“Por las buenas o por las malas”, juró Guaidó, cuya aprobación, según Datanálisis, llegó a 63% en enero. Pero ni las sanciones y las amenazas de una acción militar de Washington, ni el aislamiento internacional han precipitado la ruptura de la Fuerza Armada con Maduro, como tampoco evitaron que la popularidad de Guaidó cayera hasta 42% en octubre.“Lo hemos intentado todo”, afirmó el jefe parlamentario el pasado sábado en una manifestación que presentó como el inicio de una “protesta permanente”, un intento por capitalizar el entusiasmo de sus seguidores por la caída de Evo Morales en Bolivia. Pero los 5.000 participantes en Caracas estuvieron lejos de las decenas de miles que acompañaron su desafío inicial. Convocatorias para el lunes y el martes tuvieron una acogida pobre.

“La protesta se ha desgastado por su uso y abuso”, observa el analista Benigno Alarcón. “No hay fórmula mágica”, reconoce Guaidó.

El opositor busca aumentar gradualmente la presión contra Maduro en un país donde, según Datanálisis, 82% de la población quiere “un cambio político”. “Pareciera que ha abandonado la idea de la salida rápida para enfocar el trabajo como un proceso que lleva su tiempo”, dijo Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos. Según la firma, 38% de los opositores desea que surja otro dirigente que enfrente a Maduro en un contexto donde los liderazgos independientes casi no existen.

La apuesta parece riesgosa en un país en el que gran parte de la población está ocupada en sobrevivir a la crisis, con una economía reducida a la mitad y una inflación de 200.000% en 2019. “La frustración puede llegar”, advirtió Seijas.
“Me cansé, Guaidó nos engañó. No hemos llegado a nada con marchas”, se queja Bianca Urdaneta, ama de casa de 36 años.

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