Luis Lacalle Pou, técnicamente el vencedor de las elecciones presidenciales de Uruguay este domingo, es considerado la gran esperanza de la derecha del país vecino. Tiene la paradójica virtud de ser una cara conocida, como miembro de una familia de tradición política, y una figura refrescante por su juventud y la renovación que representa en el Partido Nacional (PN). Abogado, diputado entre 2000 y 2015, y senador desde 2015 hasta que renunció a su banca para dedicarse a la campaña, Lacalle Pou se dedica desde los 16 años a la política, es amante del mar y la naturaleza, y a veces se define como un biólogo “frustrado”.

Hijo único del ex presidente Luis Alberto Lacalle (que gobernó de 1990 a 1995) y de la ex senadora Julia Pou, Luis Lacalle Pou es el segundo de tres hermanos. Su bisabuelo, el histórico dirigente del Partido Nacional Luis Alberto de Herrera, integró del Poder Ejecutivo colegiado entre 1955 y 1959 y que en 1958 logró que los blancos (como se llama a los miembros del Partido Nacional) ganaran las elecciones después de 93 años de lucha política contra su tradicional rival el Partido Colorado.

Nació hace 46 años en una acomodada familia de Montevideo y estudió en un colegio y una universidad privada donde cursó Derecho, aunque nunca ejerció. Ahora vive igualmente en un barrio lujoso de la capital uruguaya con su mujer y sus dos hijos.

Por el lado materno, su linaje político se remonta hasta el virrey del Río de la Plata Joaquín del Pino (1801-1804), cuyos descendientes pasaron a formar la influyente familia política Brito del Pino, con papeles destacados en la guerra por la independencia de Uruguay y en los primeros gobiernos de mediados del siglo XIX, así como en varias administraciones.

Así, dos años después de terminar sus estudios universitarios se lanzó a la arena política siendo elegido como diputado nacional, cargo que revalidó dos veces, la última en 2010. Forjó toda su carrera en el Congreso.

En 2014, decidió dar un paso más y apostó por una candidatura presidencial. Tras imponerse en las elecciones primarias, pasó a segunda vuelta con una desventaja de 17 puntos porcentuales respecto al candidato del Frente Amplio (FA), Tabaré Vázquez, una diferencia que solo logró reducir a 13, dando la Presidencia al líder izquierdista.

Eso lo “mató”, según reconoció en una entrevista concedida a El Observador. Pasó meses “choqueado” y, finalmente, se repuso gracias a la intervención de su mujer, Lorena Ponce de León. “Andá a hacer el bolso y empezá a recorrer (el país), que eso es lo que más te gusta”, le dijo ella, de acuerdo con el libro autobiográfico ‘Un rebelde camino a la Presidencia’.

Lacalle Pou tentó de nuevo a las urnas en la primera vuelta del pasado 27 de octubre, en la que quedó segundo, con un 28 por ciento de los votos, por detrás de Daniel Martínez, el candidato presidencial del Frente Amplio (FA), la coalición izquierdista que gobierna el país desde hace quince años.

El Macri uruguayo

El punto débil del presidente electo uruguay es, precisamente, su bagaje familiar. En un país donde cerca de un ocho por ciento vive bajo el umbral de la pobreza y donde la desigualdad se sitúa en torno al 0,4, siendo cero el nivel máximo de igualdad, su origen acomodado se convirtió en objeto del debate político.

“No conoce la vida diaria de la mayoría de los uruguayos”, le reprochó la actual ministra de Educación, María Julia Muñoz. Nunca sufrió penurias, admite el propio Lacalle Pou, pero su familia “siempre estuvo cerca de los que pasaban hambre o de los que no tenían un techo”. “Sentirlo en carne propia es distinto, pero creer que solo quien lo pasó puede entenderlo y actuar sobre ello es como decir que un oncólogo tiene que padecer cáncer para curar a un enfermo”, esgrime. Lacalle Pou carga con otro estigma, ya que convirtió la austeridad en las finanzas públicas en su bandera de campaña y pretende imponer una “regla fiscal” que impida al Gobierno, sea cual sea, “gastar más de lo que tiene y de lo que debe”.

En su opinión, el Estado uruguayo es “costoso e ineficiente”, y por eso se lo suele comparar con el presidente Mauricio Macri. Pero lo que no hace mucho parecía un halago se convirtió en una crítica que utilizaron sus adversarios: Macri “pintaba todo fácil y, lamentablemente, ya sabemos lo que pasó: que, la verdad, fue un desastre”, dijo Martínez en un debate electoral. Lacalle Pou le contestó diciendo que no cometería el “error” de comparar al Frente Amplio con el kirchnerismo. “Es una falta de respeto a la opinión pública”, afirmó.

Aire fresco y consensos

En su haber cuenta, Lacalle Pou con la popularidad y solvencia política de su familia y, al mismo tiempo, con el hecho de ser el candidato presidencial más joven de la historia del país, un soplo de aire fresco justo cuando los uruguayos parecen buscar alternativas al Frente Amplio.

El próximo presidente, que en primera vuelta se enfrentó a cuatro sexagenarios, incluido Martínez, de 62 años, supo explotar este factor diferencial luciendo una imagen juvenil ropa más moderna, lejos del político tradicional de traje y corbata.

“Para muchos uruguayos, Lacalle Pou representa una renovación generacional, proveniente de los partidos tradicionales de Uruguay pero en el siglo XXI”, explicó Daniel Supervielle, autor del libro “La Positiva”, sobre la campaña electoral que en 2014 llevó al político a un balotaje en su primer intento de conquistar la Presidencia.

El “plan urgente de austeridad” y medidas de seguridad para contrarrestar el alto coste de la vida y la creciente criminalidad, dos de las cuestiones que más preocupan a los votantes uruguayos, se vieron matizados por el acuerdo programático -Compromiso País- que tuvo que firmar con los otros partidos de la “coalición multicolor”.

A petición del partido Cabildo Abierto (ultraderecha), liderado por el general Guido Manini Ríos, se creará una cárcel de máxima seguridad y se mejorará el sueldo a los uniformados, mientras que el ala moderada de la “coalición multicolor” logró mantener la agenda social para los grupos “históricamente perjudicados”.

Además, habrá una ofensiva contra la corrupción que incluirá una auditoría de la administración pública. “La verdad única” del Frente Amplio dará paso a “un Gobierno de muchas verdades” en el que la diversidad no será un mero “discurso”, sino “la práctica diaria”, prometió.

(Escrito por DS para www.perfil.com). /gap