A medida que pasan las semanas y el desconcierto inicial se decanta parece más fácil analizar lo sucedido. Pero pese a la relativa calma de los últimos días, y a que es más posible reflexionar con la cabeza fría y sin el agobio de la violencia, lo cierto es que aún hay más preguntas que respuestas. Y frente a ellas varios columnistas siguen intentando entregar algo de luz ante un panorama que continua siendo oscuro. Quizá el ejemplo más claro de esa sensación de desconcierto que ha asaltado a muchos por estos días es la columna de Sylvia Eyzaguirre del domingo pasado titulada “herejía”. Y la herejía es precisamente plantear muchas preguntas que para quienes por estos días parecen dominados de “certezas absolutas” -y que no son pocos- parecen inaceptables. “¿Cuáles son las condiciones que exige la democracia para su legitimidad? (…), ¿quienes legitiman la violencia entienden que ésta es incompatible con la democracia? (…) ¿cuánta fuerza puede usar el Estado para restablecer el orden público? (…) ¿se puede restablecer el orden público sin el uso de la fuerza?”, son algunas de las dudas de la investigadora del CEP. Aunque aún le quedan certezas: “en estas últimas semanas me he cuestionado todo, pero hay una cosa en la cual sigo creyendo: en el imperativo de ver en el otro un igual”. Un punto para reflexionar.

Ascanio Cavallo resume también esa sensación de realidades paralelas incapaces de cruzarse que ha dominado el debate por estos días y las certezas impuestas, que muchas veces no lo son. “Parece cada vez más claro que los diagnósticos iniciales sobre el 18-O han estado reflejando más los deseos de sus doctores que los síntomas de los pacientes. Así como las cosas que era urgente resolver -sueldos, medicamentos, pensiones- lo eran desde antes de ese día, otras discusiones tienden a moverse en un cierto vacío arremolinado, como el que se produce en el fuego cuando escasea el oxígeno”, escribe en su columna con un título no muy esperanzador: ” Ningún vicio acaba donde comienza “. Para él, “que las urgencias hayan sido asumidas es la parte virtuosa del 18-O. Pero si la misma lógica rodea los debates que se refieren al futuro del país, es más que probable que se haga ostensible su parte viciosa”. Y en este escenario, concluye Cavallo, “el gobierno trata de entender. Los intelectuales, los profesionales, los periodistas, todos, tratan de entender. Y algunos, en silencio o en clave, en ciertos rincones sombríos, creen que ya entendieron. Lo mismo que entendió, de puro andar por la pampa, el gaucho Martín Fierro”. Una mirada que no eja de desprender cierta desesperanza sobre el futuro.

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