La situación se ha ido poniendo cada vez más compleja, por decir lo menos. Desde hace tiempo estamos viviendo en un país que no conocíamos. Nos habíamos acostumbrado a una cierta estabilidad y a un relativo progreso; sin embargo, poco a poco una “fronda política”, encerrada en su ilusorio mundillo de intrigas y poder, nos llevó a una realidad donde pareciera que… “nos estamos yendo a las pailas”.

Todo ha cambiado: ausencia de autoridad, pérdida del estado de derecho, quebrantamiento institucional, irresolución… y, como si eso fuera poco, pandemia.

Sucesivos cambios de autoridades han precedido al nuevo gabinete, designado con la misión de recomponer la gobernabilidad y la paz cívica, especialmente en momentos en que será determinante la claridad y firmeza con que actúe el gobierno.

Nada será fácil. Recién asumido el nuevo gabinete, a las “hienas de la selva política y comunicacional” -con su traicionera y mal oliente sonrisa- se sumaron con su violencia los “chacales narcoterroristas de la Araucanía”, ambos desafiando, en un “peligroso gallito”, a las nuevas autoridades.

Ante una provocación así de clara, el gobierno no tiene otro camino que emplearse a fondo y sin temores, ya que resulta imprescindible recomponer “el resorte principal de la máquina… ¡la autoridad! (Portales). Por lo mismo, deben darse señales claras que se ha tomado la firme decisión de restaurar el estado de derecho, el orden y la seguridad. De otra manera, el nuevo gabinete tendrá “una vida útil” muy corta.

En este desafío el gobierno “no debe jugar solo”; debe demandar la participación decidida de las organizaciones básicas del orden institucional, único camino para lograr… “un estado en forma” (Spengler). No pueden estar ausente en estos momentos cruciales: la legislatura, la judicatura, la autoridad contralora, la iglesia, el mundo empresarial, los gremios, en general… la sociedad civil. Amén del respaldo que debe darse a las instituciones de las Fuerzas Armadas para que actúen de acuerdo con la situación.

Es cierto que son muchos los elementos complicando la situación actual: la pandemia, el 10%, el desempleo, la inseguridad, la falta de compromiso… pero también es cierto que existen muchos componentes relacionados con el orden, la estabilidad, el progreso, las expectativas, etc.… que, aunque invisibles, están vivos en el alma nacional y reclaman ser despertados por una autoridad competente.

Un parroquiano irónicamente acotó… “lo comentado en esta tertulia no tiene nada de novedoso… es más viejo que el hilo negro…igual nos estamos yendo a las pailas”. Las risas no se hicieron esperar. Después de un corto silencio, alegué en defensa de lo conversado: “Es cierto, las reflexiones que hemos hecho son más viejas que el hilo negro, pero ocurre que algo tan obvio en la actualidad no se cumple, porque quienes ejercen la autoridad han olvidado que la humanidad siempre ha marchado al impulso de quienes saben mandar. No se les olvide: el que puede mandar y manda… con ruegos no se anda”.

Cristián Labbé Galilea/gap