¡Algo no me cuadra…! Los políticos, partidos y congresales, han firmado un “Acuerdo de Paz y Nueva Constitución”. Sin embargo, todo me dice que: la paz no ha llegado y que, de la nueva Constitución, mejor ni hablar. En suma: nadie entiende nada. ¡Oh paradoja! Nada ha cambiado y nada volverá a ser lo mismo.

Esa paz que todos deseábamos terminó siendo un petardo, un ruido seco, un chasquido que, si de algo sirvió, fue de “salvavidas para los sectores políticos” que se ahogaban en el pantano de la impopularidad y del rechazo, pero que, a la vez, se transformó en una pesadilla para el ciudadano que aspira a que la situación se normalice y se solucionen sus problemas.

Los “señores políticos” (ausentes durante las movilizaciones) han vuelto, como el Ave Fénix, a matinales y a la farándula para distraernos de los problemas que nos afectan, y para seducirnos con la idea de una Nueva Constitución. Con llamativos “slogans” -en una clara demostración de no haber asumido que la gran mayoría de este país no quiere volver al pasado-, plantean que la solución de todos nuestros males pasa por “la constituyente”.

Qué perdidos están, no asumen que quienes han logrado cierto bienestar social y material lo han hecho con mucho esfuerzo y sacrificio; a ellos nadie los puede engañar porque saben que… ¡nunca mucho costó poco!

En estos días he escuchado muchas voces –incluidas las de mis contertulios-, y me sorprende que lo primero que salte a la palestra, sin mucha reflexión, sea la idea de que el tema político no tiene vuelta y que sea mejor ceder a los cambios; y, cuando se habla de los efectos económicos, todos coinciden en que vienen tiempos difíciles. Todo esto en un ambiente de curiosa normalidad.

Advierto a mis parroquianos que el asunto no es tan simple y, con prudente optimismo, descargo mis aprensiones:

• Sospecho que la convalecencia de esta crisis será larga y penosa, y que terminarán pagándola los más débiles.

• Sospecho que se nos vienen días muy difíciles, de inflación, desempleo, caída de la inversión y todo lo que ustedes se puedan imaginar.

• Sospecho que no se le ha tomado el peso a la gravedad de lo que estamos viviendo.

• Sospecho que se acabó el tiempo de los pusilánimes y que llegó la hora de hablar: ¡claro y fuerte…!

• Sospecho que lo que nuestra sociedad reclama es un “Estado en Forma” (Diego Portales) donde la libertad, el orden, la autoridad, la igualdad de oportunidades, sean la base de un gobierno eficaz, respetado y respetable.

En silencio mis parroquianos me escuchan… En un mandarín chanflón digo 掩耳盗铃, yǎn’ěrdàolíng… (“Para robar campanas hay que taparse los oídos”)… y les explico que este refrán chino se usa para enfatizar la ignorancia y la estupidez de quien se engaña a sí mismo… ¡Ding dong… Ding, dong! No se sienten aludidos, es más, uno agrega…

¡Es cierto… no nos engañemos… ni nos tapemos los oídos…!
/Cristián Labé Galilea