Como se vio la semana pasada, críticas causó en el oficialismo la reunión del presidente de RN, Mario Desbordes, con los presidentes de los partidos de la Concertación para conversar sobre una agenda social, sin antes haberla tratado con sus socios de Chile Vamos.

Ante tales reprensiones, el cuestionado diputado entregó diversas declaraciones en la Tercera y en Biobío. Como era de esperarse, aquellas intervenciones fueron simplemente vergonzosas para un presidente de un partido que supuestamente milita en la centro-derecha, siendo uno de los pasajes más abyectos el que se compadece de “los cabros que se suman a la primera línea y que terminan pagando los platos rotos”.

A continuación analizaremos algunas de sus frases más destacadas, con el fin de comprender al personaje en cuestión, para luego presentar el problema político. Podría llamar nuestra atención el analfabetismo piafante de Desbordes al decir, recurrentemente, que en Chile el sistema de pensiones no es mixto, ignorando por completo una institución llamada “Pilar Solidario”, y el aporte estatal que estaba desde los inicios del sistema; pero aquello no sería lo más grave que ha dicho, por ahora.

Tal vez lo más siniestro que ha transparentado fue: “es fácil rechazar el diálogo cuando no se baja del barrio alto”. Esta frase nos dice algo que estaba implícito en su mentalidad, la noción que las ideas están determinadas por el nivel socioeconómico de los individuos, y no por el raciocinio de éstos; es decir, Desbordes echa mano a la vieja lucha de clases, típica del marxismo, para justificar su actuar.

La segunda consecuencia de esta declaración es que Desbordes cree tener un contacto directo con el pueblo, al igual que los caudillos de la izquierda: él es el único que baja del barrio alto y sabe lo que el pueblo quiere. Estas actitudes mesiánicas se ven a lo largo de toda su entrevista, en donde el resto que lo critica “no entiende la profundidad de la crisis”.

Otra de sus defensas es que va a negociar con la oposición. Ahora, entendamos que cuando hablamos de Mario Desbordes, no se puede hablar de negociación, porque ella supone entregar algo a cambio de otra cosa; en su caso podemos llamarla rendición o, a lo más, venta a cambio de unos aplausos de la oposición, quien es totalmente consciente del daño que el timonel de RN causa a su propio sector.

Prueba de esto es que Desbordes no ha obtenido nada importante del programa de gobierno, es más, su renuncia a las ideas que supuestamente defiende ha sido pública y notoria, ya ni sutilezas se ahorra.

Habiendo caracterizado al sujeto en cuestión podemos identificar el problema político: un dirigente totalmente contrario a las ideas que dice defender –a tal punto que se podría votar por el PS sin mayores diferencias prácticas, y muchos se ahorrarían que los tratasen de “fachos”– y que, en última instancia, desprecia a sus votantes y los motivos que los impulsaron a preferir a RN y a Piñera.

Pero la culpa, en últimos términos, no es del mismo Desbordes –ni siquiera de su nuevo siervo Javier Molina, presidente de la JRN, cuya presencia es prueba de la desesperación del diputado por buscar apoyos más vociferantes–, sino que de Renovación Nacional.

Todas las instituciones están siempre en riesgo de ser dirigidas por personas no aptas ni intelectual ni moralmente, pero es responsabilidad de ellas enmendar esos errores.

Por ello, cuando hay parlamentarios, autoridades y dirigentes en puestos claves (que poseen seguidores, contactos y medios para revertir esta situación), quienes han expresado su malestar, y que no hacen ninguna oposición significativa, se convierten en cómplices. Quizás uno de los temores de muchos de estos dirigentes es volver a tener una escisión como la de Amplitud. Obviamente estos riesgos siempre están, pero es difícil que otros proyectos políticos que consisten en la renuncia de los principios lleguen a buen puerto, ya que no aportan ninguna propuesta diferente a los electores.

Es cosa de ver el destino de la misma Lily Pérez, que ahora se dedica a hablar de fantasmas en los matinales, entendiendo su condición de cadáver político; y hemos de esperar que no tenga una aparición como zombie-político, a pesar que los periodistas se esfuercen en ello.

No sirve de nada que existan parlamentarios que por la prensa enfrentan a la izquierda, si éstos no son capaces de tomar riesgos y hacerle una verdadera oposición a quien hoy dirige de manera tan infame el partido con la bancada más grande. En política a veces hay que tomar riesgos y sufrir los costos, sin embargo no son esos actos heroicos los que hemos presenciados, ni los que vayamos a observar; es probable que sean los votantes quienes recuerden esto en las urnas y ya no habrá Desbordes que culpar.

Javier Rozas Godoy/gap