Los 20 minutos de retraso que sufrió el partido por los graves disturbios de un grupo reducido de barrabravas parecían afectar el tranco ganador de Universidad Católica. Los cruzados pagaban caro las desatenciones defensivas y la falta de contundencia, pero su patrulla juvenil puso las cosas en orden cuando el partido ya se iba para darle un nuevo triunfo a la UC en el torneo.

Ariel Holan, seguramente, no quedó contento con el desarrollo del partido. No por el funcionamiento de los suyos, que apenas se demoraron 15 minutos en transformarse en dominadores absolutos del primer tiempo, sino por las regalías que ofrecieron y que, en todo caso, O’Higgins supo aprovechar. Por suerte para el local, eso sí, aparecieron los formados en casa.

El partido fue uno en el primer tiempo y otro en el segundo. En el arranque, y empujada por Buonanotte, Aued, Puch y Lezcano, más el orden de Saavedra y la solidez de la zaga, la Católica se notaba muy cómoda, en medio de bombas humo y bengalas. Encima, la visita daba todas las facilidades para que así fuera. Por eso no extrañó la apertura de la cuenta en los pies de Puch, quien solo tuvo que fusilar al borde la línea una pelota que quedó dando botes.

El VAR, por un fuera de juego milimétrico, le anuló un gol pletórico al propio Edson, que se había sacado a Magalhaes con un enganche, a Acevedo con un túnel y a Cahais por velocidad. Lo gritó con todo, pero algunos minutos después la tecnología lo privó de uno de los tantos más lindos desde que volvió al país.

La Franja quedó con un hombre más a los 38’, cuando Cereceda se fue expulsado por una entrada muy a destiempo a Lezcano. Parecía que era la lápida para los celestes, pero no. Porque la UC los dejó crecer, regaló dos opciones de gol y porque la visita pegó cuando el partido así lo pedía.

Apenas iniciado el complemento Roberto Gutiérrez aprovechó el error en un despeje de Huerta para marcar el sorpresivo 1-1 y cumplir así con la ley del ex. Fue un golazo del Pájaro, que definió de primera con un remate soberbio.

La crecida de la visita la frenó por un instante Benjamín Kuscevic, el ayer capitán ante la lesión de Fuenzalida. El central cabeceó al palo más lejano de Batalla un tiro de esquina servido por Buonanotte y encauzó de nuevo el compromiso en favor de los suyos. Pero el recién ingresado Matías Meneses, a los 81’, marcó su primer gol como profesional y el 2-2 que parecía definitivo.

Esto, porque cuando el duelo ya se iba, en el segundo minuto de descuento, aparecieron Munder y Valencia, dos juveniles que entraron desde la banca para darle el triunfo a la Católica en San Carlos. Asistencia del primero y gol del segundo.

Triunfo épico de la UC, que quizás no mereció sufrir tanto. Lástima que la violencia de unos pocos empañó la merecida celebración cruzada.

/Eduardo Méndez Garín