1) Porque la Constitución vigente es legítima: fue plebiscitada en 1989 y modificada sustancialmente entre 1989 y 2005, con acuerdos de congresos democráticamente elegidos. Decir lo contrario es anti democrático.

2) Porque ningún Estado puede hacer acuerdos bajo la presión violentista del terrorismo. El Acuerdo para la Paz y Nueva Constitución nace bajo presión ilegítima y, por lo tanto, ilegítima será cualquier constitución que salga de tal acuerdo.

3) Porque hasta antes del 18 de octubre de 2019 una nueva constitución estaba entre las últimas prioridades del ciudadano chileno. Solo un porcentaje muy menor de fuerzas de izquierda radical, por simples razones ideológicas y de control del poder, ha tenido desde siempre la intención de eliminar la Constitución vigente.

4) Porque una nueva constitución no resolverá los problemas reales de la gente. Todas las demandas sociales que se han hecho claras en las últimas semanas pueden ser resueltas bajo el amparo de la actual Constitución y las Leyes del Estado de Chile. Solo se requiere que el Gobierno y el Congreso sean capaces de hacer su trabajo.

5) Porque, más allá de las legítimas demandas de la gente, que son válidas en casi todos los países del Mundo, a este Gobierno, por amplia mayoría, se le dio un mandato de gobernar, que en ninguna parte incluía una nueva constitución. Si cada vez que un gobierno no de el ancho vamos a tener que cambiar la constitución, el país será un caos permanente.

6) Porque desde el mismo momento de la creación del “Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución”, el proceso para avanzar hacia una nueva constitución ha estado siendo manipulado por la extrema izquierda, generando presiones indebidas en procesos asambleistas de dudosa legalidad y nula representatividad.

7) Porque los medios de comunicación audiovisual, mayoritariamente, no son objetivos en el proceso, confundiendo a la gente, aprovechándose de manera indebida del poder que tienen. El proceso se aprovecha de la gente más sencilla y menos educada, dando voz a elites vociferantes y violentas que mienten con descaro al mismo “pueblo” que dicen querer proteger.

8) Porque es injusto e innecesario partir con una “hoja en blanco”. Solo una visión totalitaria de las cosas justifica algo así. No se pueden desechar tradiciones centenarias y normas de convivencia que son intrinsecamente buenas porque hay un grupo de terroristas y políticos extremistas que nos dicen que todo se ha hecho mal de aquí para atrás. Menos cuando esos grupos han mostrado el daño que son capaces de hacer a los países cuando están en el poder.

9) Porque no veo cómo un grupo de políticos que tienen los niveles más bajos de popularidad de la historia de Chile van a ser capaces de producir una “buena
constitución”, cuando no han demostrado la capacidad de, siquiera, hacer buenas leyes. Lo mismo digo de potenciales “representantes de la ciudadanía”: ¿qué nos hace pensar que pueden ser mejores que los políticos elegidos para representarnos?. No seamos ilusos o, mejor dicho, estúpidos.

10) Porque detrás de todas las acciones ciudadanas y la violencia terrorista que hemos vivido ha habido una búsqueda del derrumbe de la democracia republicana en Chile, con el inmenso agravante de una posible intervención extranjera. El proceso que estamos viviendo es un golpe de estado, dirigido a destruir la institucionalidad vigente en forma planificada y coordinada. Esto es inaceptable.

Andrés Fuentes Belmar
Frutillar – Diciembre 2019