En las tertulias de fin de año había primado siempre un ambiente esperanzador, muy distinto a lo que ocurre ahora: la amargura y la preocupación dominan la agenda. Afligidos e inquietos parroquianos buscan respuesta a las espinosas circunstancias que estamos viviendo: “se instala, sin autorización, un mega camión en plaza Italia, se desarrolla un mega concierto y no pasa nada; se levanta un mega campamento frente a los Tribunales y no pasa nada; sobran los ejemplos…”. Todos se preguntan: ¿qué va a pasar?”.

Son muchos los casos que dan cuenta de la compleja situación que vive nuestro país, y que nos hacen muy difícil intentar responder esa pregunta.

Una luz surge con lo sucedido en la Cámara de Diputados -durante la votación sobre el Plebiscito que debiera dar inicio al proceso para “una Nueva Constitución”-, por las proyecciones que se pueden desprender de tan escandalosas conductas.

Qué duda cabe que desde hace algún tiempo en nuestro país manda la calle, el que más grita y el más violento… Ante ello, el ciudadano común, atemorizado se arrincona y, los políticos débiles en sus principios, timoratos y, cuando no, renegados… ¡ceden, ceden y no se cansan de ceder!

Fácil es admitir entonces que, si las cosas siguen el rumbo que han tomado, se podría partir suponiendo que nada bueno se puede esperar de una “eventual constituyente” (“eventual” porque podría no haber tal constituyente). Si se tomaron el parlamento, “con bombos y platillos”, literalmente, imagínese el lector lo que podría pasar en una asamblea donde nadie obedecerá a nada y a nadie: obviamente se impondrá el caos, la violencia y finalmente el terror… y ya sabemos quiénes son los “maestros” de esas estrategias.

Téngase presente que la historia da cuenta de precedentes similares que nos pueden ayudar a encontrar una tímida respuesta a la pregunta… ¿Qué va a pasar?

No hay que olvidar que la Revolución Francesa, recordada idílicamente con los principios de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, esconde en los pliegues de su desarrollo oscuras páginas de terror.

No se nos puede quedar en el tintero que todo partió en una muy ordenada Asamblea Constituyente (Estados Nacionales), violentada por “agitadores extremos” que se sirvieron del lumpen parisino hasta que, después de varios tumbos, se rompieran todas las reglas que se habían fijado para luego terminar redactando una Nueva Constitución y entregándole la calle a la violencia y a la anarquía…

Surgió “el Terror”, aparecen “los amigos”: Danton y Robespierre… El poder se lo toma la calle y todo termina mal… Robespierre mata a Danton y los de Danton matan a Robespierre… ¡espantoso!

“Aquello que partió idílicamente… ¡terminó del Terror!… Se mataron entre ellos” (¡téngase presente!).

Es fácil concluir, después de revisar los precedentes históricos, la respuesta a las inquietudes que hoy preocupa a nuestros parroquianos: todo se puede evitar, si con convicción y fuerza impedimos una asamblea constituyente… votando NO en el plebiscito de abril.

Por Cristián Labbé Galilea

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