El mundo está hoy más cerca que nunca de la destrucción total. Ni siquiera en el apogeo de la Guerra Fría el riesgo era tan grande. Nos enfrentamos a un «estado de emergencia» que requiere «acción inmediata». Esta es la advertencia que el pasado jueves lanzó un grupo de científicos atómicos, al dar a conocer cómo va el llamado «Reloj del Juicio Final», un indicador que representa en minutos para la medianoche cuánto le queda a la especie humana para el apocalipsis. Este año, el minutero del reloj simbólico se ha adelantado 20 segundos, de forma que solo faltan 100 para que todo se vaya al garete. Las causas son, según explican, la amenaza de las armas atómicas, el cambio climático y la guerra de desinformación que socava la respuesta de la sociedad. Todo eso, subrayan, agravado por la inacción, y en muchos casos acciones contraproducentes, de los líderes internacionales.

El Reloj del Juicio Final fue creado en 1947 para transmitir la vulnerabilidad de la humanidad y el planeta. La decisión de mover o no el minutero se toma todos los años por la Junta de Ciencia y Seguridad del Boletín de los Científicos Atómicos, en consulta con un grupo de expertos, que incluye trece premios Nobel. El pasado año, la manecilla no se movió, pero en enero de 2018 se adelantó 30 segundos, a dos minutos antes de la medianoche, lo más cerca que había estado desde 1953 en los primeros años de la Guerra Fría. Este año, los científicos lo han vuelto a adelantar a menos de dos minutos.

Armas atómicas

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la humanidad es, según estos investigadores, es el refuerzo de la carrera armamentística nuclear y la proliferación de armas atómicas. A lo largo de 2019, Irán aumentó su arsenal de uranio poco enriquecido después de que EE.UU. se retirara de su acuerdo nuclear común y le volviera a imponer sanciones económicas. A principios de este año, el ejército estadounidense mató a un prominente general iraní en Irak, ante lo que los líderes iraníes exigieron una «severa venganza». La desaparición del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), las malas relaciones entre China, EE.UU. y Rusia, y una Corea del Norte sin restricciones pintan un panorama poco estable. «Cualquier creencia de que la amenaza de una guerra nuclear ha sido vencida es un espejismo», dicen.

En cuanto a la crisis climática, los científicos se felicitan por el aumento de la conciencia pública al respecto, en gran parte debido a las protestas masivas de jóvenes de todo el mundo. Sin embargo, señalan que las reuniones climáticas de la ONU, entre ellas la de Madrid, han sido decepcionantes. Se han presentado pocos planes concretos para limitar aún más las emisiones de dióxido de carbono que están alterando el clima de la Tierra. Esa tibieza en la respuesta política contrasta con uno de los años más cálidos registrados debido, dicen, al cambio climático provocado por el hombre, en el que se han sufrido incendios forestales extensos y el hielo glacial se ha derretido más rápido de lo esperado. «La decisión del presidente Trump de retirar a EE.UU. del acuerdo de cambio climático de París fue un grave error. Quien gane las elecciones presidenciales de 2020 en EE.UU. debe revertir esa situación», aseguran en el boletín.

«Fake news»

Los científicos atómicos añaden una nueva amenaza, la de las «fake news». «En el último año, muchos gobiernos han utilizado campañas de desinformación cibernéticas para sembrar la desconfianza en las instituciones y entre las naciones», relatan en el boletín. Según explican, la reciente aparición de los llamados «deepfakes» (grabaciones de audio y vídeo que son esencialmente indetectables como falsas) amenaza con socavar aún más la capacidad de los ciudadanos para separar la verdad de la ficción. «Las falsedades tienen el potencial de crear el caos, provocan malentendidos que pueden conducir a la guerra y fomentar la confusión pública que conduce a la inacción en los problemas graves del planeta», señalan. Frente a la desinformación en las redes sociales, apuntan a la importancia de «insistir en los hechos y descartar tonterías». Las nuevas tecnologías de ingeniería genética y biología sintética también podrían ser utilizadas como armas biológicas y la inteligencia artificial debe ser vigilada para que no tome decisiones por sí misma.

¿Y qué han hecho los políticos frente a esos peligros? Nada, o empeorarlos, según el comunicado. En vez de reducir el riesgo de catástrofe, «en los últimos dos años, hemos visto líderes influyentes denigrar y descartar los métodos más efectivos para abordar amenazas complejas a favor de sus propios intereses estrechos y ganancias políticas internas». A su juicio, estos líderes «han ayudado a crear una situación que, si no se aborda, conducirá a una catástrofe, más temprano que tarde».

«¿Cómo se atreven?»

Por todo eso, los científicos animan a los líderes estadounidenses y rusos a volver a la mesa de negociaciones para restablecer el tratado INF o tomar otras mediadas que frenen «una carrera armamentística innecesaria», buscar nuevas reducciones de armas nucleares e iniciar conversaciones para controlar la guerra cibernética o la militarización del espacio. Al mismo tiempo, los países del mundo deberían perseguir el objetivo de temperatura del acuerdo climático de París (restringe el calentamiento «muy por debajo» de 2ºC por encima del nivel preindustrial) y los ciudadanos deberían presionar para que sus gobiernos actúen. De igual manera, deben establecer normas de comportamiento, nacionales e internacionales, que penalicen el mal uso de la ciencia.

«La situación de seguridad global es insostenible y extremadamente peligrosa, pero puede mejorarse si los líderes buscan el cambio y los ciudadanos lo exigen», admiten los científicos, que alientan a una participación cívica masiva para impulsar el cambio. «Ahora quedan cien minutos para la medianoche, la situación más peligrosa que la humanidad haya enfrentado. Ahora es el momento de unirse y actuar», concluyen. Como explica Rachel Bronson, presidenta y directora ejecutiva del Boletín de Científicos Atómicos, si los líderes mundiales continúan sin actuar, «los ciudadanos de todo el mundo deberían hacerse eco de las palabras de la activista Greta Thunberg y preguntar: ‘¿Cómo se atreven?’».

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