Nos acompaña desde que tenemos uso de razón como especie y, de hecho, podemos contarlo gracias a su influjo. Al levantar la vista, es posible verlo con nuestros propios ojos: el Sol es necesario y cotidiano en nuestras vidas. Y, aún así, la estrella sobre la que orbita todo el Sistema Solar encierra muchísimos secretos que el hombre aún no ha conseguido desentrañar. Desde por qué su atmósfera está a millones de grados y su superficie «tan solo» a escasos 5.000; a cómo su complejo campo magnético cambia cada once años, siendo responsable de las temidas tormentas solares, esas que no podemos ver, pero sin duda podemos sentir.

«El Sol es una enorme bola de fuego que podemos ver a simple vista. Es el causante de nuestra existencia. Es nuestra estrella y la necesitamos pero, por otro lado, tiene secretos escondidos», explica para ABC Günther Hasinger, director de Ciencia de la Agencia Espacial Europea (ESA). Él mismo relata que, a veces, se producen unas impresionantes explosiones que disparan algo parecido a «chorros» de partículas energéticas al espacio. «Y, en ocasiones, esas partículas van en dirección a la Tierra y así es como experimentamos las tormentas solares».

Descargas eléctricas

A pesar de su nombre, las tormentas solares son totalmente diferentes a las que ocurren en la Tierra. La intensa actividad magnética del Sol provoca violentas erupciones de plasma que viajan por el espacio a increíbles velocidades. «La atmósfera solar está compuesta por unos gases que están totalmente ionizados por las altas temperaturas a las que están. ¿Qué significa eso? Que son perfectamente conductores de las corrientes eléctricas», afirma por su parte Javier Rodríguez-Pacheco, catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH) experto en astrofísica solar. «A veces hay descargas, que conocemos como tormentas solares. Pueden manifestarse como fulguraciones, como eyecciones coronales de masa o las dos a la vez; y esas manifestaciones pueden tener consecuencias sobre el entorno del Sistema Solar».

De forma natural, nuestro campo magnético nos protege de las tormentas solares. Así, las auroras boreales son la vistosa consecuencia de que este escudo se deforme al recibir el impacto de estas partículas energéticas. «Sin embargo, hay procesos que no conseguimos entender del todo», continúa Anik de Groof, científica de operaciones de instrumentos de la sonda Solar Orbiter de la ESA, que ha sido lanzada en la madrugada de este lunes precisamente con el objetivo de conocer un poco más sobre nuestra estrella madre.

«El problema es que aunque, podemos ver las cosas que ocurren en el Sol y también sentimos sus efectos en la Tierra, realmente no sabemos qué ocurre entre medias», señala.

Manchas sobre la superficie del Sol

Galileo fue el primero en observar unas manchas en la superficie de la estrella. Estos puntos en realidad señalan zonas en las que la temperatura de la superficie es más baja que en el resto del Sol y van cambiando en forma y número a lo largo del ciclo solar. «Cuando más tormentas solares hay es en el pico del ciclo; pero también en la fase descendente» explica Luis Sánchez, jefe de desarrollo de operaciones de Ciencia de Solar Orbiter (ESA). «Cuando cambias de ciclo, aunque haya muy pocas manchas, las nuevas tienen una polaridad inversa respecto al ciclo anterior, por lo que se puede ver muy bien si corresponde al nuevo o al antiguo».

Y todo esto tiene que ver con el campo magnético del Sol. «Cuando el campo magnético del Sol se mueve, puede lanzar energía muy rápido en forma de radiación, que llamamos ‘llamas solares’, o en forma de materia, lo que llamamos eyecciones de masa coronal», afirma al respecto De Groof.

Así, la radiación y el material viajan por todo el espacio a través del viento solar, que se acelera hasta velocidades increíbles que no pueden predecir nuestros modelos matemáticos. En palabras de Yannis Zouganelis, responsable Científico Adjunto Solar Orbiter (ESA): «Hay dos tipos de viento solar: uno que llamamos ‘lento’, pero que en realidad viaja a 400 kilómetros por segundo; y otro más rápido que alcanza los 800 kilómetros por segundo. Todas las teorías que tenemos en la actualidad pueden predecir velocidades de 200 o 300 kilómetros por segundo, como mucho 400, pero nunca 800 kilómetros por segundo».

Las consecuencias en la Tierra

Y la pregunta que sigue es: ¿influyen todos estos mecanismos en la vida en la Tierra? Sí, y de hecho ya hemos notado más de una vez sus efectos. A lo largo de la historia, las tormentas solares han dibujado auroras boreales en Madrid, interrumpido el telégrafo en Norteamérica y Europa y apagado Broadway durante horas.

La tormenta solar más potente jamás registrada se conoce como el evento Carrington, descubierto por Richard Carrington en 1859. El campo magnético terrestre se deformó por completo, permitiendo la entrada de una llamarada solar que provocó inmensas auroras boreales y cortes en la incipiente red de telégrafo transoceánica.

Pero, ¿podría volver a ocurrir un evento similar al de Carrington? Todos los expertos coinciden en que, si bien es un fenómeno poco habitual, sí podría volver a ocurrir. Y en un mundo tan dependiente de la tecnología, sus consecuencias serían mucho más graves. «Podrían caer los generadores eléctricos además de afectar gravemente a las comunicaciones y los satélites», explica De Groof. Para ello, muchos países han elaborado protocolos de actuación y toman medidas con respecto a sus naves en el espacio. Incluso la Estación Espacial Internacional tiene su propio modelo de actuación ante un evento de estas características.

«Todavía no podemos predecir las tormentas solares, pero cada vez podemos medirlas más y mejor. Ocurre algo similar con los terremotos, por lo que esperamos entenderlos cada vez mejor para poder predecirlos.

Misiones espaciales para comprender más allá

Y aquí entran misiones espaciales como Solar Orbiter, que además de mirar pro primera vez a los polos tomará muestras y datos necesarios para completar el puzle solar; cerca del Sol se encuentra Parker Solar Probe (de la NASA), la nave humana que más se ha acercado a nuestra estrella jamás; o el telescopio espacial Daniel K. Inouye, que entrará a trabajar a máxima potencia el próximo mes de junio pero que ya en pruebas está revelando imágenes increíbles de nuestro astro.

Entender a nuestra estrella nos permite descubrir cómo funcionan otras estrellas de la galaxia y anticipar qué consecuencias tendrá la actividad solar sobre el futuro de nuestro planeta. «Como especie inteligente que pretendemos ser tenemos que conocer cómo funciona el Sol, qué variaciones tiene, predecirlas y también anticiparnos a posibles influencias que nos afecten», sentencia Rodríguez Pacheco, quien es también investigador principal del EPD, un sensor que medirá cómo son las partículas energéticas que amenazan nuestro planeta y posibles misiones tripuladas a la Luna o Marte. Porque comprender el mecanismo de nuestra estrella es entender una pequeña gran parte de nuestro Universo.

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