Lo que al principio era celebrado por algunos dirigentes tanto en redes sociales como en medios de comunicación, poco a poco fue tomando otro cariz e incluso puede ser considerado como un delito, cuya sanción más severa puede ser la reclusión hasta por tres años. El fiscal nacional, Jorge Abbott, aseguró el lunes T13 Radio que existe un delito perseguible cuando se incurre en «el que baila pasa».

«Eventualmente en el caso de ‘el que baila pasa’ puede constituir una amenaza puesto que la persona está siendo amenazada si es que no realiza un determinado rito frente a la posibilidad de sufrir algún tipo de castigo», señaló Abbott.

Durante el debate en la Cámara de Diputados del proyecto que modifica el Código Penal para tipificar como delito la alteración de la paz pública mediante la ejecución de actos de violencia y agravar las penas para los saqueos y las barricadas -que fue aprobado ayer y despachado al Senado-, el presidente de la Comisión de Seguridad Ciudadana Miguel Ángel Calisto (DC), recordó la práctica que se popularizó a principios del mes de noviembre, que consistía en cortar el tránsito y obligar a los conductores a bajarse de sus vehículos y hacerlos bailar frente a la multitud, como condición para permitirles continuar con su recorrido.

“Hemos visto actos totalitarios en diferentes calles de nuestro país, donde se exige a las personas a los civiles, participar de este ‘el que baila, pasa’», declaró Calisto.

Aunque esta práctica no ha sido considerada en la agenda de seguridad, ya la están abordando diversos expertos como el mismo Ministerio Público. El delito de amenaza está definido en los artículos 296 y 297 del Código Penal. “El que amenazare seriamente a otro con causar a él mismo o a su familia, en su persona, honra o propiedad, un mal que constituya delito, siempre que por los antecedentes aparezca verosímil la consumación del hecho, será castigado”, dice el texto.

La abogada María Elena Santibáñez Torres, profesora de Derecho Penal de la Universidad Católica y miembro del Observatorio Judicial, señala que en ciertos casos “el que baila, pasa” podría ser considerado como una amenaza y especifica los matices que pueden existir con respecto a este delito, el cual considera un ilícito penal que «supone una amenaza de un mal que afecta a una persona, si no se cumple una determinada condición». El mal al que se refiere el Código Penal puede o no constituir un delito.

“Las amenazas suponen un mal serio, grave, verosímil y que tengan cierta inmediatez. Se puede amenazar a una persona con un mal que sea constitutivo de un delito al decirle, por ejemplo: ‘si no haces tal cosa, yo te mato’; que tiene la pena más grave, y que puede alcanzar hasta los cinco años. En el caso del que ‘baila, pasa’ no estaríamos en esa situación, me parece, sino más bien en el contexto del artículo 297, que es una amenaza de un mal no constitutivo de delito”, explica la profesora. Tratándose de este ilícito solo se sancionan las amenazas cuando son condicionales, en este caso la condición sería bailar, y el mal es restringir el paso vehicular, es decir la libertad de circulación.

De allí en adelante pueden surgir distintos escenarios que inciden en la gravedad del hecho. Está el caso de que a la persona luego de un rato le permitan el tránsito, aunque no baile. Así como la posibilidad de que definitivamente se lo nieguen. Luego, se debería considerar si ese es el único camino para llegar a un determinado lugar, o si la persona puede desviarse y si le permiten hacer el desvío o lo retienen. «El hecho de obligar a alguien con violencia a hacer algo a lo que no está obligado puede caer también en la falta penal de coacciones, sancionado con pena de multa. En el caso del delito de amenazas condicionales de un mal no constitutivo de delito, la pena en cambio es de reclusión menor en su grado mínimo a medio, o sea de 61 días a 3 años”, afirma.

La profesora de Derecho Penal especifica que, en todo caso, hay que estar atentos a la respuesta del sistema judicial frente a estas querellas, lo que va a depender del criterio del tribunal y de la forma en que se lleven adelante las investigaciones, así como de la colaboración de las víctimas, ya que, en general, la amenaza pese a ser un delito que se denuncia mucho no tiene buena respuesta por parte del sistema penal. «En eso hay que ser realistas, se trata de delitos de difícil prueba», subraya Santibáñez.

Las querellas por «el que baila pasa»

El Ejecutivo convocó a los abogados Jorge Bofill, Samuel Donoso, Marcelo Sanfeliú y Gabriel Zaliasnik para perseguir penalmente los casos más graves por incendios, saqueos y desórdenes. Recién cuando se hizo pública su participación en estos casos a mediados de noviembre informaron que una de las acciones judiciales en las que estaban participando era una querella por «el que baila, pasa» que involucraba a una persona ya detenida, que durante esta práctica amenazó a un taxista con un arma; el taxista se negó a bailar y le abollaron el auto.

Con respecto a “el que baila pasa”, Zaliasnik afirmó: “Es absolutamente intolerable esa conducta, no es una conducta lúdica, no es un juego, es una conducta fascista, totalitaria, que humilla a los ciudadanos y en una democracia, en un estado de derecho, eso no se puede tolerar. El Ministerio Público debiera ser lo más duro posible en la persecución e indagación de esas conductas”.

Ese fue un caso más grave que implica otros delitos como daños y amenaza por arma de fuego. “Evidentemente está en una circunstancia más grave. Objetivamente si a ti alguien te obliga a hacer algo que tú no quieres hacer a todos los efectos es ilícito. Si alguien viene con violencia y te obliga a hacer algo que no quieres evidentemente que el sistema penal tiene que actuar”, asevera Santibáñez.

Para Zaliasnik, las causas por amenaza sí pueden llegar a resultados. “Hay que individualizar a las personas. Yo creo que son hechos que deben ser investigados y perseguidos. No se puede frivolizar esa conducta”.

Según la encuesta Cadem de esta semana, 58% de los encuestados está en desacuerdo y solo un 38% está de acuerdo con “el que baila pasa”. De hecho, esta figura acumuló infinidad de críticas a mediados de noviembre. Tras más de 15 días en que distintos sectores y medios de comunicación se referían a “el que baila pasa” como una forma de “protesta pacífica”, o incluso una diversión. La diputada del Partido Comunista Karol Cariola comentó como algo gracioso en su cuenta de Twitter que un grupo de manifestantes en la Ruta 68, la haya hecho bailar cuando regresaba desde el Congreso.

Esto después de los pronunciamientos en contra de distintas figuras como el fundador de Educación 2020 Mario Waissbluth, que aseguró que se trataba de “una brutal violación a la dignidad de las personas, es una humillación”, palabras fueron refrendadas por la ensayista Adriana Valdés. También se manifestó en contra el académico del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, Robert Funk, quien escribió en su Twitter: “Todos celebran el ‘el que baila pasa’ como una manifestación feliz y pacífica. En realidad es una imposición humillante y poco democrática. Las dictaduras son las que impiden el libre tránsito de las personas, no las democracias”.

Además, en el hilo que abrió en la red social a partir de ese mensaje comentó que según el Código Penal canadiense (sección 175), sería una ofensa criminal que alguien, estando fuera de su hogar, cause disturbios en público como “pelear, gritar, cantar, insultar, usar garabatos o obscenidades, estar ebrio, impedir o molestar a otros, obstruir que otros puedan transitar, o molestar la paz y tranquilidad de otros en sus hogares”.

Además, el mundo político también mostró su desacuerdo. La ministra vocera Karla Rubilar también usó Twitter para pronunciarse en contra: “Cuando una manifestación pacífica se toma la calle y obliga a los conductores a bajarse y bailar para poder seguir avanzando, deja de ser pacífica. Es humillante y violento. Por eso, el respeto es el mejor legado que le podemos dejar nuestros hijos”.

Por su parte, el diputado Javier Macaya (UDI) aseveró que se trataba de una “práctica fascista” y afirmó que una práctica similar se vio en la película “El Pianista” (2002), que muestra cómo los nazis obligaban a bailar a los judíos. “Cómo va a ser normal que estemos en un estado donde hay una protesta y para pasar tú tienes que bailar. Hay una pérdida de dignidad, degradación absoluta de un derecho fundamental, que es el derecho de circular”, dijo.

El filme, dirigido por Roman Polanski, narra la historia del pianista polaco Wladyslaw Szpilman, sobreviviente del Holocausto y se basa en su libro de memorias El pianista del gueto de Varsovia.

Por Emily Avendaño para ellibero.cl

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