La leyenda dice que ellos, después del sexo, lo que quieren es dormir un poco y no hablar demasiado, mientras que son ellas las que suelen requerir mimos, caricias y, en definitiva, alguna demostración de amor. ¿Es verdad o es un prejuicio más como el de que los hombres tienen alergia al compromiso y las mujeres están deseando casarse? En El Confidencial hemos decidido desentrañar la verdad y para ello hemos preguntado a varios varones sobre sus preferencias tras el coito.

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¿Un cigarro? ¿Una buena siesta? ¿Qué es lo que realmente ansían? “Me sucede algo muy raro”, explica David, de 29 años. “Cada vez que tengo relaciones sexuales, sobre todo si es con desconocidas, siento tristeza. Es extraño, el sexo ha ido fenomenal, pero una vez que termino noto una mezcla de vergüenza y depresión”, explica que no sabía lo que era y que, generalmente, cuando le ocurre no quiere hacer nada.”Un día leí sobre la disforia o tristeza postcoital y lo entendí”. Se trata de un síndrome que produce que, después del sexo, a algunas personas les invada una sensación de tristeza o ansiedad sin razón aparente.

Y después

Anteriormente se creía que solo le sucedía a las mujeres, pero un estudio de la Universidad de Tecnología en Australia descubrió que ellos también pueden sentirlo. Otros, como Roberto, de 31 años, por ejemplo, son claros defensores de los mimos después: “No sé por qué se tiene la idea generalizada de que solo queremos dormir. A mí, lo que me apetece según termino es algo de mimos. Me gusta que la otra persona me abrace, me de besos… La tranquilidad con la que te quedas después de terminar es impagable. Luego hay dos opciones, o quedarse dormidos acurrucados o si los besos llevan a volver a hacerlo otra vez. Todo depende”, explica.

Algunos sienten tristeza, otros sopor o tienen ganas de conversar y de mimos, pues la relajación de los momentos posteriores se presta a ello

No todo el mundo es así, claro. La sensación de sopor es algo con lo que Borja, de 25 años, tiene que pasar continuamente y que más de una vez le ha metido en líos con sus diferentes parejas. “No sé por qué me pasa pero siempre me quedo sopa después de hacerlo, por eso prefiero hacerlo en mi casa para pillar la cama hasta el día siguiente. Si estoy en otro sitio a veces me toca irme y voy como un zombie”, relata. ¿Por qué sucede? Los estudios explican que el esfuerzo físico durante el sexo y después del clímax agota los músculos del glucógeno productor de energía. Esto deja a los hombres con sueño. Como tienen más masa muscular que las mujeres, se suelen cansar más después de hacerlo que ellas.

“Yo, sin embargo, me activo”, confiesa Antonio de 28 años. “Quizá voy a sonar como un fantasma, pero si me dejan 15 minutos de descanso puedo volver al lío otra vez. Con una bebida tonificante en la mesilla para recargar fuerzas, estoy listo para aguantar toda la noche. Aunque no mentiré, un masaje relajante después y alguna que otra caricia también me gustan. Eso sí, con reciprocidad”, cuenta.

 Los mimos siempre vienen bien.

Juan, de 35 años, dice que siempre se ducha después de terminar. “Sé que a algunas chicas no les gusta y de hecho tenía una ex que se enfadaba bastante cuando lo hacía, pero es que si no, no me siento limpio. Eso sí, también me gusta abrazarla y dormir acurrucados, y que me diga que no ha sido solo sexo. Tenemos que acabar con los estereotipos”, apunta.

Por último, a nadie le amarga un dulce, y Jonathan, de 19 años, asegura que en alguna ocasión ha preparado el desayuno a la mañana siguiente para su chica porque sabe que eso la hace sentirse amada. “Pero, sin duda, lo que más me gusta hacer después es quedarnos tumbados charlando de nuestras cosas. Hemos tenido un momento de conexión física muy importante, y después de ello quiero sentir lo mismo pero mentalmente. Me fumo un cigarro y hablo con ella de cualquier cosa, nos echamos unas risas o hablamos de filosofía, eso es lo verdaderamente importante”, concluye.

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