La OTAN logró este miércoles preservar su frágil unidad en una cumbre en Londres con ocasión de su 70º aniversario marcada por las críticas de Francia, el malestar de Turquía y el enfado del estadounidense Donald Trump.

“Siempre hemos sido capaces de superar [las] diferencias y luego unirnos en torno a nuestras tareas principales (…) y eso es exactamente lo que hicimos hoy”, dijo el secretario general, Jens Stoltenberg, al término de un encuentro marcado por las tensiones.

Las aparentes burlas sobre Trump por varios dirigentes, entre ellos el canadiense Justin Trudeau, en una conversación captada por las cámaras durante una recepción la víspera en el palacio de Buckingham, no invitaban al optimismo.

El presidente estadounidense acusó a Trudeau de tener “dos caras” y, aunque participó en la cumbre a la que llegó sin hacer declaraciones, acabó anulando su rueda de prensa final y afirmó que volvería “directamente” a su país.

Pese a todo, los 29 aliados lograron adoptar una declaración conjunta que por primera vez define a China como un reto, y marcar un plan de defensa para los países bálticos, pese a la amenaza de bloqueo por Turquía, aliado de la Rusia de Vladimir Putin.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, amenazaba con un veto si los aliados no reconocían como organización “terrorista” a la milicia kurda YPG, contra la que lanzó una ofensiva en el norte de Siria en octubre.

Pero el presidente francés, Emmanuel Macron, muy crítico con la ofensiva turca, advirtió que no se debía meter a todas las organizaciones en el mismo saco, máxime cuando la YPG fue aliada de los occidentales en la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico.

Los países bálticos, que temen a una Rusia más asertiva por su papel en el conflicto en Ucrania desde 2014, pusieron el grito en el cielo y reclamaban un compromiso en la cumbre, que se acabó logrando aunque no se conocían de momento los detalles.

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