El mismo día en que comenzó la discusión en el Congreso de la reforma legal necesaria para iniciar el proceso constituyente, la jefa de bancada de la UDI, María José Hoffmann, y el diputado y vicepresidente de esa colectividad, Juan Manuel Fuenzalida, comenzaron a difundir entre sus pares una carta que exponía sus argumentos de por qué votar que no en el plebiscito de abril.

El documento era encabezado por la pregunta “¿Es necesaria una nueva Constitución?”, y terminó siendo adherido por 22 de los 29 diputados que conforman la bancada. Allí, los parlamentarios exponen que el 17 de septiembre de 2005, el expresidente Ricardo Lagos firmó el decreto promulgatorio de una nueva carta fundamental, luego del proceso legislativo que había desarrollado el Parlamento de la época. Sobre ese hito, citan al exmandatario, quien sostuvo en esa ocasión: “Tenemos por fin una Constitución democrática, acorde con el espíritu de Chile”.

“¿Qué ha pasado desde esa fecha hasta ahora? ¿Dejó de ser democrática una Constitución firmada por un Presidente socialista?”, se preguntan.

Y la respuesta está dada por la crisis desatada el 18 de octubre, pues –apuntan en el escrito- “la izquierda y los partidos políticos avergonzados de su pasado han visto en la crisis por la que atraviesa el país una oportunidad para lograr, aunque sea en alguna materia, un consenso, algo que los una”. Algo que, en opinión de la UDI, no funcionó, pues el PC se restó del acuerdo y el diputado Gabriel Boric (Convergencia Social) fue pasado al tribunal supremo de su partido.

En contraste, los diputados de la UDI aseguran que “no nos avergonzamos de la estabilidad que por más de 30 años hemos entregado al país, estabilidad que, principalmente, se debe al marco institucional y jurídico de nuestro país, cuya base es la Constitución”. Por ello, sostienen, que aprobar una nueva carta magna significaría “un salto al vacío”.

Según explica Hoffmann, “lo más preocupante es que han vendido este proceso como el que cambiará la vida de los chilenos y eso va a provocar una mayor frustración”, y añade: “Perfeccionar el texto vigente, sí; saltar al vacío no es responsable”.

Fuenzalida dice que “estamos dispuestos a perfeccionar la Constitución democrática del año 2005”, y previene: “La sociedad chilena debe tener mucha claridad de lo que se juega en estas modificaciones tan profundas que han sido ‘jineteadas’ por la izquierda. La Constitución política realizada en estas condiciones es una aventura y no un proceso serio y con un norte claro para el país”. “Voy a votar no, porque no creo en modificaciones ejercidas por medio de la violencia”, sentencia.

¿Y cómo se preparan para el proceso? Según explica el diputado Juan Antonio Coloma “en los próximos días, diputados de la UDI comenzaremos a recorrer Chile en campaña por el no a la nueva Constitución. Estamos preparando material gráfico para explicar las falsedades planteadas por la izquierda, que muestra que las soluciones a los problemas pasan necesariamente por una nueva Constitución”.

“No creemos en un salto al vacío con una asamblea constituyente, creemos en reformas constitucionales que permitan mantener el progreso e impulsar fuertemente la movilidad social”, precisa.

Los indecisos y los que aprobarán

El diputado Jaime Bellolio fue uno de los protagonistas del acuerdo del 15 de noviembre y uno de los primeros de su partido en anunciar su aprobación de cara al plebiscito de abril. Hoy, el diputado mantiene esa posición -que también comparten sus pares Sandra Amar y Joaquín Lavín- y explica sus razones a La Tercera PM.

“Votaré que sí, porque necesitamos un nuevo pacto social, que es más que solo la Constitución, para un futuro común de los próximos 40 años. La actual Constitución que nos rige ya tiene trizaduras graves que la alejan de poder garantizar una correcta separación de poderes, progreso sostenible, justicia y orden público”, dijo.

En tanto, quienes se declaran en reflexión son los diputados Jorge Alessandri, Álvaro Carter, Iván Norambuena y Gustavo Sanhueza.

Alessandri explica su postura, argumentando que este proceso, que define como “el proceso más importante –probablemente- de los próximos 40 años”, está “recién comenzando”. En ese sentido, explica que “no sabemos bien qué se va a aprobar, no sabemos cómo lo vamos a aprobar, qué tipo de plebiscito, qué tipo de Constitución, por lo tanto, dar una opinión hoy día me parece un salto al vacío. Por eso he expresado que estoy en reflexión y, una vez que hayamos aprobado las leyes que permiten este proceso constituyente y hayamos visto que los partidos han cumplido su palabra (…) podremos tener los elementos necesarios para comunicar nuestra votación”.

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