus antiguos pasos por el recinto deportivo de la capital chilena.

En 1966, los transandinos disputaron la definición continental ante Peñarol de Uruguay. El primer encuentro terminó 2-0 en favor de los charrúas, pero los bonaerenses se impusieron (3-2) en la revancha, por lo que todo se definió en un tercer encuentro disputado en suelo chileno. Así, el 20 de mayo de 1966, Peñarol alzó el trofeo en Ñuñoa tras imponerse 4-2. Aquel duelo le valió el mote de Gallinas a los millonarios, porque iban ganando 2-0 antes de que les dieran vuelta el partido. La historia cuenta que todo se torció para los argentinos cuando el portero Amadeo Carrizo controló un balón con el pecho, lo que fue tomado por los charrúas como una afrenta.

El club Millonario sumaría otra decepción en Chile diez años después. El 30 de julio de 1976, los argentinos cayeron 3-2 ante el Cruzeiro brasileño, después de ganar la ida y perder la vuelta, forzando un definición que nuevamente acogió Santiago.

Flamengo, por su parte, tampoco cuenta con un buen antecedente en Ñuñoa. Y es que pese a que en 1981 obtuvo su único título en la Copa, en la definición que se impuso a Cobreloa no salió bien parado del Estadio Nacional.

En efecto, el Mengao se impuso 2-1 en la ida disputada en Maracaná, pero los loínos luego ganaron por la mínima la revancha jugada en el Nacional el 20 de noviembre de 1981 ante 61.721 espectadores. El título finalmente quedó en manos de los cariocas, que vencieron a los nortinos 2-0 en el duelo de definición jugado en el Centenario de Montevideo.

Flamengo o River Plate, uno de los dos romperá su maldición chilena el próximo 23 de noviembre.