El gol del Chaco Insaurralde vale oro, bitcoins y cotiza más que una vacuna contra el Covid-19 por Avellaneda. El zaguero, de debut en Independiente, aplicó la dosis necesaria para el alivio que el Rojo reclamaba a gritos luego de un mercado de pases que no había generado entusiasmo y una incertidumbre que se había potenciado tras la derrota inicial ante Lanús.

Insaurralde se lleva el Maradona no sólo por el gol, de buena definición. También rechazó en defensa y hasta bloqueó un remate bravo al tirarse al piso. Esa actitud hay que valorarla en una situación como la que está Independiente, porque es lo que se requiere para estimular rebeldías cuando la falta de caudal técnico puede generar desazón.

Insaurralde festeja su gol (Télam).

Insaurralde festeja su gol (Télam).

Sumar subidas por las bandas (Asis y Togni fueron los que más se lanzaron) aportó salidas ofensivas. Aunque hubo poca eficacia y el equipo sufrió fundamentalmente la falta de un conector con los tres de arriba, Palacios, Romero y Menéndez. Sin dudas, pesó la baja de Alan Velasco (lesionado), aunque tampoco el pibe tendría que ponerse la mochila de desequilibrar en todos los partidos.

Otra realidad es una obviedad: el potencial individual siempre va a ser determinante del colectivo, y Pelusa posee pocos recursos: Hernández volvió a caer en la lentitud y más de una vez desaprovechó arranques, Palacios y Menéndez pueden tener algún avance interesante pero generalmente no la terminan bien, a Romero le falta agilidad y Mingo Blanco hace algunas buenas pero a veces peca de ingenuidad, como al querer tirar un centro con su marcador encima.

Entonces, más allá de la disposición táctica, porque con trabajo el DT podría exponer una defensa sólida de cuatro hombres para liberar un mediocampista, la realidad es que Independiente no tiene futbolistas con la precisión y habilidad como para que el hincha se entusiasme con un equipo candidato a pelear arriba.

Independiente ante Patronato en Paraná (Télam).

Independiente ante Patronato en Paraná (Télam).

Esto es claramente verificable con la prestación que dio ante Patronato. No sería creíble construir un optimismo vacío de contenido cuando el escenario señala que persisten puntos débiles en Independiente, algunos de los cuales no quedaron tan en evidencia por la fragilidad creativa del rival.

Dentro de esta realidad, se sostiene un correcto funcionamiento defensivo en cuanto a que no hubo descompensaciones en el fondo. Aunque ante futbolistas de mejor pie no alcanzará con cubrir los espacios y ahí sí Sosa va a tener que erigirse en salvador.

Al pobre Patrón en el primer tiempo se le lesionó Gudiño, el único que se animó a algo diferente. Gissi estuvo para despejar varias, y poco más en el local…

Falcioni, un técnico acostumbrado a arreglarse sin estrellas, desde su experiencia puede generar algo más.

Para Falcioni y compañía será una semana mucho más tranquila por el analgésico que aplicó el defensor llegado de Colo Colo, equipo en el que había perdido el puesto y que zafó del descenso en un desempate. Lo mejor que le puede pasar al Rojo es que la victoria resulte un punto de arranque para intentar un despegue. Porque el equipo tiene un techo para plantearse como objetivo, tampoco para ilusionarse mucho: debió sudar bastante para marcar la diferencia ante un adversario como Patronato, que ratificó su debilidad y su impotencia ofensiva, al punto que Sebastián Sosa jamás tuvo que revolcarse.

/Escrito por Juan Pablo Méndez para Olé de Buenos Aires