En los próximos días iremos conociendo la magnitud de los efectos que el violentismo y los saqueos han causado a la economía del país. En el mercado no hay muchas dudas de que el impacto será altamente negativo, restando por despejar la magnitud y duración de la catástrofe.

La variable económica que ha servido para monitorear la crisis ha sido el tipo de cambio. Ayer la paridad peso-dólar volvió a romper marcas y se ubicó en torno a los $ 830, lo que equivale a una depreciación nominal de 16%, en poco más de un mes. Ello motivó ayer una nueva intervención por parte del Banco Central, en la cual ha comprometido fondos por hasta US$ 20 mil millones; la magnitud de esta operación -que se no veía desde la crisis internacional de 1999- está dando cuenta de la alta incertidumbre que existe respecto del futuro de nuestra economía. Ello contrasta con el renovado dinamismo que muestran varias economías de referencia. Mientras la crisis en Chile se agrava, el PIB de Estados Unidos fue corregido al alza para el tercer trimestre -a 2,1%- y, a pesar de las escaramuzas recientes, un acuerdo entre las superpotencias es más probable ahora que hace tres meses.

El precio de las acciones locales es otro termómetro que ayuda a medir la confianza de los inversionistas. El IPSA acumula desde el comienzo de la crisis una corrección de 13%, lo que esconde caídas puntuales severas en algunas empresas del sector comercio, de la construcción y del mercado financiero. Estos sectores serán los más golpeados por la ola violentista, ya que además de sufrir la destrucción de sus instalaciones -en especial en el comercio-, verán con mayor fuerza la caída abrupta en la confianza de los agentes privados y los efectos adversos de la depreciación cambiaria. El Índice de Percepción del Consumidor anotó en octubre un desplome nunca antes visto, llegando a niveles “extraordinariamente pesimistas” y tocando el piso histórico del indicador. Por su parte, la Cámara Nacional de Comercio estima que en la Región Metropolitana las ventas minoristas presenciales registraron en octubre una caída interanual de 17,2%.

De persistir la violencia en las calles, los ataques a la propiedad privada y los saqueos organizados, la situación económica seguirá empeorando. Los tres sectores potencialmente más afectados representan el 30% del empleo en Chile, por lo que un conflicto prolongado tendrá efectos visibles en los niveles de desempleo. Varios economistas anticipan que de no mejorar las condiciones de seguridad en el corto plazo, la tasa de desempleo podría empinarse por sobre el 10% hacia mediados del próximo año.

Las estimaciones para el año 2020 se han corregido en al menos un punto y en el escenario más probable se seguirán ajustando a la baja. Por cada punto de menor crecimiento el Estado deja de recaudar unos US$ 600 millones, recursos que en el escenario actual -con demandas sociales crecientes- son imprescindibles. La urgencia del Gobierno debe estar puesta entonces en reponer el orden público si quiere contar con recursos mínimos para financiar la nueva agenda pública.

/Editorial del diario La Tercera/gap