El intendente de Santiago ha dicho que el Gobierno, en plural, está por una nueva Constitución. Esto es lamentable, sobre todo viniendo de una autoridad que acaba de salvarse de ser destituida gracias a que la Constitución vigente mantiene una cierta contención para que lo político, en su expresión menos noble, termine de tragarse la vida nacional.

Uno de los pocos factores que nos pueden permitir salir de la huesera es la subsistencia de un gobierno cuyo eje es el Presidente, apoyado por los partidos que lo eligieron. El Gobierno, para recuperar fuerzas, debe convencer a sus propios partidarios de que todavía cabe una acción inteligente.

Manifestarse por la derogación de la Constitución ofende directamente a la UDI, a una mayoría aplastante de RN, y a otros grupos que apoyan, por lo general lealmente, al Gobierno y a sus autoridades cuando son cuestionadas. Impulsar la derogación debilita al Gobierno, que se está esforzando para sacar adelante la preterida agenda social. Solo así, con un gobierno algo reforzado y con resultados tangibles que mostrar, podemos enfrentar el plebiscito de abril. De paso me pregunto: ¿Querría el intendente repuesto ser candidato a la convención constituyente junto con el resto de los ministros y parlamentarios de su misma idea, si acaso el voto por la derogación es 70-30? Lo dudo, pero sería consecuente con la idea de democracia plebiscitaria por la que están apostando.

Escrito por Carlos Larraín P. para El Mercurio

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