En La Moneda dicen que le costó, pero que sabía que era lo mejor. El Presidente Sebastián Piñera decidió mantenerse al margen de la escena pública durante las tensas negociaciones de ayer en el Congreso en Santiago y en los días previos. “Dio el vamos a las conversaciones”, afirman en el Ejecutivo. Aludían así a que el martes en la noche, en medio de la crisis social y de los hechos de violencia que se registraron en distintas zonas del país, Piñera optó –tras diferencias de opiniones en su equipo- por llamar a tres grandes acuerdos, entre otras materias, para una nueva Constitución. Y declinó decretar nuevamente un estado de excepción.

En el gobierno están convencidos de que mantener al Presidente en segunda línea fue lo mejor, argumentando que las negociaciones se las encomendó al ministro del Interior, Gonzalo Blumel, quien también optó por no acudir al lugar de las tratativas. En La Moneda aseguran que fue un diseño que decidieron con el objetivo de darle espacio al Congreso y los partidos para legitimar su rol. “Es parte de la reconstrucción de confianzas”, señalan en La Moneda.

En tanto, otros en el oficialismo sostienen que era mejor mantener una segunda línea al Jefe de Estado para evitar crispar los ánimos y esperar a que el acuerdo esté sellado. De hecho, recalcan que ahora “viene la etapa del gobierno” y que el Presidente buscará el mejor momento para abordar la materia.

Sus intransables: los 2/3 y su rechazo al plebiscito de entrada

Pese a que estuvo fuera de la escena pública, Piñera estuvo encima de las negociaciones. Pero no pudo imponer términos. Llamó directamente a los presidentes de partidos, tuvo varias reuniones con Blumel para ver distintas fórmulas y encausar el diálogo. Así, según afirman en el Ejecutivo, el Mandatario quería evitar un plebiscito de entrada para consultar el mecanismo para modificar la Constitución. Su apuesta, dicen las mismas fuentes, era que se llegara a un acuerdo en el mecanismo y que se hiciera un plebiscito ratificatorio. En ese escenario, consideraba que “serían muchas elecciones” si es que, además, se hacía una consulta de entrada.

El Jefe de Estado tenía una preocupación mayor: para él lo más relevante es que el órgano constituyente aprobara las normas y el reglamento de votación de las mismas por un quórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio. Esto, según transmiten en el Ejecutivo porque el quórum les entregaba una garantía para que no existiera “una mayoría circunstancial”.

De hecho, estos dos puntos, se los transmitió el propio Piñera a los dirigentes de Chile Vamos. Ayer, un poco antes que los partidos oficialistas presentaran su propuesta para una convención constituyente de 40/40/20, un grupo de dirigentes y parlamentarios decidió informarle de ésta al Presidente “para no sorprenderlo”, según cuenta uno de ellos. En la sala donde funciona el comité de senadores RN se instalaron Jacqueline van Rysselberghe, Mario Desbordes, Hernán Larraín Matte, Juan Antonio Coloma, Andrés Allamand, Javier Macaya y Felipe Kast.

Lo llamaron por teléfono. Lo pusieron en altavoz. Ahí, si bien el Mandatario les dijo que esa fórmula le parecía razonable, les recalcó que para él lo más importante era que no se tocaran los quórums de 2/3. A esas alturas, los parlamentarios ya tenían claro, por contactos con Blumel y el titular de Hacienda, Ignacio Briones, el impacto adicional que una modificación en eso generaría en el área financiera y económica, con un dólar que se seguía empinando a pesar de que se había intentado frenarlo.

Además, Piñera les transmitió su negativa a la idea de un plebiscito de entrada porque que con eso -si se consultaba también por una metodología- se abría la puerta para una Asamblea Constituyente. “Para qué nos vamos a exponer, vamos directo a la elección de la Convención”, les habría dicho a algunos parlamentarios.

Durante la tarde siguieron hablando con él. A veces en grupo, a veces individualmente. Según estos testimonios, en la mayoría de las ocasiones Piñera se limitaba a dar su opinión o contestar o hacer preguntas, pero no a pedir algo, dar instrucciones ni órdenes. No había margen. Salvo en esos dos puntos.

Tras esos llamados en el oficialismo se discutió harto el tema, al punto que se escribieron dos redacciones, una con y otra sin plebiscito de entrada. Una versión agrega que Piñera les habría dicho en varias oportunidades que ellos tomaran la decisión, que él prefería solo plebiscito de salida, pero que sí se llegaba a optar por el de entrada, que fuera en acuerdo de todo Chile Vamos.

El requerimiento presidencial que desoyeron sus partidos

Con el correr de las horas, los partidos de Chile Vamos debieron replegarse nuevamente y ceder en ese punto. Cuando Piñera les insistió en aquello, más avanzada la tarde, cuentan en el oficialismo, sus mandamases ya sabían que eso era impracticable, porque ya no había ningún margen para que la oposición se los dejara pasar. “No sé si lo dijimos al Presidente las primeras veces”, dice un dirigente.

Alrededor de las 20.00, cuentan, Piñera les manifestó nuevamente que no quería. A esa misma hora, de hecho, el Mandatario se reunía con su comité político en La Moneda, instancia en que seguía abierto ese debate y que, finalmente, terminó cediendo, pero recalcando la importancia de los 2/3. Ese mensaje fue transmitido por Blumel a distintos dirigentes del oficialismo y de la oposición.

A esas alturas, en todo caso, los partidos de derecha ya estaban negociando con sus contrapartes los detalles del acuerdo, y el plebiscito de entrada ya llevaba rato dentro de los términos que todos aceptaban. En ese punto, sinceran, los requerimientos presidenciales sencillamente no pudieron ser atendidos por sus partidos.

Eso sí, se mantuvieron firmes en los 2/3. De hecho, para la UDI era su última línea de retirada, y si hubiesen perdido la mano en ese aspecto, habrían tenido que pensar seriamente si seguían o no dentro del acuerdo. Habiendo terminado todo como terminó, su presidenta declaraba esta mañana que tiene decidido votar que “No” en el plebiscito de entrada (en 1988 la UDI se llamaba “La UDI por el Sí”), aunque reconocía que entre sus filas habría quien se inclinara por el “Sí”.

En dicho partido dan por hecho que la mesa alentará que se movilicen para participar en el plebiscito de entrada por el rechazo a una nueva Constitución, aun sabiendo que pueden perder.

Según dirigentes de Chile Vamos, al final de la noche, con el acuerdo ya casi listo -el que incluyó que en el plebiscito tuviera la pregunta de si se quiere nueva Constitución para dar la salida a militantes y adherentes de Chile Vamos que no están por establecer una nueva Carta Magna-, algunos de la UDI y gran parte de RN estaban más llanos a firmarlo.

Por eso, por las dudas que manifestaban algunos, se decidió llamar a Piñera. A través de un celular de uno de los presentes, se comunicaron con él, pusieron el altavoz y lo escucharon. Ahí, Piñera señala que le parece bien el acuerdo que ya estaba conversado con la oposición en ese minuto. Pero la versión de Evópoli es distinta: que ellos no fueron los últimos en sumarse, sino de los primeros junto con RN.

El Presidente a esa hora se encontraba en su casa. Se había retirado pasada las 21.00 de La Moneda y en Palacio quedaron los ministros Blumel, Karla Rubilar (Segegob) y Felipe Ward (Segpres). Junto con ellos el subsecretario de Desarrollo Regional, Claudio Alvarado.

En el Ejecutivo transmiten que Piñera estaba nervioso y ansioso, pero confiado en que ayer se tenía que pactar el acuerdo, no había margen para seguir esperando. Una vez que se selló el pacto vino el relajo: El Presidente, según cuentan en el gobierno, les mandó un mensaje por WhatsApp a sus ministros para felicitarlos.

Además, dicen algunos en el Ejecutivo, también fue un “respiro” para los ministros que aconsejaron a Piñera optar por el diálogo y no un estado de emergencia. “Se comenzó a encausar una salida a la crisis”, afirman en Palacio. De hecho, destacan que ayer, pese a que se esperaba “un día violento” debido a la conmemoración de la muerte de Camilo Catrillanca, fue mucho más tranquilo. “Ayudó mucho que nos sentáramos a conversar entre el oficialismo y oposición”, dicen en La Moneda.

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