El clima de distensión que había entre Estados Unidos y Corea del Norte comienza a verse afectado por nuevas muestras de hostilidad del régimen de Kim Jong-un, que se mantiene impermeable ante las exigencias de desnuclearización de la isla. Ante la falta de avances en las negociaciones, y las provocaciones de Pyongyang con nuevas pruebas de misiles, la dictadura norcoreana vuelve a poner sobre la mesa un temor que parecía lejano: una guerra nuclear sin precedentes.

Durante gran parte de 2017, el primer año de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, la perspectiva de una guerra nuclear entre la primera potencia militar del mundo y el régimen comunista de Corea del Norte pareció apenas una cuestión de tiempo.

Entre intercambios de insultos personales (“hombre cohete” endilgado al dictador norcoreano Kim Jong-un, “viejo loco” usado para describir a Trump) y demostraciones cruzadas de fuerza militar, el mundo observó con atención los desarrollos en la península coreana.

En 2018 todo pareció cambiar. Trump y Kim mantuvieron acercamientos diplomáticos y en junio realizaron una primera cumbre en Singapur. A partir de entonces intercambiaron elogios tan estrafalarios como los insultos del pasado, mientras Pyongyang suspendía sus pruebas de misiles nucleares y Washington hacía lo mismo con sus maniobras junto a Corea del Sur.

Pero más allá de esta distensión, los países no avanzaron prácticamente en nada en sus negociaciones para desnuclearizar la península a cambio del levantamiento de sanciones sobre Corea del Norte.

Kim y Trump en la primera cumbre, el 12 de junio en Singapur (Reuters)

Kim y Trump en la primera cumbre, el 12 de junio en Singapur (Reuters)

Después de todo, el régimen de Kim estaba buscando que la entrega de armas fuera de parte de todas las partes, incluyendo a Estados Unidos, y que el retiro de sanciones ocurriera de inmediato. La administración Trump, y gran parte de la comunidad internacional, en cambio, querían un desarme unilateral de Corea del Norte, con el levantamiento de sanciones sólo después de que esto fuera certificado.

El desencuentro llevó a la cancelación precipitada de la segunda cumbre entre los líderes, realizada en Vietnam en noviembre de 2019, y otra vez al deterioro rápido de las relaciones, que se saldó con otro encuentro fallido, esta vez entre representantes de ambos gobiernos, en octubre en Suecia. Un corto encuentro en la frontera entre ambas Coreas tampoco ayudó a mejorar la situación. En definitiva, el régimen nunca mostró voluntad de distender la situación con una desnuclearización unilateral.

Ante este contexto, la dictadura norcoreana retomó el camino de las provocaciones y amenazas. Una serie de pruebas de misiles de corto alcance en los últimos meses, sumado al anuncio de este domingo respecto a su “muy importante prueba” (presuntamente un ensayo de armas de alcance intercontinental) realizada en el centro de lanzamientos de Sohae, el cual habían prometido desmantelar, el régimen de Kim parece haber hecho retroceder el tiempo a la tensa situación de 2017.

Un misil balístico disparado por Corea del Norte en octubre (AFP)

Un misil balístico disparado por Corea del Norte en octubre (AFP)

Tras el anuncio sobre la prueba en Sohae, Trump advirtió que Kim tiene “todo que perder” si actúa “de manera hostil”, aunque matizó sus declaraciones llamando a su contraparte “muy inteligente”.

En un editorial publicado este domingo, el periódico británico The Guardian indicó que la dictadura norcoreana “ha desarrollado y refinado su arsenal”. “El conflicto de Trump con China ha llevado a Beijing a unirse a Pyongyang. Y el régimen comunista ha observado con interés las tensiones entre Estados Unidos y Corea del Sur y Japón”, agrega la publicación, en referencia a las demandas del presidente republicano de que ambos países aliados aumenten sus contribuciones económicas para mantener a las tropas estadounidenses en la región.

“[Trump] se atribuyó progreso al pretender que no había diferencia entre aquello a lo que Pyongyang no se iba a oponer (desnuclearización multilateral de la península) y eso que nunca jamás podría aceptar (desnuclearización completa unilateral). No fue una solución, fue una ilusión de progreso”, consideró el periódico británico.

El ejército de Corea del Sur en maniobras. El vecino del régimen norcoreano estaría evaluando adquirir sus propias armas nucleares (AFP)

El ejército de Corea del Sur en maniobras. El vecino del régimen norcoreano estaría evaluando adquirir sus propias armas nucleares (AFP)

Este panorama parece haber dado rienda suelta a quienes consideran que Corea del Sur debería tener sus propias armas nucleares, señala The Guardian, lo que significaría un caso de proliferación de armas de destrucción masiva que no se observa desde finales de la década de 1990.

Sumado la tensa situación entre Estados Unidos y Rusia, que han abandonado el tratado de control de armas nucleares de alcance intermedio (INF) y podrían dar de bajar el acuerdo NEW START, y las reiteradas violaciones del régimen de Irán al acuerdo nuclear de 2015, herido de muerte tras la salida de Washington en 2018, la situación en la península coreana está amenazando con desencadenar una crisis nuclear a nivel planetario que no se ve desde la Guerra Fría.

“Corea del Norte quiere presionar a los Estados Unidos para que ofrezca concesiones, no provocar un conflicto”, indicó The Guardian. “Pero el riesgo de un malentendido o un error de juicio son reales, y los jefes militares norcoreanos han advertido que la tregua con Estados Unidos ‘puede convertirse en un conflicto armado general en cualquier momento’”, concluyó The Guardian.

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