Son imprevisibles, irrefrenables y altamente contagiosos. Es muy probable que el mero hecho de haber leído la palabra bostezo en el titular o de haber contemplado la imagen que ilustra esta noticia te haya hecho ya abrir las fauces como si hubieras mutado en el mítico león de la Metro-Goldwyn-Mayer.

Se calcula que bostezamos una media de 240.000 veces a lo largo de toda la vida. Pocos movimientos involuntarios resultan más incontrolables e inoportunos que los bostezos. Ellos, por sí solos, son capaces de arruinarnos una cita romántica o dejarnos en evidencia desenmascarando un aburrimiento infructuosamente disfrazado de profundo interés profesional. Lo peor de todo es que, cuanto más esfuerzo se pone en disimularlos, más evidentes se hacen (esos ojos llorosos, esas muecas extrañamente cómicas, etc).

CAUSAS

Sistema de refrigeración inmediata del cerebro, llamada de atención ante la falta de descanso, mecanismo para empatizar con el prójimo, autorregulador del estrés… Curiosamente, el origen de este ‘gesto’ tan cotidiano sigue siendo, a día de hoy, uno de los grandes misterios de la Humanidad. “La causa específica por la que bostezamos no está del todo clara. Hay múltiples hipótesis e investigaciones que intentan dilucidarla”, revela Sonia Montilla Izquierdo, neurofisióloga clínica del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja (Madrid).

Para tratar de arrojar algo de luz sobre este asunto es importante conocer “la localización de las áreas de nuestro cuerpo que está implicadas en su producción“, afirma la doctora Montilla Izquierdo. “Además de las zonas de la cara y cuello, hay que aclarar que, en el sistema nervioso central, los centros relacionados parecen estar en el hipotálamo y en el bulbo raquídeo. Las funciones vitales que se producen en estos puntos podrían justificar algunas de las teorías al respecto”, añade.

Si se tiene en cuenta que en el hipotálamo se regulan “funciones como el hambre, el sueño y el comportamiento sexual”, es razonable pensar que se bosteza cuando se tiene “hambre, sueño e incluso podría estar relacionado con la empatía que se ejerce entre individuos de diferente sexo”.

Esta doctora explica que en el tronco cerebral se encuentra, asimismo, “un sistema denominado formación reticular relacionado con la secreción de sustancias cerebrales (neurotrasmisores) implicados en el ciclo del sueño. De manera que, cuando necesitamos dormir, se pone en marcha el reflejo del bostezo”.

En esta misma región también se encuentran los centros que regulan la función cardiorrespiratoria. “Hay hipótesis que sostienen que se bosteza de forma refleja para aumentar el oxígeno que le llega a todos los tejidos y para relajar la musculatura facial“.

¿Por qué son tan contagiosos? Por pura empatía. “En algunos animales se ha observado como el bostezo influye en la relaciones entre distintos individuos de la misma especie, un hecho que también podría darse en los humanos puesto que es frecuente que cuando una persona bosteza también lo haga la que está al lado”. Es más, este ‘virus’ se propaga con más facilidad entre amigos y familiares que entre simplemente conocidos.

Aunque pueda parecer todo lo contrario, bostezar puede ser una señal (un tanto confusa, la verdad) de que queremos mantener relaciones sexuales. Y es que, al hacerlo, se desencadena una tormenta de dopamina, oxitocina y serotonina que revoluciona las hormonas sexuales.

SÍNTOMA DE ENFERMEDADES

Pero todavía hay más. “Signo precursor del dolor de cabeza, se relaciona con múltiples patologías médicas, sobre todo neurológicas, como la migraña, el síndrome pseudobulbar o la enfermedad de motoneurona. También en enfermedades que alteren la comunicación entre la corteza cerebral y el bulbo raquídeo, localizado en el tronco cerebral”, detalla la doctora Montilla Izquierdo.

Asociado a otros síntomas, los bostezos pueden indicar “una compresión medular o del tronco cerebral, asi como de mareos”.

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