Con la designación que nadie había previsto, la de Marrero Cruz como primer ministro, quedó demostrado «que el hombre fuerte en Cuba sigue siendo el coronel Luis Alberto Rodríguez López-Callejas», señaló por su parte el periodista y escritor Carlos Alberto Montaner.

«Con su sorpresivo nombramiento como primer ministro, el consorcio de los militares estaría haciendo su movimiento público más claro, mostrando abiertamente su posición clave dentro del régimen cubano».

En opinión de Montaner, la idea de recuperar el cargo de primer ministro -abolido durante las reformas constitucionales impuestas por el fallecido dictador Fidel Castro en 1976- es «crear otro escalón burocrático para que solo el PCC tenga el control del país cuando desaparezca Raúl Castro».

«Elige a un civil como primer ministro, como antes hizo con Díaz-Canel, pero el centro del poder político y económico seguirá estando en las manos de los generales», acotó Montaner en referencia a que uno de los viceministros primeros que tendrá Marrero Cruz es Ramiro Valdés, comandante de la Revolución y miembro de la llamada «generación histórica».

Para el economista Orlando Freire Santana, un dato revelador de los nexos que une el nombramiento de Marrero Cruz como primer ministro y los militares se remonta a los tiempos en que el general Raúl Castro asumió el poder tras la enfermedad de Fidel Castro: «Raúl le exigió a Marrero que todos los meses entregara un informe acerca de la marcha de ese importante sector de la economía cubana».

«Y al parecer, Marrero cumplió con proverbial disciplina semejante encargo. Así se habría ganado la confianza del menor de los Castro, quien además lo consideraría como el funcionario obediente que dirigiría el Gobierno sin hacerle sombra a Díaz-Canel. Porque, a todas luces, Díaz-Canel parece dispuesto a continuar en todas partes y a toda hora, sin delegar funciones».

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