Para encontrar la última vez que un jugador australiano había podido con Rafael Nadal en Melbourne había que remontarse a 2005 cuando cedió ante Lleyton Hewitt. Tenía apenas 18 años.

Ha llovido mucho desde entonces, pero Nick Kyrgios intentó este lunes la proeza, sin éxito. Cayó, sin embargo, con honor y después de haberlo dado todo con un 6-3, 3-6, 7-6(6) y 7-6(4). El tanteo fue idéntico al del último precedente entre ambos en la hierba de Wimbledon.

El balear se planta por decimosegunda ocasión entre los ocho mejores del Abierto y se medirá con Dominic Thiem por un puesto en semifinales. Será el primer ‘Top10’ que aparece en un camino a la final en el que ya no está Daniil Medvedev, eliminado en la cuarta ronda por el incombustible Stan Wawrinka

El espectáculo de Kyrgios empezó haciendo su particular homenaje a Kobe Bryant. A pesar de ser un reconocido seguidor de los Celtics de Boston, el australiano saltó a la Rod Laver Arena con la primera elástica que lució el escolta en los Lakers con el número ocho. Si hubiese sido por él hubiera jugado con ella pero está prohibido llevar nombres, logos y números de tales dimensiones en las camisetas.

Que a Nadal no le gusta medirse a Nick se vio desde el juego inicial en el que cometió dos dobles faltas seguidas. Salvó esa primera situación problemática.

Lo que pasa es que Kyrgios va tan sobrado de talento que se dedica a hacer dejadas que no tocan y que difícilmente tienen un efecto positivo para él. Todos los intercambios de más de tres golpes terminaban con un tiro a la red del jugador local.

Su único argumento para mantener el marcador parejo era el servicio. Eso es muy poco para derrotar al mejor del planeta. La primera rotura de saque era cuestión de tiempo y llegó al cuarto juego.

Tiró un revés largo y fijo la mirada a su banquillo mientras aplaudía de manera sarcástica. No paró de increpar a su entrenador en todo el partido. El tanteo se había disparado hasta un cómodo 4-1 para el primer favorito del cuadro.

Nadal tomaría ventaja en el marcador y se marcharía después a los vestuarios. Aprovechó para mandar a encordar una raqueta, pero el recogepelotas cogió otra. Eso provocó que en su regreso a la pista tuviera que preparar una nueva arma.

En ese proceso, escuchó algunos silbidos de la grada por retrasar la reanudación. Rafa, a lo suyo, hizo oídos sordos. Kyrgios, al que se le notaba especialmente cansado por su anterior duelo de cuatro horas y 26 minutos con Karen Khachanov, supo lo que es mandar en el resultado en la continuación.

El campeón de 19 grandes, que no había concedido una pelota de ‘break’ en las dos rondas precedentes con Federico Delbonis y Pablo Carreño, vio como su rival se apoderaba de su saque en el cuarto asalto.

Los aficionados, silenciados al principio por la dominación de Nadal, empezaban a tomar partido hacia su jugador. Casi sin quererlo, Kyrgios firmaba las tablas. Desde la grada, una seguidora le gritó a Rafa un sonoro ‘te quiero’. Y Nick entró al trapo y le contestó a la joven: “Él está casado”.

La electricidad que le falta al tenista de Canberra en los primeros peloteos le había llegado de golpe. Rafa estaba en una situación nueva para él porque había perdido un set. Fallaba más de la cuenta con la derecha, su mejor arma.

Con tres iguales en el tercer set, el ‘aussie’ hizo la gracia de sacar por abajo. Estuvo cerca de costarle cara la broma. La tensión del duelo se notaba en el banquillo del número uno.

Kyrgios se quejaba de un juez de línea que no paraba de equivocarse. El árbitro empezó entonces a mofarse de la situación ante el enojo del tenista. A todo esto, el desenlace se fue a la muerte súbita. Fue entonces cuando Nick destrozó su raqueta al ceder momentáneamente el parcial por 3-1.

Los nervios estaban a flor de piel y se demostraba con dos dobles faltas seguidas, una por cada bando. La primera le daba a Nadal la primera pelota de manga. Luego la desaprovecharía. No fallaría con la segunda.

Ese fue el punto de inflexión del partido. El físico del local no daba para remontadas épicas. Rafa siempre ofrece un nivel medio mientras que su rival juega con picos. Aún así se reenganchó al duelo cuando ni él lo esperaba haciendo ‘break’ cuando restaba para la eliminación. Otra muerte súbita decidió el pase.

El líder de la ‘Armada’ está a un triunfo de asegurarse el cetro ATP a la conclusión del certamen con independencia de o que haga Novak Djokovic. Australia llora el adiós de su último representante en el cuadro masculino y deposita todas sus esperanzas en Ashley Barty.

/EduardoMéndez Garín