“It’s the economy, stupid” es la frase que permitió a Bill Clinton ganar la elección presidencial el año 1992 contra George W. Bush (padre), al recordar durante toda la campaña al electorado estadounidense que, sin una economía sólida, el resto de las políticas no sirven de nada.

Esta misma frase, pero aludiendo a la política –“It’s the politics, stupid”– es la conclusión a la que arriban Acemoglu y Robinson en su libro Por qué fracasan las naciones, para explicar por qué la mayor parte de los países fracasan en su camino al desarrollo. El libro muestra cómo las elites poderosas manipulan a los políticos y, a través de ellos, las reglas y leyes que rigen la economía para beneficio propio, resistiéndose y deteniendo la innovación, que es la que permite crecer a los países y beneficiar a la mayor parte de la población. Este año, más que nunca, esta frase se hace tangible, al explicar la evolución que tendrá la economía mundial y chilena durante el 2020.

En Estados Unidos, el actual Presidente Trump ha manipulado durante meses las negociaciones comerciales con China, manteniendo expectante y en vilo a la población norteamericana, así como al mundo. Pero hay que reconocer que el hombre es inteligente. El 3 de noviembre de este año son las elecciones presidenciales en Estados Unidos, donde Trump buscará su reelección contra un candidato demócrata. No es necesario tener una bola de cristal para llegar a la conclusión que, justo antes de las elecciones, Trump terminará de negociar exitosamente con China, impulsando la economía de Estados Unidos, ganando con ello muchos votos en Norteamérica. De este modo, será la política la que permitirá un muy buen año económico en Estados Unidos, influenciando positivamente al resto del mundo.

En Chile las cosas no son distintas. A tres meses de la explosión social, el vandalismo, si no se ha incrementado a través de todo Chile, al menos no ha menguado. Tanto es así que este tipo de actos han dejado de ser noticia; nos estamos acostumbrando a una nueva condición, la de la toma de ciertos lugares ciudadanos por vándalos y antisociales que se creen dueños de todo y todos, destruyendo e incendiando lo que hay a su paso. Nuestra clase política no ha sido capaz de responder con la fuerza necesaria para denunciar y condenar estos actos. Por el contrario, algunos de ellos los justifican, otros los apoyan e incentivan, pasando incluso por sobre las instituciones y las leyes; y los peores, usufructúan de estos actos.

Aparte de algunos grupos minoritarios, la mayor parte de los políticos entiende que es necesario mantener las instituciones y el orden público para que nuestro país no colapse. ¿Pero por qué no hemos visto ninguna acción decidida para detener el vandalismo que se tomó nuestras vidas? La respuesta es la misma: ¡es la política! Aun cuando la oposición entiende que, de mantenerse el clima de ingobernabilidad, el problema lo heredará si gana las próximas elecciones, también está segura que, de apoyar una acción efectiva contra los vándalos, y volver la seguridad a las calles, bajará la incertidumbre, mejorando la economía y, con ella, el apoyo al gobierno en año de elecciones municipales.

De este modo, es la política –la necesidad de los políticos de asegurar los votos en las próximas elecciones– la que está determinando que el 2020 sea un año económicamente malo -de escueto o nulo crecimiento económico-, sin entender, que con dichas acciones (o inacción) no sólo asegurarán la ingobernabilidad de Chile en los próximos meses, lo que en sus mezquinos intelectos implica más votos en la próxima elección; sino que se están jugando el futuro de cada uno de sus ciudadanos que, sometidos al vandalismo, sufren todos los días los efectos de un país que se empobrece económica, humana y socialmente.

/Escrito por Michèle Labbé para El Líbero

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