La fobia como tal se llama coulrofobia. El miedo irracional que se desprende de la observación y cercanía a un payaso (Shutterstock)

La aparición de los payasos se remonta hacia el 2500 antes de Cristo. Su propósito original era el mismo que el de hoy: inspirar risa y alegría, animar celebraciones. Aunque, de acuerdo al Instituto Smithsoniano, “siempre tuvieron un lado oscuro”. La línea difusa y delgada que divide al humor y al terror encuentra su máxima expresión en los payasos.

En 2008, el estudio Space to care de la Universidad de Sheffield evaluó a 250 niños de entre 4 y 16 años. Les preguntaron qué pensaban de las comodidades que ofrecían los hospitales. En uno de los puntos destacados, el informe remarca que la gran mayoría de los chicos, tanto los más pequeños como los más grandes, aborrecían las decoraciones que incluían payasos. Penny Curtis, su coautor, señaló entonces: “Encontramos que los payasos eran universalmente rechazados. Algunos los consideraban bastante aterradores e incomprensibles”.

La fobia como tal se llama coulrofobia. Es el miedo irracional que genera la observación y cercanía a un payaso. El término procede de una palabra griega antigua que significa “alguien que va sobre zancos”, debido a que, en sus principios, los bufones elegían los tacos altísimos para desplazarse y encandilar a sus espectadores.

Un estudio reveló que tanto los más pequeños como los más grandes, aborrecían las decoraciones que incluían payasos. (Shutterstock)

Un estudio reveló que tanto los más pequeños como los más grandes, aborrecían las decoraciones que incluían payasos. (Shutterstock)

“El miedo a los payasos generalmente se da en los niños. Es un miedo que se genera por haber tenido previamente alguna mala experiencia que puede ser asustarse por la figura del payaso en sí. Desde el color que tienen en la cara, la nariz colorada, el pelo alocado, entre otros, que transmiten un panorama siniestro”, dijo a Infobae la psicóloga y escritora Celia Antonini.

Lo cierto es que el payaso es una de las imágenes más repetidas de los disfraces para Halloween, y su protagonismo en pesadillas infantiles inspiró incontables personajes terroríficos en la cultura popular, como Pennywise de IT, creado por Stephen King y más tarde encarnado en la pantalla grande por el actor británico Tim Curry y más recientemente por el sueco Bill Skarsgård. También acompañaron este fenómeno la personalidad extravagante y maquiavélica del Guasón o, Twisty de American Horror Story.

Lo cierto es que el payaso es una de las imágenes más repetidas de los disfraces para Halloween (Shutterstock)

Lo cierto es que el payaso es una de las imágenes más repetidas de los disfraces para Halloween (Shutterstock)

El célebre antropólogo Claude Lévi-Strauss explicó en su libro de 1982 titulado La vía de las máscaras que la utilización de una careta otorga una sensación de libertad a su portador: “El disfraz facial elimina de manera temporal el rostro de la interacción social. La cara es el órgano por medio del cual el ‘Yo’ y la sociedad llevan adelante la mayor parte de la comunicación de la que participan”. Es decir, hay una impresión de que una persona con la cara oculta puede actuar sin tapujos y sin restricciones, y no sufre las consecuencias causadas por sus acciones.

Por otro lado, el psiquiatra y profesor en la Facultad de Medicina de Harvard Steven Schlozman aseguró que la sonrisa perpetua del rostro de los payasos tiene el mismo efecto. “Uno reconoce una sonrisa, y el cerebro registra que las sonrisas son en general buenas, pero uno no puede sonreír todo el tiempo, porque si no, hay algo que no anda bien”, analizó. “Creo que esto es similar a lo que ocurre con los payasos, ya que si no hay cambios en cómo luce la cara de alguien o en cómo actúan, resulta terrorífico”.

“Al igual que con todos los miedos, de la única manera en la que se quita es enfrentando la situación y repitiéndola, ya que, a medida que uno escapa de esa situación, se va agravando. De este modo, cuando un chico le tiene miedo al payaso, hay que mostrarle fotos y revistas para mostrarle que no es malo. Así, la otra persona tiene que estar atenta a lo que le sucede a la persona con miedo al acercarse al objeto que le provoca terror. La única manera de reducir el miedo es enfrentándolo y volver a repetir una y otra vez la situación; no hay otra manera de resolverlo. Así la fobia y el miedo se irán”, concluyó Antonini.

Los que tienen este trauma suelen haber tenido una mala experiencia relacionada con estos sujetos (Shutterstock)

Los que tienen este trauma suelen haber tenido una mala experiencia relacionada con estos sujetos (Shutterstock)

El origen del miedo

Pero lo cierto es que la historia de los payasos es más tétrica y misteriosa, y sus primeras formas eran muy diferentes de las simpáticas y divertidas que se conocen en la actualidad. Los bufones se dedicaban más que nada al entretenimiento para adultos y hacían bromas a expensas de emperadores chinos, senadores romanos y lores feudales. Andrew Stott, un profesor inglés especializado en la cultura de los payasos, explicó que estos bufones además tocaban temas cercanos a la sustancia del ser humano: “Los bufones medievales indagaban de manera continua sobre la mortalidad de las personas, y nos recordaban qué tan poco razonables y qué tan mezquinos y ridículos podemos llegar a ser”.

Uno de los payasos más famosos fue Jean-Gaspard Deburau, quien se disfrazaba de Pierrot, y que mató a un niño en 1836 al pegarle con un bastón que utilizaba para caminar. Se cree que lo habría asesinado porque el chico le había gritado insultos en público. Pero el primer ancestro del payaso que se conoce fue el creado por el británico Joseph Grimaldi. Entretuvo al público durante la primera parte del siglo XIX, y, como fue una de las primeras celebridades, la gente estaba al tanto de su tumultuosa vida personal y depresión que se escondían detrás de su exagerada sonrisa roja.

Dos siglos más tarde, el payaso sigue siendo para algunos un símbolo de entretenimiento infantil y, para otros, sinónimo de escalofríos.

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