Después de leer en la prensa una apología sobre el “roto chileno” -su gallardía, entrega y valor-, me pregunto qué diría el “héroe de Yungay” después de conocer la ignominiosa derrota en Temocuicui. Esto, porque el 20 de enero es la fecha en que se honra al “roto chileno”, en recuerdo a…. /la gloria del triunfo marcial/ que el pueblo chileno obtuvo en Yungay/; en esa oportunidad las tropas chilenas derrotaron a las fuerzas Perú-Bolivianas del Mariscal Santa Cruz (1836), en los campos de Ancach (Perú), durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana.

Qué duda cabe que la operación de la PDI en Temocuicui fue un fiasco. 850 efectivos y 200 vehículos fueron sorprendidos por paramilitares que los obligaron a una retirada vergonzosa. Fue una derrota certera propinada por personal entrenado, con mando, logística, estrategia y apoyo político nacional e internacional. Una derrota de la que hasta ahora, curiosamente, nadie se hace cargo.

¿Quién fue derrotado en Temocuicui? ¿La PDI? Categóricamente ¡NO! El gran derrotado ha sido el Estado Chileno y toda su estructura institucional, desde el momento que se confirma que hay una zona del país donde el Estado no tiene jurisdicción y donde la soberanía la ejercen organizaciones paramilitares… ¡Así de simple!

Sin entrar en muchas disquisiciones, lo que queda claro es que nuestras autoridades no quieren asumir que estamos frente a una amenaza latente a la integridad y a la seguridad nacional.

Es universalmente aceptado que los elementos que constituyen un Estado son: Nación, Territorio y Soberanía. Tres elementos que, en el caso de la Araucanía, parecieran darse claramente. El territorio lo tienen y muy bien elegido por su configuración, morfografía, y porque cruza el país de cordillera a mar, con lo cual aseguran la logística y la evacuación. La izquierda ha logrado instalar el concepto nación entre izquierdas y derechas, refiriéndose generosamente a “la nación mapuche” como si fuera un todo, en circunstancias que son sólo algunas comunidades las involucradas en el conflicto. De la soberanía, ni hablar, porque ella la ejercen los violentistas, lo que ha quedado demostrado con el desastre de Temocuicui.

Resulta increíble, entonces, que las autoridades nacionales sigan impertérritas, sin dimensionar la amenaza que se cierne sobre el país, y se distraigan persiguiendo fiestas veraniegas, asunto más propio de las autoridades sanitarias y locales que del nivel central.

A lo mejor reaccionarán cuando los violentistas les exijan peaje cuando quieran pasar por la Araucanía, como ahora ocurre con quienes quieren cosechar o explotar sus bosques. Pero será demasiado tarde: las fronteras de la zona (Estado) en rebeldía estarán entre Collipulli y el rio Toltén, donde la autoridad nacional no tendrá nada que hacer… algo NO muy distinto a lo que sucede hoy.

Si el “roto chileno” -el de Yungay, de la Concepción, de Maipú-… se enterara del desastre de Temocuicui, no me cabe duda de que, al menos, objetaría que las fuerzas armadas estén dedicadas a temas policiales, y que las policías estén emprendiendo operaciones estratégicas de carácter militar…. con los resultados conocidos.

/Cristián Labbé Galilea