El Banco Central Europeo (BCE) ha disparado con toda su artillería para intentar reactivar la economía: más de 2,6 billones de euros de deuda comprada, tipos negativos que obligan a pagar por prestar y la promesa de que seguirán así tiempo. Y ni por esas. La política monetaria no consigue hacer despegar con fuerza el crecimiento. Conscientes de esta realidad, expertos e instituciones reclaman que la política fiscal sea más expansiva y tome el testigo de los bancos centrales a la hora de estabilizar la actividad. Una década después, los estímulos presupuestarios vuelven a ocupar el debate económico.

Y ello a pesar de que no es la primera vez en los últimos años. Como decía Marshall McLuhan, solo los perdedores recuerdan la historia: en abril de 2009 en Londres, el G20 se enfrenta a la mayor crisis desde la Gran Depresión. Liderados por Barack Obama y el FMI, los principales países animan a los Gobiernos a responder con más gasto público. “Estamos en medio de un estímulo fiscal sin precedentes”, dijo el entonces premier británico Gordon Brown. China emprende un impulso descomunal.

Un año más tarde, justo cuando ya se hablaba de brotes verdes, a las instituciones internacionales les entra el miedo en el cuerpo al divisar problemas de endeudamiento en varios países. El FMI publica un estudio en el que afirma que el aumento de la deuda pública acaba dañando el crecimiento. En una reunión de ministros de Finanzas europeos celebrada en abril de 2010 en Madrid, Alberto Alesina, el académico de Harvard calificado por Bloomberg como el Keynes de esta crisis, presenta evidencias de la llamada austeridad expansiva: los recortes presupuestarios terminan generando crecimiento, sobre todo si van acompañados de reformas, dice. El entonces jefe del BCE, Jean-Claude Trichet, y el comisario europeo de Finanzas, Olli Rehne, compran este discurso.

Fuente: Banco de España, Comisión Europea, Ramey (2019), Eurostat y CB-insights

CARMEN AYUSO / EL PAÍS

En junio de 2010 en Toronto, el mismo G20 acordaba “una consolidación fiscal ajustada a las circunstancias nacionales”. El texto recogía el compromiso de los países desarrollados de reducir el déficit. Algunos se habían entregado con armas y bagaje a los estímulos fiscales y en respuesta estaban siendo castigados por los mercados. El descontrol de Grecia había puesto a todos en el disparadero. España era uno de ellos.

El propio Obama había llamado en mayo de 2010 al presidente Zapatero para que tomase medidas. Los mismos que pedían los estímulos daban un paso atrás y exigían un año después recortes a países como España. En esos momentos se publica Esta vez es diferente, el libro de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart en el que se sostiene que la deuda pública elevada lastra la actividad, aunque luego se cuestionasen sus cálculos del umbral a partir del cual empieza a notarse.

Ahora, una década después, la economía no termina de arrancar y los llamamientos a los estímulos fiscales resurgen. El FMI ha vuelto a alumbrar la idea. Y Mario Draghi, el hombre que salvó el euro, se ha convertido en uno de sus mayores defensores.

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