Allan Brewer-Carías logró sobrevivir a la aplanadora electoral con la que Hugo Chávez se hizo con el control de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en Venezuela en 1999.

Sin ser un aguerrido político de oposición sino más bien un estudioso del Derecho cuyo trabajo de décadas le había ganado el reconocimiento público, Brewer fue uno de los pocos que resultaron electos como miembros de la Constituyente sin tener el apoyo e, incluso, contrariando abiertamente las propuestas de Chávez.

El entonces recién electo mandatario, en su carácter de convocante de la ANC, impuso un método de elección que favoreció ampliamente al oficialismo que, con 66% de los votos, logró obtener 121 de los 128 de los escaños. De los 7 restantes solamente dos fueron ganados por candidatos independientes, uno de los cuales fue Brewer.

Este profesor emérito de la Universidad Central de Venezuela cuenta con una obra extensa que abarca la publicación de más de 200 libros y 1.200 artículos académicos, según se recoge en su biografía “Allan Brewer-Carías. Una vida”, escrita por el periodista y editor Sergio Dahbar.

Brewer fue presidente de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela y ha sido reconocido como miembro honorario por academias de numerosos países de Iberoamérica, además de haber sido vicepresidente de la Junta Directiva del Instituto Interamericano de Derechos Humanos y profesor visitante de las universidades de Cambridge y de Columbia.

Allan Brewer-CaríasDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES

Image captionAllan Brewer-Carías es profesor emérito de la Universidad Central de Venezuela pero vive en el exilio desde 2005.

Fue catalogado como “uno de los juristas más destacados de las Américas” por Claudio Grossman, profesor emérito de Facultad de Derecho de la American University en Washington D.C. y miembro de la Comisión de Derecho Internacional de la ONU.

Desde Nueva York, donde vive exiliado desde 2005 tras la apertura de un juicio en su contra por su supuesta vinculación con el breve derrocamiento de Chávez en abril de 2002, Allan Brewer-Carías habló con BBC Mundo sobre el populismo constitucional, tema que abordó durante el HAY Festival que se realizó en Cartagena entre el 30 de enero y el 2 de febrero.

Aquí una versión resumida de la conversación.

Línea

Usted ha dicho que la Constitución es la primera víctima de los populismos. ¿A qué se refiere?

A que los populismos manipulan la Constitución. El populismo es una estrategia política para llegar al poder y para permanecer en él.

Los movimientos populistas, al menos en el mundo reciente y en América Latina, han llegado al poder a costa de la Constitución: convocando asambleas constituyentes, pretendiendo ir a la voluntad popular directamente en contra de las constituciones y luego aprobando cartas magnas que han establecido mecanismos que debilitan los elementos fundamentales de una Constitución.

Estos movimientos populistas al llegar al gobierno eliminan el principio de la separación de poderes y convierten al Tribunal Supremo en un instrumento a su servicio, sin que pueda haber realmente control entre las instituciones.

Los derechos empiezan a ser reconocidos solo para un grupo y usan el sistema legal para perseguir a los otros, que quedan excluidos y a los que generalmente consideran como un enemigo al que hay que eliminar, porque los movimientos populistas son generalmente maniqueos.

Además, cierran los medios de comunicación privados y acaparan los públicos. Prohíben y restringen las ONG. Crean movimientos sociales fieles. Utilizan mecanismos previstos en la Constitución para destruir las bases democráticas de la propia Carta Magna.

Isaías Rodríguez, Luis Miquilena y Aristóbulo Istúriz.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES

Image captionEl sistema electoral para escoger a los miembros de la Constituyente en Venezuela en 1999, permitió al chavismo lograr con 66% de los votos 121 de los 128 escaños.

La Constitución es la primera víctima porque deja de ser la norma suprema y cesa como la fuente de los derechos, que son manipulados por los populistas. De ahí que se pueda hablar de ese populismo constitucional, que es la deformación de la Constitución por estos movimientos populistas que hemos tenido en América Latina en las últimas décadas.

Usted dice que esta toma del poder por parte de los populismos se hace a través de procesos constituyentes. Entonces, ¿considera negativos los procesos constituyentes o no?

Depende de cómo se los convoque. Usted tiene un caso de una Constituyente convocada sobre la base de un acuerdo político de todas las fuerzas, como fue la de Colombia en 1991, que fue importantísima porque redefinió el proceso político en ese país.

En cambio, en las otras experiencias que tuvimos se forzó el proceso. Apelando a la representación popular se rompió el principio de la supremacía constitucional, como fue en el caso de Venezuela en 1999.

Allí se hizo una convocatoria contra la Constitución sin ningún tipo de consenso político y con un mecanismo electoral que provocó que la Constituyente, en lugar de ser un mecanismo para conciliar y establecer por consenso un nuevo sistema político, fue una institución manejada en el 99% por los seguidores de Chávez, que impusieron una sola voluntad.

Ese esquema se repitió luego en Ecuador y en Bolivia. En estos tres casos ocurrió mediante la influencia que tuvieron unos profesores españoles que fueron a vender la idea de lo que han llamado el nuevo constitucionalismo que justamente plantea hacer prevalecer la soberanía popular sobre la supremacía constitucional. La Constitución en ese esquema pierde importancia y valor.

Pero quienes impulsaron esas constituyentes en Venezuela, Bolivia y Ecuador defienden que sirvieron para establecer nuevos mecanismos de participación política y para ampliar los derechos sociales. ¿Eso no quedó plasmado en las constituciones?

Por supuesto: verbalmente. Si uno lee la Constitución venezolana, es casi imposible encontrar otra que utilice tantas veces la palabra participación.

En Venezuela, el gobierno distribuye las polémicas cajas de alimentos subsidiados CLAP a través de comités locales.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES

Image captionEn Venezuela, el gobierno distribuye las polémicas cajas de alimentos subsidiados CLAP a través de comités locales.

Pero se confunde la movilización con la participación. Participación se previó expresamente en dos casos, uno de ellos es la escogencia de las altas autoridades no electas directamente como el Poder Electoral, el Poder Judicial y el Poder Ciudadano.

Allí se previó que sólo la sociedad civil a través de un comité pueda postular candidatos a estos altos cargos para ser electos por el Congreso en segundo grado.

Sin embargo, ese mecanismo fue violado desde el mismo momento en que se aprobó la Constitución y esos comités se convirtieron en comisiones parlamentarias que, en la práctica, eliminaron la participación popular.

Otro caso de participación popular directa fue el de consultas populares de las leyes antes de ser sancionadas. Esto no se cumplió en ninguna forma.

Toda la legislación básica la dictó el Ejecutivo mediante decretos leyes y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), totalmente controlado por el poder, interpretó que la participación que se preveía en la Constitución era solo para dar opinión sobre las leyes aprobadas por la Asamblea y no para las aprobadas mediante delegación del Legislativo, con lo cual es un fraude a la Constitución.

El propio TSJ, en otra sentencia, dijo que bastaba con publicar la ley en alguna web del proyecto para que se interpretara como que hubo participación.

Para que haya participación popular en cualquier democracia tiene que haber descentralización porque sólo se puede participar básicamente en el nivel local, porque la participación se puede producir cuando se tiene el poder cerca.

Estos regímenes también crearon supuestos mecanismos de participación que son los consejos comunales, los cuales están controlados por el poder central porque existen si son registrados en el ministerio respectivo y son controlados y financiados por el Ejecutivo, con lo cual son apéndices del partido de gobierno.

Participación son elecciones libres, poder dar una opinión que sirva para una decisión en un ente local o, por ejemplo, en esos comités de postulaciones, cuando la sociedad civil pueda participar.

En Venezuela, el chavismo habla de parlamentarismo de calle como un mecanismo para acercar el poder a la gente.

¿Y quién cree en el parlamentarismo de calle?, ¿quién se cree que eso pueda ser realmente un mecanismo que haya funcionado para dar origen a leyes?

Las leyes se han elaborado todas secretamente, porque el 98% de las leyes en Venezuela fueron dictadas por el Poder Ejecutivo a través de delegación legislativa y esas leyes nunca se consultaron en forma alguna. De manera que no se puede confundir el lenguaje político populista con realidades constitucionales.

Usted fue miembro de la Asamblea Constituyente en Venezuela, aunque se opuso originalmente a su convocatoria. ¿No considera que la crisis política que vivía ese país justificaba el cambio en la Carta Magna?

La Constitución no es la culpable de que no funcione un gobierno. En Venezuela los culpables de la crisis fueron los partidos políticos, que no entendieron cuál había sido el resultado de lo que habían creado. Durante 40 años en Venezuela funcionó un régimen democrático que en un momento determinado fue incluso la envidia de América Latina.

Pero los partidos políticos que acapararon el poder desde 1960 e implantaron la democracia en el que era el país con menos tradición democrática en América Latina, no se dieron cuenta de que la democracia, como cualquier planta, requiere ser abonada, fumigada, podaba y regada para que crezca.

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